1 sept. 2009

Amor prohibido

Titulo: Amor prohibido
Autora: Carla_anyo
Extencion: Oneshot
Parejas: YunJae








Siempre estuvimos juntos, crecimos como hermanos bajo el mismo techo, pasamos la mayor parte de nuestra niñez unidos jugando y sonriendo, en la Inglaterra de 1800, donde nuestros padres decidieron asentarse a vivir, nos amábamos incondicionalmente, lo éramos todo el uno para el otro, un apoyo incondicional.

Todo cambió de la noche a la mañana, fue tan repentino, sin previo aviso, jamás lo vi venir, nuestro amor fraternal se transformó, creció con los años, se convirtió en un secreto que protegimos con nuestras vidas, es un amor diferente, un amor prohibido.

La verdad es que hoy entiendo que nuestro amor es imposible, por lo menos, no aquí y ahora, no en esta época, donde dos hombres no se pueden amar libremente de una manera distinta, todos están repletos de prejuicios, en especial nuestra familia, la culpable de toda nuestra desgracia.

Me siento en el borde de la cama a reflexionar sobre aquellos años, aquellos en los que lo tuve a mi lado, también en los que nos amamos sin límites, entregándonos a nuestros instintos, nuestra pasión, sin saber si estaba bien o mal lo que hacíamos, sin prestarle mayor atención a la moral y las buenas costumbres que se nos había enseñado.

Todo esto me afecta de sobremanera, en especial hoy 26 de enero de 1857, el día de mi cumpleaños número veinticinco, el día en que se marcan ocho años sin verlo, sin saber de él. La celebración de mi cumpleaños me ha traído tanto buenos como malos momentos, buenos ya que en este día descubrí mis verdaderos sentimientos y disfruté diecisiete años celebrándolo a su lado, malos luego de su partida. La verdad es que al irse se llevo consigo la mitad de mi alma, mis ganas de seguir viviendo, de salir adelante, él lo era y lo es todo para mi, nunca podré olvidarlo, solo podré engañarme a mi mismo, pensar que no existe que fue solo un engaño de mi mente, un truco de la vida.

Si tan solo pudiese regresar a aquellos años de infancia y adolescencia, lo daría todo por vivir con algo mas que solo recuerdos de nuestro tiempo juntos, deseo con todas mis fuerzas el poder verlo una vez más, solo una vez en lo que me resta de vida, comprobar que se encuentra bien y a salvo, que vive felizmente aunque sea lejos de mí, ver que alguien lo ama como se lo merece.

Luego de mi cumpleaños numero diecisiete, aquel en que nos separaron, me he preguntado muchas veces que de si poder retroceder el tiempo, ¿seguiría tomando las mismas decisiones?, o tal vez ¿haría todo lo contrario?. La realidad es que no cambiaría nada, solo el final de nuestra relación, desearía haberme escapado con él a un lugar lejano, uno donde el odio y desprecio de nuestros parientes no nos alcanzara ni amenazara con separarnos.

Me levanto lentamente y con pesar, camino sin saber hacía donde dentro de mi habitación, no puedo sacar de mi mente su imagen, lo siento en cada rincón de el cuarto, a pesar de los años aun siento su aroma. Sigo envuelto en su esencia, hasta que una voz y un molesto golpeteo interrumpen mi momento de reflexión.



- Joven JaeJoong – es el mayordomo quien toca la puerta de mi habitación. – Está todo listo para la ceremonia – sigue golpeando al no obtener respuesta.

Me detengo frente al espejo, a observar detenidamente el reflejo de aquel hombre desconocido en el que me he convertido.

- Este no soy yo – susurro apretando mis manos en forma de puños. – Esta es solo la sombra de quien fui -.

Recorro con la mirada poco a poco el reflejo de mi rostro, casi puedo ver en el espejo el reflejo de sus manos acariciándome por completo, como aquellas veces que pudimos estar juntos sin importarnos nada ni nadie.

- Señor JaeJoong – vuelve a pronunciar mi nombre desde el otro lado de la puerta, esta vez con mas urgencia. – Su padre está impaciente -.

- ¡Ya voy! – sentencio con tono autoritario.

Si tan solo…si tan solo fueras tú en lugar de ella, todo sería tan distinto, un día como este sería tan feliz y digno de celebrar…no quiero salir por esa puerta, no quiero hacerlo, no quiero arruinarle la vida a aquella muchacha que no tiene culpa alguna, pero este maldito compromiso que tiene mi padre con su familia, nos obliga a unirnos en matrimonio…hoy, justo hoy. El día de mi cumpleaños, en él encuentro los más hermosos recuerdos de nuestro tiempo juntos al igual que lo más dolorosos luego de nuestra separación.

Miro por última vez mi reflejo, me doy asco, me gustaría poder ser más fuerte y valiente, haber luchado por lo nuestro como tú lo intentaste a pesar de saber que no lograrías nada, haber enfrentado con valor las amenazas de mi padre, pero ¿Cómo hacerlo sabiendo que el único perjudicado serías tú?.

Rápidamente me volteo y salgo por aquella puerta, me encuentro con aquel anciano que nos cuidaba desde pequeños, al mayordomo la única persona que nunca nos juzgó, lo saludo con un gesto, no tengo ánimos para hablar con nadie, solo haré lo que tenga que hacer…me casaré con una mujer que no amo. Bajo las escaleras lentamente, apoyando mi mano en el respaldo de éstas, me detengo al recordar como jugábamos cuando pequeños en este mismo lugar… La voz ansiosa de mi padre me trae de vuelta a la inmunda realidad.

- Jae! ¿Qué esperas?, se supone que tienes que llegar antes que la novia – me regaña, esperándome apoyado en el umbral de la puerta.

Llego a su lado a regañadientes, éste me sonríe…ha ganado la batalla, me volteo en un último intento de verle, aunque sea solo mi imaginación, lo busco entre los rincones de la casa con la mirada.

- ¿Nostalgia hijo? – pregunta mi padre con evidente ironía.

- No padre, no sabes lo feliz que me hace el no tener que convivir bajo un mismo techo contigo – le sonrío con la misma ironía y sarcasmo utilizados por él segundos atrás.

- Di lo que quieras mocoso, al fin y al cabo a mi también me alivia el no tener que convivir con un desviado – me devuelve la sonrisa de una manera fría y distante.

Sus palabras no me hieren, las he oído tantas veces y de tantas formas que ya no significan nada para mi, sin malgastar mi tiempo en discusiones me subo a la elegante carroza adornada con flores y lazos blancos, mi padre sigue mis pasos, se sienta frente a mí, sin mirarme a los ojos en ningún momento, de verdad me debe tener asco.

Comienzo a caer en cuenta de mi situación, dentro de pocos minutos estaré en la iglesia, esperando a la novia, comenzaré una vida nueva…me veré obligado a abandonar todas las esperanzas inútiles que guardé y protegí en mi interior por estos años…la ilusión idiota de volver a verlo, besarlo y tenerlo entre mis brazos…daría lo que fuera por volver a tenerlo a mi lado, aunque fuera solo por un segundo.

Miro las calles de piedra de la ciudad, mientras mi mente vuelve a vagar en memorias nuestras, en aquel día en que todo cambio cuando teníamos 15 años, esta vez mas vívidas…es como si estuviera volviendo a pasar, talvez sea porque este es nuestro verdadero….Adiós.

Habíamos pasado toda nuestra infancia juntos, cada día de nuestras vidas haciendo de las nuestras. Sus padres murieron en un accidente, cuando él era aun un bebé. Mi padre, hermano de la madre de Yunho, lo tomó bajo su protección, solo con el claro interés de la fortuna que heredaría algún día. Crecimos tan apegados el uno al otro que parecíamos verdaderos hermanos…todo cambió tan drásticamente, teníamos 15 años nuestro amor fraternal se transformó en algo mas, un juego peligroso, una atracción diferente, en un amor prohibido.

~ Flash Back ~

- Yunnie ~ ~ - exclamé su nombre para luego abalanzarme sobre su espalda.

- Aunque no lo parezca pesas ¿sabes? - me contestó un tanto irritado, le molestaba que siempre me tirara sobre él.

- Lo siento, pero te traigo una noticia importante – sonreí bajándome de su espalda.

- ¿Cuál sería esa noticia? – por fin se volteaba a verme, se sentó en una de las sillas de la sala, lo interrumpía una vez mas en su lectura, pero su paciencia conmigo era increíble.

- Acaba de llegar un mensajero confirmando la asistencia de Patrick a mi fiesta – comenté con el entusiasmo saliendo de mis poros.

- Ahh ese tipo, ¿Cuántas veces te he dicho que no te acerques a él? – Yunho me miraba extraño, en ese entonces no lograba comprender su enojo.

- Es mi amigo – puse la típica cara de berrinche con la que siempre lograba vencerlo.

- Créeme Jae, él te quiere para algo más que amigos, recuerda que la primera vez que te vio pensó que eras mujer – recuerdo apenas el dulce sonido de sus carcajadas, luego de comentar lo anterior.

-¡No es cierto!, somos hombres y solo somos amigos – mi enfado se hacía evidente, aunque sabía perfectamente que eso era lo que buscaba lograr con sus palabras.

- Claro uno de ustedes parece hombre, porque el otro… - me miró de pies a cabezas estudiando mi aspecto. – Dejémoslo en que del otro se duda su sexualidad – volvió a fijar su mirada en las páginas de aquel libro que leía, dejándome de lado, tenía razón siempre me habían confundido con una mujer especialmente a esa edad

Odiaba cuando hacía eso, estaba tan acostumbrado a ser el centro de atención de Yunho que cada vez que ponía su atención en otra cosa no podía dejarlo en paz hasta que se fijara en mí nuevamente, no pude aguantar su indiferencia, me senté sobre sus piernas rodeando su cuello con uno de mis brazos, apoyando mi rostro en su cabeza, fijando la mirada en aquel libro maldito que me quitaba a mi Yunnie.

- Yunho ~ ~ - mencionaba su nombre en un tono completamente meloso, imitando a un niño pequeño con berrinche.

- Dime Jaejoong – su voz seria como de costumbre, me sorprende el recordarla a la perfección.

- Acompáñame hoy ¿si? – le supliqué como siempre, sabiendo que la victoria sería mía.

- está bien bella damisela seré su acompañante esta noche – volteó a verme, sonriéndo sabiendo que eso me enojaría.

- Como quieras, no tienes porque ser tan antipático, puedo pedirle a alguien mas que me acompañe esta noche, podría se Patrick ya que como tu bien sabes a él si le importo – me levanté enfurecido de su regazo, saliendo de la sala.

Solo pude oír el sonido de una de sus carcajada, ya que ni siquiera volteé a verle, me había hecho enojar más que otras veces, siempre me molestaban con respecto a mi apariencia, desde pequeño me confundían pensando que era una niña, todas las personas que se me acercaban se llevaban la sorpresa del siglo al oír mi voz y descubrir que no era lo que pensaban, muchas veces se me acercaron muchachos en fiestas pidiéndome una pieza de baile, yo solo los miraba extrañado pensando “¿Qué acaso no se dan cuenta que visto prendas de hombre?”, este asunto ya había colmado mi paciencia en especial de parte de Yunho, frente a él no quería parecer un afeminado, no quería que pensara mal de mí…ya que siempre fue y será la persona mas importante en mi vida.

Pasé el resto del día encerrado en mi cuarto, enfadado y sin ganas de hacer nada, recostado sobre la cama mirando el cielo raso, era hermoso, pinturas celestiales imitando a las obras de la capilla Sixtina. Mi tranquilidad se vio interrumpida por una de las sirvientas de la mansión quien golpeaba a la puerta como si se tratase del fin del mundo.

- Joven Jaejoong… ¡joven! – aquel sonido martillaba en mi cabeza.

- Adelante – le indiqué a la joven, no tenía porque descargar mi rabia en ella, así que me levanté de la cama acomodando mi ropa.

- Disculpe joven… - aquella niña unos pocos años mayor que yo, desviaba la mirada, se sentía inferior. Que injusticias tiene el mundo, ambos somos seres humanos nos encontrábamos en la misma habitación pero vivíamos realidades completamente diferentes. – Aquí le traigo las ropas para la festividad de esta noche – la pobre muchacha me acercaba las ropas bajando la cabeza para no verme a los ojos.

- Muchas gracias Rosalie - sabía su nombre, después de todo habíamos crecido bajo el mismo techo.

Recibí aquellas ropas y me las coloqué de inmediato, miraba mi reflejo en el espejo aquellas prendas traídas de Francia me hacían lucir un poco mayor, cumplía quince años aquel día, estaba feliz ya que pensaba que me convertía en todo un adulto eso reflejaba perfectamente mi inmadurez. Terminaba de atar el corbatín, acercándome a la cama, dejando de mirar aquel espejo, cuando de pronto oí como alguien abría la puerta de mi cuarto, no volteé porque asumí de inmediato que seria Yunho, él era la única persona que entraba sin tocar, alcancé a recordar que estaba enfadado con él, así que hice como si no hubiese escuchado nada, seguí arreglando mi traje. Podía oír perfectamente sus paso tras de mí, pensaba “tal vez no le bastase con reírse de mi, ahora también quiere asustarme”, aún así seguí ignorándole, hasta que sentí unas manos posarse suavemente en mis caderas, estaba a mis espaldas, me impresionó ya que él nunca hacía cosas como esta, era más bien yo quien lo abrazaba siempre, “quizás solo es su forma de disculparse” pensé en aquel instante, pero al sentir como me atraía hacia su cuerpo apegándome a él de una manera que nunca antes había intentado entré en pánico.

- Yu…Yunho ¿Qué haces? – pregunte extrañado por su comportamiento.

- ¿Yunho?, siento decepcionarte mi querido JaeJoong – reconocí de inmediato la voz altanera de Patrick, aún así no entendía por que se comportaba de esa forma.

En ese entonces no me podía explicar porque al pensar que era Yunho quien me sostenía, la idea de sentirlo tan cerca no me desagradaba en lo absoluto pero al momento de enterarme de que no era él, sentí un deseo inexplicable de que aquella persona me soltase.

- Patrick… - me volteé viéndole de frente. – Que bueno que hayas podido asistir, pensé que estarías ocupado, me dijeron que estabas de viaje – traté de cambiar el tema, sujetando las manos que mantenía en mis caderas, logrando que me soltase.

- Era lo mínimo que podía hacer, es el día de tu cumpleaños, eres mi mejor amigo es mi deber asistir y acompañarte toda la noche – sonreía de tal manera que logró el mismo efecto en mí, me encantaba ver sus ojos tan celestes como el cielo, sus cabellos rubios y su tez aún mas blanca que la mía.

-…Gracias – respondí un tanto avergonzado debido a sus cercanías y sus palabras.

Sujetó mis caderas nuevamente, acercándome a él con calma, casi disfrutando de mis reacciones, en ese entonces era un tanto inocente para no decir idiota, ya que aún no entendía su actitud.

- Jae, cierra tus ojos te daré mi regalo – me sonreía suplicándome con los ojos un si.

- Ehh…pero, es muy pronto, déjalo en el recibidor – traté de librarme de su agarre, por algún motivo me sentía incómodo.

- Quiero dártelo ahora, me lo traje desde Alemania, deja que te lo entregue ¿si? – me rogaba con tanta insistencia, amenazando con ponerse a llorar si no lo complacía.

- Esta bien...ya dámelo – lo miré con intriga, “¿que puede ser tan genial como para no poder aguantar?, se supone que yo debería ser el emocionado” pensé, extendí mi mano esperando el famoso presente.

- No no no, sin trampas, cierra tus ojos – me miraba con desapruebo.

- Esta bien como sea... – cerré mis ojos estirando las manos.

No se porque fui tan tonto como para caer en una trampa tan obvia, pero solo tenía 15 años, y no tenía experiencia en asuntos amorosos, mucho menos entre hombres, ni siquiera la simple idea de que dos chicos pudiesen amarse más allá de una amistad había cruzado por mi mente, es por eso que en cuanto sentí como me sujetaba de la nuca y me acercaba a él, estaba desconcertado, ni siquiera me dio tiempo de abrir los ojos, le tomó menos de dos segundos el besar mis labios, me encontraba completamente sorprendido, de inmediato resonaron en mi cabeza las palabras de Yunnie “No te acerques a él”. Traté de alejarlo en el momento en que tomé conciencia de lo que sucedía, lo empujaba con todas mis fuerzas, pero mientras mas intentaba liberarme con mas fuerza me sujetaba entre sus brazos, me rodeaba por la cintura mientras ejercía presión sobre mi nuca dejándome sin escapatoria, trataba de abrirse paso entre mis labios pero no se lo permitía, hasta que me azotó contra la pared, logrando de mi parte un quejido de dolor, el cual aprovechó para apoderarse de mi boca, no dejé de luchar lo golpeé con todas mis fuerzas, pero creo que me tenía ventaja, a sus 18 años ya tenia un cuerpo bien formado y musculoso. Todo empezó a quebrantarse dentro de mí cuando sentí como bajaba su mano por mis caderas, sujetando mi entrepierna.

- N….no…no – lograba decir a penas entre aquel forzado beso.

Me ignoraba por completo, es más comenzó a desabrochar mi pantalón, en ese momento creí que perdería la conciencia, fue entonces cuando oí un golpe en seco, Patrick al parecer me había soltado, aún así en ningún momento abrí los ojos por el miedo que me envolvía y me mantenía inmóvil. Sentí la presión de unas manos sobre mis muñecas, de inmediato me solté, sin atreverme a ver de quien se trataba, lo empujé y traté de salí corriendo de mi habitación sin mirar atrás, corriendo hacía el cuarto de la única persona que quería ver en esos momentos, pero aquellas manos me detuvieron una vez más…yo solo, solo quería verle a él, llamarlo que viniera rescatarme.

- ¡Déjame! Por favor, te lo suplico ¡no me hagas nada! – gritaba descontrolado entre sollozos.

Aquellas manos me atrajeron y fui acogido en un cálido abrazo, me sentí tan tranquilo, tan cómodo que dudaba que se tratase de Patrick, puede sonar estúpido ahora pero no podía abrir los ojos, tenía miedo mucho miedo, después de todo seguía siendo un niño mimado.

- JaeJoong, mi Jae… - al oír su voz mis ojos húmedos debido a aquellas gotas salinas, se abrieron de par en par, enfocándose solamente en su rostro. – Mi amor, mi niño, ese imbécil no te volverá a hacer daño te lo juro, discúlpame por no estar a tu lado – esperaba no estar soñando y que ese realmente fuera Yunho, recuerdo con tanta nitidez aquel abrazo, aquellas palabras que lo iniciaron todo “mi amor”, no noté el verdadero significado de estas hasta estar calmado.

Recuerdo la tranquilidad y felicidad que se hicieron presentes en mí al oír su voz, al notar que había llegado a mi rescate, al saberme a salvo entre sus brazos y los besos que repartía por todo mi rostro.

- ¿P...patrick? – pregunté un tanto consternado, si bien lo que me hizo fue horrible no le deseaba nada malo, mucho menos que culparan a Yunho de algo y solo por defenderme.

- Ahí está - señalaba el piso de la habitación, donde se encontraba tirado ese idiota, desmayado por el golpe. - ¿te preocupa?... no me digas Jae que tu… ¿te gusta? – levantó mi rostro poniendo suavemente sus dedos sobre mi barbilla, logrando que lo mirara fijamente.

- Yo… - desvié la mirada al instante, corriendo también el rostro.

La verdad Patrick me importaba un bledo, pero no pude evitar sonrojarme al notar que tenia a Yunho tan cerca a mi, al sentir su cuerpo pegado al mío, su brazo rodeándome por la cintura posándose en lo bajo de mi espalda, su mano en mi rostro y su mirada penetrando la mía…tuve que dejar de verle, porque lo que me provocaba era comerle la boca a besos pensaba cosas como “quiero besarlo, quiero sentirlo recorrer mi cuerpo...si tan solo en vez de Patrick hubiese sido él” al notar lo que mi mente comenzaba a maquinar, me preocupé…no era normal verlo de esa forma él…él era como un hermano y se supone que a los hermanos se los ama pero no de esa forma, yo lo…lo deseaba.

- Te gusta…¿Cierto? – su mano bajó hasta sujetar fuertemente la mía.

No podía responder por temor a que notara mi nerviosismo, mi sonrojo, pero lo que mas me atemorizaba era que se diera cuenta de que esas nuevas emociones las generaba él…prefería mil veces que pensara que me gustaba alguien más…así que no respondí. Creo que esto lo irritó, pues comenzó a arrastrarme fuera de la habitación, a través del elegante y amplio pasillo del segundo piso, hasta llegar a su cuarto, me metió en el cerrando la puerta a sus espaldas. Tan solo guardé silencio, estaba demasiado confundido, no sabía como reaccionar ni como actuar a su alrededor, la comodidad que solía sentir estando junto a él, se desvaneció en apenas un instante, al oírle decir mi amor, al sentirlo de esa forma…ahora que lo recuerdo me dan ganas de reír, trataba de negar algo inevitable, negar mi atracción hacia Yunho, mi amor por él. Yunho tampoco emitió palabra alguna, solo me miraba de vez en cuando, logrando que la incomodidad aumentara, me senté sobre su amplia cama fijando la mirada en la alfombra que cubría el piso. Cuando se sentó a mi lado rozando tan solo un poco nuestros brazos, una corriente eléctrica azotó todos mis músculos, estaba paralizado “¿Cómo puede nuestra relación cambiar así…por lo sucedido en un par de minutos?”, peor aún mi mente no catalogaba el hecho de que Yunho fuese también un chico.

- Jae… Dime, dime que no te gusta ese idiota – colocó una de sus manos en mi pierna.

Por dios ¿que acaso quería matarme de un ataque cardiaco?, mi corazón ya no tenía ritmo alguno, latía rápidamente, peor aún cuando comenzó a mover su mano, quería cortársela en ese mismo instante por todas las cosas que me hacía sentir, deseaba que subiera un poco mas, que me tocara donde lo había intentado aquel idiota, mordía mis labios tratando de retener imágenes de nosotros dos acariciándonos y besándonos con pasión.

- No…no me gusta – aclaraba mientras quitaba su mano de mi pierna y me ponía de pie. – Además ¿eres idiota o que? él es hombre, es un completo degenerado, es asqueroso – podría decir que en ese entonces no hablaba de Patrick si no de mi mismo, de las cosas que comenzaba a sentir y a negar a la vez.

- Ya veo te… parece asqueroso… - se levantó, sus ojos se notaban tan llenos de tristeza, que por un instante quise abrazarlo como de costumbre, pero no podía, ya todo había cambiado. – A mi, me parece que el amor es amor, sin importar el género de la persona…solo sucede – su voz sonaba nostálgica es como si imitara mis pasos y hablara de si mismo, pero era imposible o eso era lo que pensaba en aquel entonces.

- Olvidemos esto, yo debo ir a mi fiesta, papá me espera – aclaré seriamente, casi huyendo de aquella habitación, dejándolo atrás.

~ Fin del Flash back ~


El salto inesperado de la carroza me hizo volver a la realidad, debimos haber pasado sobre alguna piedra suelta o algo por el estilo, se oyen los relinches de los caballos al obligarlos a detenerse, creo que una de las ruedas se ha roto. Ver el rostro de enfado de mi padre es el mejor obsequio de bodas que podría haber pedido, nada se le compara, se baja de la cabina enfurecido gritando maldiciones a diestra y siniestra.

Ni siquiera intento poner un pie fuera de la carroza, me quedo sentado mirando por la ventana hacía el exterior, pensando en aquellos momentos y lo vívidos que aún se encuentran en mi memoria, en los deseos que tengo por volver verle, en todo lo que daría por estar a su lado, en lo idiota que fui ese dia al abandonarlo, dejarlo atrás, huyendo de mis sentimientos, negando lo mejor que me podría haber sucedido en la vida, si pudiese volver atrás…aprovecharía el tiempo al máximo.

- ¡Maldición!, vayan de inmediato y traigan otra carroza ¡este matrimonio se lleva a cabo sea como sea! – su exalto es comprensible, de esta unión depende su futuro económico.

Solo sonrío para mi mismo mientras contemplo la belleza de las calles, la gente al pasar, sus vidas… me pregunto “¿Cómo serán?, ¿Habrá alguno de ellos como nosotros, como Yunho y yo?, ¿serán libres a diferencia de mí?”, estoy atado por mil cadenas irrompibles, debo aceptar lo que la vida me pone enfrente es mi castigo…aunque no se que fue lo que hice tan mal.

Entonces quedo estupefacto al notar lo que parece una pequeña pelusa blanca caer desde el cielo, mis ojos no lo pueden o no lo quieren creer, la época de nevazones se encuentra a un mes de distancia, aquellos hermosos copos comienzan a caer con mayor intensidad, logrando que las calles brillen de esplendor y hermosura.

Nieve…aquel fenómeno de la naturaleza que guarda un significado aún mas importante para mí, el aroma de la misma al caer, me trae a la mente los mejores momentos de mi existencias, abro la ventanilla de la carroza para disfrutar en plenitud del frío que invade mis mejillas, del exquisito aroma, la brisa, recuerdo…recuerdo aquella primera vez que estuve entre sus brazos, aquella oportunidad en que confesamos nuestros sentimientos, nuestro amor diferente, nuestro gran secreto.

~ Flash Back ~


Actuaba como un niño pequeño escapando siempre de sus problemas, luego de lo que sentí aquella noche en que cumplí quince años, no pude, por mas que intenté, no pude volver a comportarme igual que antes, no podía abrazarle como solía hacerlo, sentarme en su regazo no era ni siquiera una idea viable, lo que mis instintos me decían era que huyera a toda velocidad, no era correcto el sentir eso por otro muchacho, mi padre siempre solía contarme de algunos desviados que había conocido en la capital, siempre tuve una imagen mal formada de aquellas personas…pero que equivocado estaba, lleno de prejuicios a una edad tan corta.

Así pasaron tres meses luego de aquel día, mejor dicho de aquella noche, en la cual no sucedió nada en especial con Yunho, quiero decir no nos besamos como Patrick, de quien no supe nada por un tiempo, me forzó a hacerlo, solo fue…una metamorfosis en mi mente, en mi cuerpo, mi corazón.

Nos azotaban las primeras nevadas de la época, al llegar la nieve era costumbre que mi padre nos enviara a Yunho y a mí a la cabaña que teníamos en una aldea unos pocos kilómetros fuera de la ciudad, creo que lo hacía para deshacerse de nosotros por un tiempo, es lo que pienso ahora, en ese entonces ni lo sospechaba, creía ciegamente en el hombre que me había dado la vida, era un niño no conocía la verdad de sus intenciones.

Llegó el día, recuerdo que fue un martes en la tarde, mi padre llegó a casa ordenando a los sirvientes que prepararan la carroza y nuestras maletas, diciendo que partiríamos en cuanto estuviésemos listos. Juro que en ese momento con tal solo pensar que pasaría días o semanas a su lado, los dos solos, rodeados de unos cuantos peones, pero solos al fin…con tan solo esa idea comencé a tiritar, aunque el frió era envolvente, sentía un calor extraño proveniente de lo mas profundo de mi cuerpo, este mismo calor inundaba mis mejillas, mi mente me jugaba en contra, volvieron aquellas imágenes en donde Yunho me besaba y me sostenía fuertemente, esas mismas que había logrado bloquear alejándome de él….pasé meses tratando de escapar de mis sentimientos y justo ahora tendríamos que pasar juntos todo el día encerrados en aquella cabaña. En una hora ya estaba dentro de la carroza esperándole para poder partir de una vez, mirando por la ventanilla sintiendo como si mi corazón fuese a salirse de mi pecho debido a sus fuertes golpeteos, todo empeoró al sentirle subir y sentarse frente a mí.

- Ya es esa época del año Jae… - trataba de entablar conversación conmigo, aún no se daba por vencido.

- eso creo – le respondí tan fríamente, deseando que no estuviese tan cerca de mí, ya que sentía deseas de abrazarlo, de besarlo…lo extrañaba mucho.

-…ya veo – dejó de mirarme para fijarse en la ventanilla, mirando como caían aquellos copos de nieve.

Los caballos comenzaron el galope, la carroza cobró movimiento, todo el viaje reinó el silencio, creí en ese momento que por fin Yunho comenzaba resignarse…me trataba de la misma forma que yo a él, lo sentí distante, como si se hubiese quedado en casa…pero al fin y al cabo eso era lo que quería, o por lo menos lo que pensaba era lo mejor para los dos, en especial para mí, no deseaba ser un desviado, no quería que él lo notara y me odiara por ello. Llegamos a la dichosa cabaña, nos bajamos sin articular palabra, caminando entra la nieve, sin vernos directamente, cada uno se metió a su cuarto, los empleados estaban extrañados, murmuraban entre si debido a nuestro comportamiento. Pasaron así los minutos, hasta que nos llamaron para cenar, henos ahí sentados a distancia, viendo la comida en nuestros platos, al parecer ninguno tenía apetito…las empleadas optaron por dejarnos solos…eso tan solo empeoró la situación.

- …Jae – me volvía a hablar mi corazón se detuvo por un instante al oírle nuevamente.

Seguí jugando con la comida en mi plato sin prestarle atención o tratando, ya que cada una de sus palabras martillaba un agujero en mi pecho.

- Jae… ¿me escuchas? – puso su mano sobre la mía.

Quité mi mano de inmediato, un tanto sobresaltado por el contacto repentino, me levanté de la silla sin quiera detenerme a pensar en mi actuar, estaba asustado, por que deseé que me tocara aún mas, que recorriera mi cuerpo con sus manos.

- Yo… Yunho no es lo que… - quise explicarle al ver su rostro impregnado de soledad y tristeza.

- ¿Me desprecias tanto?, ¿te doy tanto asco que ya ni soportas que te toque? – se paró ofuscado, saliendo del comedor apresurado.

- No…Yunho no es por ti…yo…yo – seguí sus pasos hasta la sala de aquella cabaña, quedé inmóvil al ver como tomaba su abrigo y abría la puerta de salida. - ¡Yunho! ¿Adonde vas?...la tormenta de nieve está muy fuerte – me acerqué lo mas que pude, aún guardando una distancia prudente.

- Me alejo, eso es lo que quieres ¿no?...tenerme lejos, pues te doy en el gusto – me miró una ultima vez, noté sus ojos acuosos…pero no pude hacer nada fui cobarde, dejé que saliera por esa puerta.

Me senté frente a la chimenea, vi el flamear de aquellas llamas por mucho rato, pero no pude sacar de mi mente a Yunho… mucho menos cuando la nieve caía tan fuertemente y el viento presentaba su furia…había pasado ya casi una hora y no regresaba…comencé a preguntarme “¿estará bien?, ¿le habrá pasado algo?”, por más que me sintiera diferente a su lado, mi amor hacia él permanecía intacto había crecido tomando una forma diferente pero seguía ahí. Me levanté decidido a salir a buscarlo, tomé mi abrigo y me encaminé entre la nieve, estaba muy oscuro apenas podía ver por donde pisaba, la tormenta estaba demasiado fuerte como para que pudiese haber llegado lejos.

- ¡YUNHOO! – gritaba su nombre con desesperación, buscando su silueta.

Caminé un poco más, hasta que mis ojos encontraron un bulto…una persona tirada sobre la nieve…recuerdo como recé con todas mis fuerzas para que no fuera él, para que se tratara de alguien más. Me acerqué rápidamente, puse mis manos sobre aquel cuerpo helado, lo volteé…mis ojos se llenaron de lagrimas que cayeron humedeciendo mis mejillas ya frías, atraje aquel cuerpo con mis brazos hacia mi pecho…era Yunho.

- ¡YUNHO! ¡MALDITO IDIOTA! ¿Por qué saliste así imbécil? – lo aprisioné fuerte entre mis brazos uniendo nuestras mejillas, sintiendo su piel fría.

- Ja…jae.... no me…odies – murmuró apenas, su respiración era irregular y agitada.

- No te dejo…discúlpame fui un idiota – besé sus labios gélidos aprovechándome de su semiinconsciencia. – solo no me dejes…no te mueras – lo sujete fuertemente poniéndome de pie.

Nunca fui un muchacho fuerte, pero algo dentro de mi gatilló , ya que en ese momento me olvidé de todo, mi único objetivo era ponerle a salvo… hasta el día de hoy no puedo explicar como fui capaz de cargarlo hasta la cabaña. Al llegar fuimos recibidos por las sirvientas quienes me ayudaron a llevarle hasta su cama.

- Joven Jae…el joven Yunho esta congelado, sus labios y su piel perdieron color… - comentó una de las muchachas horrorizadas al verle en ese estado.

- Lo se, lo sé ¡maldición!...solo…vayan y traigan frazadas abrigadoras…¡vayan ya! – estaba desesperado no podía evitar exaltarme.

Las muchachas siguieron mis órdenes dejándonos solos en el cuarto, me quedé viéndole ahí tan frágil… siempre había sido él quien me protegía…y cuando yo debí hacerlo…le dí la espalda. Me senté en su cama mirándole, sintiéndome culpable.

- Perdóname Yunho…amor mío perdóname – besé sus labios suavemente, saciando los deseos que me urgían.

Me dediqué a desvestirle, desabrochaba su camiseta rápida y torpemente, mis manos temblaban al hacer contacto con su piel, me reclamaba a mi mismo “¿Cómo es posible que pienses en este tipo de cosas estando él al borde de la muerte?”, era cierto completamente cierto, pero aquella llama que traté de apagar por tres meses se avivaba con cada centímetro de su piel descubierta. Logré despojarlo de su camisa, mis manos se dirigieron hacia su pantalón, lo desabroché y comencé a quitárselos mordiendo fuertemente mi labio, dejándolo tan solo en ropa interior…ahora me tocaba lo mas difícil despojarlo de aquella última prenda que cubría su cuerpo, debía hacerlo con rapidez…ya que con cada segundo que pasaba perdía calor corporal, lo hice cerrando mis ojos terminé dejándolo desnudo y lo metí bajo las cobijas de la cama, abrí nuevamente los ojos y toqué su rostro, estaba completamente frío y temblaba.

- Yunho no te mueras ¡me oíste! – besé su gélida mejilla. – Tengo mucho que decirte, explicarte mi comportamiento, no me dejes, necesito que lo sepas – sujeté su mano fuertemente mientras lloraba de angustia y de rabia, si alguien era el culpable de la situación ese era yo.

Los temblores en su cuerpo se hicieron mas constantes, no sabía que hacer, como mantenerle cálido. Una de las muchachas entró sin golpear trayendo consigo las cobijas que le había pedido, luego entró la otra mujer con una fuente de metal llena de madera, pendió la estufa que se encontraba en el cuarto. Las dos me miraban con preocupación, notaban que estaba al borde del colapso.

- Se pueden retirar – sentenciaba con la voz quebrantada.

- Pero Joven – la mujer mayor dudaba de mi capacidad de cuidarlo.

- ¡Se pueden retirar!...por favor – estaba apunto de estallar en llanto.

- Está bien joven – las dos mujeres salieron por aquella puerta murmurando entre ellas.

Lo miré nuevamente, sus labios sin color, su rostro pálido…entonces recordé lo que William, nuestro mayordomo, me había dicho una vez hace mucho, cuando íbamos a aquella cabaña con él ya que éramos demasiado pequeños, sus palabras resonaron en mi cabeza “Jóvenes, lo mejor para combatir la hipotermia es el calor corporal directo, recuérdenlo puede que les sea útil algún día” aquel hombre siempre se la pasaba enseñándonos cosas que nunca pensamos nos serían útiles, gracias a dios pude recordar aquellas palabras, pero…tendría que desvestirme y abrazarlo, sujetarlo entre mis brazos sentirlo desnudo…en ese momento creía que de hacerlo sería yo quien moriría de un paro cardiaco.

Dejando atrás mi nerviosismo comencé a desvestirme, me quité el abrigo, la camisa, el pantalón, solo dejé mi ropa interior en su lugar, levanté las cobijas alcanzando a ver parte de su cuerpo desnudo, me metí entre ellas a su lado, podía sentir los latidos de mi corazón retumbar en mi cabeza, la que amenazaba con explotar en cualquier momento. Sentía el frío proveniente de su cuerpo sin la necesidad de tocarlo, me dejé caer lentamente a su lado, de costado, me dediqué a observarlo un momento, acaricié su mejilla con una de mis manos, me estremecí de inmediato al sentir su piel tan fría como la nieve que caía en el exterior, de inmediato me abalancé sobre él, dejando de lado la sensación de frío que me transmitía. Lo volteé, dejándolo frente a mi, lo abrasé fuertemente, apoyando mi rostro en su cuello, colocando mis manos en su espalda, se encontraba tan congelado, temblaba como un niño pequeño entre mis brazos.

- J…jae – susurró aun inconciente.

Me sentí tan feliz al saber que reconocía mi presencia sin necesidad de verme. Se movió entre mis brazos, pasando a rozar con sus labios parte de mi hombro, al sentir tan cerca sus labios sobre mi piel, no pude evitar el querer recorrer su cuerpo, mis manos se movieron por si solas, acariciando cada centímetro de su espalda, su aroma, su dulce aroma provocaba estragos en mi cuerpo, deseaba besarlo, recorrer con mi boca su cuello, en mi bajo vientre se hizo presente una presión, algo mas que un malestar…estaba caliente, puede que suene un poco crudo, pero es la verdad. Estaba ansioso por probarlo, por saborear su cuerpo, por sentirlo cerca, de una manera íntima, esto era nuevo para mí, si bien en alguna ocasión me emocioné al ver a una de las muchachas medio desnuda, esto no se le comparaba, era mucho más, deseaba que fuese mío en ese mismo instante, por lo mismo me odiaba, por tener ese tipo de pensamientos, estando él en peligro, siendo frágil.

- Esto no está bien…soy detestable – me reprochaba a mi mismo.

Una vez más se movió, rodeándome por la cintura con sus fuertes brazos, me quedé inmóvil, pude sentir que ya recuperaba una temperatura normal pero no sabía que hacer, quería escapar, salir huyendo. Trate de apartarlo, de librarme pero lo único que logré fue sentir aquella parte de su cuerpo, su miembro contra mi muslo, la presión en mi bajo vientre se fue transformando en dolor, pero un dolor deseado, agradable, sentía la necesidad de que me tocara.

- Yunho… suel…sueltame – Hablé apenas, sintiendo como mi cuerpo comenzaba a moverse por si solo.

- mmm… - emitió un gemido que recuerdo claramente.

Mordía mi labio, tratando de contener los impulsos que me ordenaba mi cuerpo, Yunho no me ayudaba para nada, en ese momento no sabía porque pero comenzó a frotar su cuerpo contra el mío de la nada, peor aun…inconciente, ya que no despertaba, no abría los ojos, esto era peor que una tortura.

Su miembro…comencé a sentirlo con mas claridad rozando mi piel por sobre mi ropa interior, aún así, sin sentirlo directamente, este contacto provocaba gemidos ahogados, contenidos…ya que no quería admitirlos. Sudaba como loco, los nervios los tenía de punta, el muy condenado de Yunho comenzó a moverse con mas intensidad, parecía que se había emocionado o excitado en sueños y se desquitaba conmigo sin ser conciente de ello.

El lado bueno era que ya había recuperado su calor corporal, el lado malo…ahora tenía sobredosis de calor, se abalanzó sobre mi, dejándome prisionero bajo de su cuerpo, de inmediato traté de detenerlo de hacerlo reaccionar colocando mis manos sobre su pecho, empujándolo.

- Yunho…¡Yunho despierta! – le grité mientras golpeaba su pecho.

- Estoy despierto – me contestó abriendo sus ojos.

Me paralicé, lo miré fijamente sin comprender del todo, pensé “¿Acaso fingió desde el principio?”, la sangre debió írseme a la cabeza, sentía que mis mejillas se quemarían en cualquier instante, debían estar completamente rojas. Se movió entre mis piernas, logrando que sintiera por completo su miembro erecto sobre el mío que se encontraba en las mismas circunstancias, fue un golpe bajo, una cruel jugada, al poder experimentar esta nueva sensación no pude contenerme por mas tiempo, cerré mis ojos y me dejé llevar.

- Ahhhh~ - solté un gemido, al notarlo me llevé de inmediato la mano a la boca, cubriéndola, sintiéndome completamente avergonzado.

En ese momento no entendía mucho, no sabía porque me atraía otro chico, mucho menos comprendía porque sentía lo que sentía cuando él me tocaba, recordé por un momento aquella vez en que Patrick intentó sobrepasarse conmigo, logré entender que todo era tan diferente, yo solo quería sus caricias las de Yunho, sentir su cuerpo y el de nadie más, lo amaba, lo amaba como a un hermano pero también como a un hombre, Alcé mis manos para sujetar su rostro, en ese momento supe que ya no habría vuelta atrás, vi en sus ojos el deseo reflejado de los míos, no necesitaba palabras para comprender que quería lo mismo que yo, mucho menos al sentirlo excitado sobre mí. Solo bastaron unos segundos para que todos mis miedos se esfumaran, sus ojos me hipnotizaron ya que en ellos encontré la confianza que necesitaba para comprender y aceptar mis sentimientos.

- Jae…perdón pero no…no puedo soportar por más tiempo – se inclinó, uniendo nuestros cuerpos dejando su rostro a escasos centímetros del mío. – Necesito que sepas que…me gustas, no como amigos… - su voz temblaba, al parecer sentía miedo al igual que yo. – me gustas, te deseo…te amo – selló su confesión con un suave beso, a penas un roce tímido entre nuestros labios.

No quise hablar ni responderle en palabras, lo rodeé con mis brazos atrayéndolo hacia mi por completo, obligándolo a profundizar nuestro beso, mi boca pedía con ansias permiso, un permiso que fue concedido al abrir su cavidad dejándome saborear cada rincón de esta, su lengua hizo lo suyo dentro de mi boca, aquel beso se fue transformando un una feroz lucha por devorarnos el uno al otro. Sentía tantas cosas a la vez, el sabor de su boca, el aroma de su aliento, los añoro hasta el día de hoy, el escalofrío que me produjo al recorrer mi cuerpo con sus manos por primera vez, quedará grabado en mi memoria por la eternidad, el calor que me inundaba al sentir su roce, las gotas de transpiración de su cuerpo cayendo sobre el mío…era todo tan exquisito.

Mis manos inexpertas recorrieron su espalda, mientras nos perdíamos en aquel primer beso, gimiendo a la par, apenas respirando, dejando que nuestras temperaturas corporales sobrepasaran el margen común. Yunho comenzó un movimiento de caderas que me enloqueció al instante, abrí mis piernas enrollándolas en torno a su trasero, para sentir mas de cerca su erección, aunque me ví interrumpido por sus manos que comenzaron a despojarme de la última prenda que me cubría. Fue todo tan normal que yo mismo le ayudé a quitarla, en ningún momento separamos nuestros labios, sentirnos unidos era una necesidad. Al quitarla volvió a la postura anterior, logrando que nuestros miembros se tocaran directamente, fue sorpresivo, sentir su pene duro y caliente contra el mío, logro que la presión se hiciera mas insoportable, que mi lengua se adentrara en su boca en busca de mayor contacto, tenía la piel de gallina y deseaba llegar cada vez mas lejos.

Repentinamente me golpeo la realidad “¿y ahora que?” por mas infantil que suene en ese momento no sabía que hacer a continuación, era mi primera vez y mucho mas difícil aún, con un hombre. Detuve nuestro beso, Yunho me miró sorprendido y un tanto asustado, tal vez pensó que no deseaba seguir adelante, aún así mantuvo su vaivén de caderas rozando nuestra masculinidad, haciéndome aun mas difícil pensar en como preguntarle, no sabía como y mucho menos sabía si era correcto preguntar algo tan básico.

- Yunnie ~ - gemí su nombre, sintiendo pesadez al hablar. – Dime que hacer…no sé como seguir – quería esconderme por ser tan idiota.

- Jae…esta también es mi primera vez, estoy tan perdido como tu – susurraba, ya que le costaba pronunciar palabra. – pero según me han dicho es doloroso, asi que por ser la primera vez, dejaré que seas tu quien entre en mí – me sonrió, al momento me derretí, era aquella sonrisa que amé desde siempre.

Le sonreí nerviosamente, mordía mi labio, sin avisarle me volteé posicionándome sobre él, los roles habían cambiado drásticamente. Me gané entre sus piernas, dejando mi erección al borde de su entrada, no quería lastimarlo pero ya no aguantaba más, apoyé mis manos a ambos lados de su cabeza, inclinándome, besándolo tiernamente, sintiéndolo rendido a mi voluntad, por primera vez sentí que me obedecía, que se dejaba llevar.

- Yunho…no se como hacerlo para que no sea tan doloroso…- le aclaré mientras lamía su cuello. – pero te necesito – mordí su piel al mismo tiempo que lo penetraba de una sola embestida.

- Ahhhh… - gimió de dolor y tembló entre mis brazos, cerró sus ojos.

Me detuve al ver que le provocaba sufrimiento, acaricié su rostro, tenía ganas de moverme dentro de él, de que gritara mi nombre y disfrutara junto a mi, pero no tenía planeado este panorama.

- ¿Me salgo? – pregunté dispuesto a hacerlo, comenzando a retirar mi miembro de su entrada.

- No – sentenció impidiendo mi retirada al atraerme con sus piernas, logrando que me introdujera aún más dentro de él. – El dolor no es nada, se siente delicioso el tenerte dentro de mí – sujetó mi rostro besándome apasionadamente.

Comenzó a moverse, obligándome a seguirlo, entrando y saliendo de él con cuidado al principio, rápidamente me hundía en el placer, su entrada era tan estrecha y cálida, ejercía la presión necesaria sobre mi pene, excitándome por completo, esparciendo en mí el deseo de penetrarlo con más fuerza, llegar más adentro, hacerlo disfrutar de cada embestida. Me movía con rapidez, gimiendo y oyendo salir mi nombre de sus labios, disfrutaba de sus sonidos de placer, eran la melodía mas emocionante y encantadora para mis oídos. Al rato me percaté que solo yo estaba saciando mi urgencia al sentir su miembro desatendido atrapado entre nuestros cuerpos.

Sin dejar las embestidas de lado y comiéndome su boca, acerqué mi mano sujetando su hombría, noté como se estremecía ante el tacto que le proporcionaba, me sentía feliz de que pudiera disfrutar tanto como yo, sonreí para mis adentros mientras masajeaba por completo su masculinidad, arrancándole gemidos agudos en los que pronunciaba mi nombre.

- Jae….mmm…ahhhh…. si sigues así me vendré en cualquier momento – su rostro excitado, solo me provocó a seguir adelante.

Mis movimientos se tornaron desesperados casi frenéticos, embistiéndolo una y otra vez al mismo tiempo que lo masturbaba, pude sentir que estábamos sincronizados como si fuéramos uno, su piel era tan adictiva, no podía evitar el querer recorrerla por completo, marcarla como mía, cada minuto que pasaba lo deseaba con mas fuerzas, con cada segundo me hacía mas dependiente de él.

Sentí el momento en el cual derramé mi semilla en su interior con una última penetración, a los segundos se corrió en mi mano llenándonos a ambos de su delicioso semen. Caí rendido sobre él siendo el muchacho mas feliz del mundo, sintiéndome completo y satisfecho, como si esto hubiese estado destinado a pasar desde un principio…el placer que experimenté aquella noche no tiene comparación.

Lo último que recuerdo de aquella velada es que yacía recostado sobre su pecho, oyendo tranquilamente los latidos de su corazón y siguiendo el ritmo de su pecho al subir y bajar debido a su respiración. Estaba todo tan tranquilo, en paz…pensé que se había dormido.

- Te amo Jae…nada podrá separarnos nunca – me dijo para luego acariciar mi mejilla.

- Nada nos separará porque nuestros corazones ya son uno – afirmé sintiéndome completamente seguro, abrazándolo, sintiendo el calor de su cuerpo.

~ Fin del Flash Back ~

- Jae … ¡JAE! ¡POR EL AMOR DE DIOS YA BAJA! – la molesta voz de mi padre me trajo de vuelta de aquellos preciosos recuerdos. – Ya llegó la otra carroza, apúrate que vamos retrasados – sentencia mientras fija su mirada en el reloj de bolsillo que le regaló mi madre poco antes de morir.

- Ya voy… - contesto desganado subiéndome a nuestro nuevo móvil.

Me fijo en el exterior nuevamente, puedo sentir aquellos recuerdos aún vivos dentro de mí. Sonrío tal vez desconcertando a mi progenitor, pero no puedo evitarlo aquellos momentos estuvieron tan llenos de felicidad.

- Por cierto, ¡Feliz cumpleaños hijo mío! – exclama con ironía. – este es tu segundo mejor cumpleaños desde que ese degenerado se alejó de nuestras vidas – me clava un puñal directo al corazón con aquel comentario.

Mi mente vuela de vuelta aquel fatídico día en que él nos encontró besándonos en mi cuarto, todo fue una cruel trampa de la vida…si tan solo Yunho se hubiese demorado un minuto mas en despertar o si tan solo mi padre hubiese ido a saludarme aquella mañana a primera hora…las cosas serían distintas. Con pequeños detalles nuestro futuro juntos se destruyó…causa tanta impotencia saber que con un poco mas de cuidado estaríamos juntos en el presente, me consuela el hecho de tener en mi memoria aquellos dos años de alegrías en los que nos amamos a diario, que pasamos juntos, que disfrutamos como amigos, cómplices y pareja…aún así no es suficiente, lo necesito a él no a estos recuerdos de mierda.

~ Flash Back ~

Cumplía diecisiete años, como siempre me entusiasmaba la idea de crecer, me deleitaba con saberme unos meses mayor que Yunho, se lo restregaba en la cara en cada encuentro íntimo. Aquella mañana era especial, pues tendría el privilegio de celebrarla a su lado nuevamente, comenzaba a imaginarme las cosas que haríamos a solas, como me amaría y me acariciaría, imaginé sus besos, hasta llegué a pensar en la posición en la que me penetraría.

Los golpes en la puerta me despertaron de aquel sueño excitante que creaba en mi mente, me dirigí a abrirle, me detuve un instante al sentir una puntada en el pecho…sentí que algo andaba mal o que algo malo sucedería, aquella sensación injustificada se apoderó de mi.

- ¿si? – pregunte apenas abriendo la puerta un poco, para molestarlo ya que sabía a la perfección de quien se trataba.

- Vengo a buscar al joven mas hermoso de estas tierras – bromeaba asomando su rostro para poder verme.

- Pues aquí lo tienes – dije abriendo completamente la puerta, sujetándolo de un brazo, haciéndolo entrar bruscamente.

- Vaya que humildes que amanecimos hoy – jugaba conmigo mientras caminaba de espaldas, ya que yo lo dirigía hacia mi cama.

- Como siempre – sonreí al hacerlo caer sobre esta, colocándome sobre él. – Te deseo… - susurré en su oído suplicándole, sabía que no podría resistirse a aquel tono de voz.

- Te amo – respondió, volteándose para ganarse sobre mí.

- También te amo Yunho – susurré sujetándolo de la camisa, atrayéndolo hacia mí besándolo de una vez por todas.

Saboreaba sus labios como si fuera la primera vez, los disfrutaba tanto como el primer día, ya teníamos más experiencia, conocíamos las debilidades de cada quién, Yunho se había vuelto en un maestro besando, me derretía al sentir su lengua dentro de mi boca, lograba unas maniobras que me dejaban sin aliento, ya me sentía excitado con tan solo un beso.

- ¡PERO QUE DIABLOS! – oí los gritos de mi padre.

Deseé que todo fuera una pesadilla, un mal sueño, me sujete con fuerza de la camisa de Yunho mientras lo miraba con espanto, debí prestarle mas atención a aquel presentimiento. Ví en sus ojos una vez más reflejado mi miedo, su rostro se encontraba pálido, ni siquiera pestañeaba, ninguno de los dos nos movimos un centímetro, creo que por dentro rogábamos que no fuese realidad.

- ¡MALDITA SEA! – Solo ví como sostuvo a Yunho de un brazo y lo alzó bruscamente para tirarlo contra en suelo. - ¡DEGENERADOS! ¡ENGENDROS DEL DEMONIO! – mi padre estaba completamente descontrolado.

Mis ojos solo veían a Yunho, quien se encontraba tirado en el piso de mi cuarto, mirándome con preocupación.

- Yo…padre yo – traté de hablar, pero me vi silenciado por una cachetada.

- No lo golpee, todo esto es mi culpa él no tiene nada que… - Yunnie se levantó a defenderme, pero mi padre lo golpeó fuertemente en el rostro.

- ¡CALLENSE LOS DOS! – me miraba con asco. – TU… - le hablaba a Yunho. – SAL DE LA HABITRACIÓN AHORA MISMO – me dio la espalda, alejándose un poco de mí.

Solo podía observar a Yunho, vi como la sangre corría desde sus fosas nasales, sentía como si me apuñalaran repetidas veces, sentía como poco a poco me arrebataban lo más importante, sentía lo que estaba por venir, lo miré horrorizado mientras se ponía de pie.

- No lo dejaré solo – contestó Yunho, desafiando a mi padre.

- ¡QUE TE SALGAS CARAJO! – levanto su mano una vez más en señal de golpearlo nuevamente.

- ¡VETE! – grité mientras sentía como las lagrimas recorrían mis mejillas. - ¡SOLO VETE! – lo miré suplicándole que se fuera.

Lo comprendió, pude ver como luchaba consigo mismo, pero al fin y al cabo terminó por abandonar la habitación, nunca se negaba a mis deseos, pude valerme de esta carta para que no le hicieran mas daño. Devolví la mirada a mi padre, sin sentir vergüenza alguna, en mis ojos ardía el odio que comenzaba a sentir en su contra.

- Escúchame bien engendro del demonio – sentenció seriamente sujetándome del cuello de la camisa, levantándome de la cama. – Desde hoy en adelante ese degenerado no existe, nunca existió – ejerció mas fuerza en su agarre, logrando que me faltase el aire.

- Nunca… ¡NUNCA! – grité defendiendo mis sentimientos. – Lo amo…existe y existirá siempre… ¡PORQUE LO AMO! – se lo restregué en la cara.

Otra cachetada impactó mi rostro, sentí la humedad del escupo de mi padre, me había escupido por amar a alguien… no comprendía porque era malo amarlo, porque le provocaba tanto asco.

- Kim JaeJoong óyeme bien – me soltó y se volteó nuevamente. - Tienes dos opciones…alejarte de él o asistir a su funeral – no volvió a darme la cara.
Mi corazón latió fuertemente para luego actuar como ausente, caí de rodillas hundiéndome en un mar de lágrimas, el dolor era insoportable, hubiese deseado morir en ese instante…los momentos que vivimos juntos pasaron por mi cabeza, sus besos sus caricias, comprendí que no las sentiría nunca mas, que aquel beso había sido el último, mi elección siempre fue obvia, para mi sería suficiente el saberlo con vida, él podría rehacer su vida, ser feliz, yo solo deseaba su bienestar y felicidad aunque no pudiese compartirla a su lado.

- Tú ganas… - murmuré lo suficientemente fuerte para que me oyera. – solo asegúrate que viva bien, con todo lo necesario…que sea feliz – no podía creer que fuese yo quien estaba hablando.

- Me das asco… - fue lo último que oí de su parte aquel día, salió del cuarto sin voltearse a verme.

Caí rendido al piso, no podía moverme, el dolor se había apoderado de todo mi ser, toda la alegría había muerto en un abrir y cerrar de ojos, yacía en aquel lugar llorando, mientras mi alma se partía en pedazos, mi espíritu dejaba mi cuerpo…solo quedaba atrás el envase vacío…la sombra del joven alegre que fui a su lado.

- ¡Déjeme entrar a verlo! – oía a la distancia la voz de Yunho.

- ¡LLEVENSELO!... ¡WILLIAM, SÁCALO DE MI VISTA! – gritaba mi padre.

- ¡JAEEEE! – gritó mi nombre incesablemente con desesperación.

Cerré mis ojos, dejándome guiar por la oscuridad que se apoderaba de mí. No recuerdo mucho de esos días, nunca más volví a oír la voz de Yunho, nunca mas lo vi, pasé meses encerrado en mi cuarto, mi padre jamás volvió a mirarme a los ojos, me odiaba pero yo lo odiaba aún más. No me arrepiento de la decisión que tomé, yo morí en espíritu al aceptar alejarme de él, pero Yunho sigue con vida, a veces en las noches miraba el cielo, la luna... me imaginaba que él también la veía en algún lugar del mundo, pensaba que posiblemente había encontrado un nuevo amor, que estaba casado y rodeado de hijos, sonriendo y amándolos a todos, recordándome como su primer amor y nada más.

~ Fin del Flash Back ~

El relinchar de los caballos me anunciaba que ya estábamos frente a la Iglesia, me bajo de la carroza tratando de aceptar lo que está por suceder. Me encamino junto a mi padre hacia la entrada subiendo aquellos amplios escalones, con cada paso que doy comienzo a sentir nuevamente que algo no anda bien, que debo salir de ahí de inmediato, ese no era mi destino. Intento retroceder pero la mano de mi padre se posa en mi espalda impidiendo cualquier intento de escape.

- Yunho murió – susurra en mi oído. – se suicidó poco después de tu cumpleaños – suelta una carcajada, empujándome obligándome a avanzar.

Aquella confesión termino de asesinar cualquier ilusión que aún pudiese estar presente, no puedo procesar la informacion que me fue entregada de inmediato, me veo rodeado de gente, caminando hacia el altar, llego a mi ubicación frente al cura, a un lado de aquel hombre que se ha ganado con creces mi desprecio, mi mente se encuentra en blanco, mis ojos vagan entre la multitud de asistentes a tan importante evento social.

A lo lejos oigo como la orquesta comienza a interpretar la marcha nupcial, veo la silueta de aquella muchacha acercándose hasta tenerla frente a mi, su rostro refleja entusiasmo, o talvez sea solo resignación.

- Hermanos, estamos aquí reunidos para celebrar la unión de dos familias… - el cura comienza su discurso.

Mi mente se abstrae de todo lo que sucede, solo contemplo el rostro de la mujer que tengo enfrente, entonces de la nada vuelvo a sentir mi corazón que estuvo ausente por tantos años, el dolor vuelve a impactarlo de golpe, siento que mis piernas fallaran en cualquier momento, eso es prueba de que aún estoy vivo.

“Yunho muerto…” pienso que todos mis esfuerzos han sido en vano, que mi razón para seguir adelante ha perdido validez, todo lo que hago ya no tiene sentido. Mis ojos se humedecen mientras en mi rostro se dibuja una sonrisa.

- Usted señor Kim JaeJoong acepta como su esposa a … - el padre se vio interrumpido por mi sorpresivo actuar.

Comencé a caminar hacia la salida, ya nada importa, se supone que me casaría por complacer uno de los caprichos de mi padre, con temor a que pudiera arremeter contra Yunho, esta estupidez ya no valía la pena. Sigo caminando a pesar de los comentarios horrorizados de los presentes.

- ¡JAE JOONG DETENTE! – grita mi padre.

- Olvídalo… - suelto una carcajada. – No me busques nunca mas… - me volteo a verlo a los ojos.

- Pero que te has creído mocoso del demonio – reclama mientras se acerca a mi.

- Ni un paso mas – murmuro para ser oído solo por él. – Olvida que tienes un hijo, nunca lo tuviste, de lo contrario todos los presentes se enteraran de que estas prácticamente en banca rota y que te has pasado la vida robándoles sin que lo notaran – le restriego en la cara aquella verdad que él creía oculta.

No responde, señal de que al fin y al cabo he ganado, una victoria tardía y completamente vacía. Camino... sigo caminando por aquel sendero lleno de pétalos de rosas mientras pienso en Yunho, teniendo su rostro presente en mi mente, deseando que aún siguiera con vida, lejos de mí pero con vida.

Las lágrimas corren sin control por mi rostro mientras salgo de aquella Iglesia, me despido de todo, sintiendo que ya no tengo nada más que hacer en esta vida, en este mundo, antes podía seguir viviendo ya que tenia la seguridad de que los dos pisábamos la misma tierra, mirábamos el mismo cielo…vivíamos en el mismo mundo.

- Si tu no pudiste ser feliz en este mundo, entonces mi misión no fue cumplida, mi vida no tiene sentido – hablo conmigo mismo mientras bajo aquellos escalones avanzando con seguridad hacía mi muerte.

Alguien pasa con rapidez a mi lado, golpeándome el costado, casi pierdo el equilibrio, aún así no me volteo, mi dirección ya esta determinada mi destino también.

- Lo siento – dice la persona que me pasó a llevar.

“Su voz…aquella es su voz” mis ojos lo buscan por instinto, me volteo para encontrarlo a mis espaldas, mirándome con lágrimas en sus ojos. No puedo creerlo, es él, definitivamente es él, la forma de su rostro a cambiado, es mas dura y masculina, tiene un corte de pelo diferente, pero es él. Entonces comprendo que he caído en una más de las mentiras de mi padre, intentaba matar mis esperanzas al decirme que estaba muerto.

- Yun…ho… - pronuncio su nombre, la voz me traiciona y se quebranta.

Veo como baja algunos peldaños acercándose a mi, mientras la nieve cae sobre él, poco a poco siento como mi corazón revive, vuelve a latir con la intensidad que solía hacerlo al estar cerca suyo, mi piel se estremece, mis mejillas se sienten tibias luego de tantos años vuelvo a sentirme vivo, las lágrimas no paran de caer, no puedo dejar de verle, pero temo acercarme.

- Jae… - su voz conserva el mismo tono, un poco mas grave, pero logra los mismos efectos en mí que hace ocho años.

Me atrevo a subir algunos peldaños, mirándolo, sin apartar mis ojos de los suyos ni por un instante, me extiende sus brazos sonriendo, me deja gozar de la dicha de volver a ver aquella sonrisa que adoro y adoraré por siempre, por el resto de mi vida.

Aquel amor prohibido que no murió a pesar de la distancia, el pasar de los años y las mentiras, nuestro amor invencible…nunca nos separaran, estaremos juntos mas allá de esta vida, por la eternidad convirtiendo lo imposible en posible.

“Cada mañana abro los ojos sabiendo que algún día te veré Sabiendo que podré estar a tu lado Cuando estas lejos mi espíritu te acompaña Te amo más allá de esta vida Más allá de la muerte …Te recordaré por siempre”




Fin




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2 ♥Comentarios♥ :

Kona dijo...

Verdaderamente me fascino,
estaba realmente hermoso y maravilloso
por un momento crei que no se quedarian juntos
y eso me dio mucha penita
esta realmente bueno......
Deberian darles algun premio por escribir tan genial n________n







Miraiii tanto tiempo....

Unknown dijo...

Ame tu historia .... me encanto ... espero con ansias que escribas otra de nuevo .. =)

:a   :b   :c   :d   :e   :f   :g   :h   :i   :j