20 ago. 2009

Lies and Secrets (cap 1)

Capitulo 1
Lies and Secrets



La luz del día entraba por una de las enormes ventanas de la habitación más grande de la mansión Jung. Un chico de cabellera negra se había despertado con todo el cabello desordenado y una expresión en su rostro de completa flojera, pero que le asía ver de la forma más dulce y tierna que ninguna persona pudiese compararse con él.
De repente unos golpes se escucharon en la puerta blanca de la habitación, dejando ver a la persona que ya había sido llamada a entrar. Una de las mucamas de la mansión entro con una gran sonrisa dándole los buenos días al muchacho que aun seguía medio recostado en la enorme cama que se encontraba en el centro, la cual dejaba caer unas largas cortinas en las orillas de esta.
La jovencita se acerco hasta la mesita de noche dejando un vaso con agua para el ocupante de la habitación. Siempre le había parecido que el señor era demasiado apuesto, y eso le incitaba a sonreír como niña tonta ante la solo imagen de este todo despeinado.

-¿y el señor? –pregunto el joven pelinegro aun con la voz en un susurro

-se ha levantado temprano, dijo que tenía que ir a atender unos asuntos, pero que después le llamaría –le contesto la chica viendo como el muchacho había empezado a tomar su agua

-ya veo…

-¿señor quiere que le traiga algo de desayunar?... o ¿prefiere hacerlo en el comedor? –la chica seguía sonriéndole de una forma que fastidiaba al joven

-no lo sé… ya no hay nadie en la casa, ¿verdad?

-no, todos ya se han ido

-ya veo… prepárame un baño, mientras iré a buscar algo a la cocina –se levanto de la cama todavía en su pijama y salió de la gran habitación

-si…

Las escaleras eran enormes, se dividían en dos, para llevar a diferentes partes de la casa. Los cuadros de pintores famosos se asían ver por toda la extensión de las paredes, mientras que los floreros caros eran sostenidos por las pequeñas mesitas de los pasillos. La luz se asía entrar por toda la casa, dando una sensación de paz y tranquilidad que se sentía en todo el ambiente. Una de las mansiones más caras de toda Korea que era habitada por la familia Jung.

El pelinegro bajo las escaleras hasta encontrarse con la estancia, después de eso llego hasta la puerta del fondo y se encontró con la gran cocina, que normalmente solo usaban los empleados, pero que a él le gustaba frecuentar cuando se encontraba solo en la mansión.

Después de sacar un yogurt del refrigerador y de vaciarlo en un vaso de cristal el chico había decidido volver a su habitación, pero antes de eso, se regreso para sacar una cuchara de la cajonera cuando…

-YunHo… -los brazos del castaño cubrían por completo su cintura, mientras que su rostro se había posado en el hombro del pelinegro

-Boo ya tan temprano en la cocina… te vas a poner gordo –le dijo en un tono de burla, ya que sabía que el otro siempre se molestaba cuando le reprochaba algo de su belleza

-solo es yogurt… -en tono molesto le respondió, el cual desapareció de inmediato -pero ¿qué haces aquí?... creí que ya te habías ido… -se volteo un poco para ver el rostro del menor

-es que olvide algo… no sabes donde he tenido la cabeza últimamente con todo el trabajo

-mmm pobrecito… ¿no quieres que te consuele de alguna manera?... –YunHo volteo de inmediato al chico dejándolo demasiado cerca de su rostro

-¿y de qué forma me consolaras?... ¿eh? Boo

-pues se me muchas formas… pero sé que ahora no tienes tiempo para quedarte y jugar conmigo, así que solo me queda de esta –el pelinegro se lanzo a los labios del otro de una forma desesperada, hambrienta

YunHo no dudo en abrir la boca para dejar pasar la lengua de Jae a aquella cálida cavidad, mientras se disputaba en una pelea por obtener el control del apasionante beso. Sus manos se sostenían fuerte mente a la espalda del más alto, mientras que sentía como este comenzaba a tocar su trasero.

-YunHo… -un gemido casi ahogado llego a los oídos del más chico de los dos jóvenes

-mi Boo eres delicioso

Las manos de los dos jóvenes ahora se paseaban por toda la extensión trasera de su acompañante. Las carisias se asían más profundas, más deliciosas. Los gemidos se quedaban en las gargantas de estos y el aire comenzaba a faltar en las cavidades de los dos chicos que no dejaban de complacer su deseo por sentir a su compañero.

-¿ya encontraste tu cabeza? –una risa escapo de los rojos labios del pelinegro, mientras que su cabeza se posaba en el pecho del moreno

-creo que me he perdido aun mas del lugar… supongo que el laberinto se hizo más extenso

-jajaja… tienes que irte, no quiero que te regañen por mi culpa…

-no importa BooJae, sabes que yo mando ahí, todos me respetan

-pues sí, pero aun así tienes que irte, así que ve desalojando que yo tengo que darme una ducha –empujo al moreno fuera de la cocina mientras el otro asía un puchero por el trato de Jae

-que malo… -un pequeño beso en los labios al momento de voltearse para ver los ojos de su BooJae –por cierto Boo…

-dime

-te he visto en una revista modelando… te veías hermoso –las mejillas de Jae tomaron un tono rojizo –me gustaron mas las de ropa interior

-pervertido… vamos ya vete…

-está bien, está bien… pero después en la noche no me estés rogando porque te –se acerco a su oído y le susurro –preste atención –se alejo otra vez tomando su portafolio del sofá -¡por qué no lo haré! –Grito un poco antes de salir de la puerta –solo que tenga ganas –regreso para poder corregir sus palabras

-¡¡TONTO!! –las mejillas de Jae seguían de color carmín

Después de olvidar por completo su vasito de yogurt el pelinegro subió nuevamente las escaleras, para ver si su baño ya estaba listo y sin esperar a alguna pregunta de la mucama, la mando afuera de su cuarto. En un segundo ya se encontraba en la tina llena de agua y sales, que le relajaron al instante.

-YunHo –un suspiro que apenas si el escucho


En otra de las más grandes mansiones de Korea un chico se removía en su cama estirando su cuerpo para poder levantarse y hacer sus deberes diarios. Las sabanas estaban encima de dos cuerpos que eran vestidos por las pijamas de seda más calentitas del mercado.
El primero de los jóvenes en despertar, era un chico alto, moreno, con cabello castaño y los ojos más oscuros que cualquier otra cosa.

Se levanto de la cama quedando sentado en esta. Se tallaba los ojos para aclarar su vista, después de lo dicho sus ojos se posaron en su acompañante que ya se estaba moviendo levemente. Una sonrisa apareció en su rostro, mientras veía la dulce cara del chico de cabellos rojizos.

-Junsu… Junsu querido despierta –el chico seguía sin abrir los ojos, simplemente moviéndose levemente ante los toques del otro chico –vamos Junsu, no seas flojo

-Hirai… déjame dormir un poco más –se volvía a esconder en las sabanas calentitas

-pero Junsu sabes que tengo que ir a trabajar, y recuerda que hoy tienes que ir a arreglar lo del modelaje –decía con un rostro de preocupación al notar la frialdad del otro chico

-no entiendo que es lo que debo arreglar si papá ya ha hecho todo –con un tono aun mas reprochador se volteo bocabajo

-Susu ah…

-no me digas así… sabes que no me gusta que me digan así –se saco las cobijas de la cara, para poder gritar lo que sabía el otro chico

-perdón… -su rostro entristeció por completo y aquella culpa invadió al otro chico que ya se había calmado un poco

-lo siento, es solo que de verdad no me agrada que me llames asi, solo dime Junsu, solo llámame por mi nombre –se sentó recargando su cabeza en la cabecera de la cama

-está bien, perdón…

-ya dije que está bien…

-antes solía decirte de esta forma, ¿Por qué ahora no te gusta que te llame así?

-es solo que antes las cosas eran diferentes –se levanto de la cama para dejar la conversación hasta ese punto

Siempre discutían sobre esas cosas, sobre el por qué ya no le permitía que le llamara por ningún apodo que antes le decía cuando eran más chicos, o como ahora se había alejado de el dejándolo aun mas lejos de todo lo que habían sido antes.

-tienes que ir a la productora

-está bien… pero antes tengo que bañarme –dijo entrando al baño con toda su ropa en la mano

-ahhh… -el chico también salió de la cama tomando su ropa y dirigiéndose al baño que se encontraba en el pasillo

Después de una larga espera el menor de los chicos termino su ducha encontrándose a su esposo ya listo, y esperando a que este terminara para llevarlo a la compañía en la que había estado trabajando asía unos meses.

-no es necesario que vayas conmigo –secaba su cabello con la toalla

-no me es ningún inconveniente, además la empresa queda cerca de la compañía de modelos –solo se dedicaba a observar el cuerpo del chico pelirrojo

-después de eso tengo que ir al médico, y tu no vas a poder ir por mí, será mejor que me vaya en un coche por mi cuenta

-hoy no iras al médico –el menor se volteo un poco sorprendido –hoy iremos a hablar con tu padre

-¿por qué?... ¿Qué no se supone que tengo que estar en mi tratamiento?...

-no pasara nada si no vas un día, además esto es importante –se levanto de la cama para acercarse a su esposo que se estaba peinando –Junsu –susurro al oído del chico –sabes que tenemos que arreglar algunos asuntos –se estremeció ante el contacto de la respiración de aquel hombre en su cuello

-¿Qué le dijiste? –intento alejarse, para poder obtener una respuesta

-nada, el solo dijo que quería hablar contigo, y dijo que era importante, así que en realidad no se a que se haya referido

-está bien, pero después tendré que hacer otra cita para el médico –salió por completo del alcance del castaño para tomar su cartera y ponerla en sus jeans

-está bien… -salieron de la habitación bajando las escaleras de la enorme mansión –aun no me has dicho como te ha ido en el tratamiento

-supongo que bien, es un poco cansado, pero ha estado yendo bien…

-perdón por no acompañarte, pero sabes que he tenido trabajo –esperaron a que el chofer llegara con el auto a la entrada de la mansión

-está bien, yo se que has estado ocupado… no tienes por qué hacer algo que no te ayuda…

No valía la pena iniciar una discusión de sobre si le importaba su bienestar o solo la empresa de su padre, cada que hablaban siempre caían a esto o la frialdad por parte del más chico de los dos jóvenes


-otra maldita vez… no lo puedo creer -el chico moreno estaba observando como otro joven yacía en el piso de la estancia

El chico se veía despeinado y parecía venia de una de sus tantas borracheras. Al parecer ni siquiera había podido llegar a la habitación, quedándose dormido en el suelo de la sala.
El castaño que acababa de entrar ni siquiera se sorprendió al verlo en aquel estado, sucio y claramente crudo.
Un suspiro de resignación se dejo escuchar por parte de este chico, antes de dejar su bolso en la mesita del centro, y regresar por su amigo para sentarlo en uno de los sofás de la estancia.
El chico era pesado y mucho más alto que el pobre del castaño, que apenas si podía sostener el cuerpo de este.

-maldición creo que comes más que yo… uff… –por fin pudo dejarlo medio recostado en el sofá principal

Después de ver en las condiciones que este se encontraba, el moreno se dirigió a la habitación del chico para poder sacar ropa limpia del armario, después de eso se dirigió al baño, tomo una toalla y la mojo ligeramente, para poder limpiar al menos un poco el cuerpo del joven, eso hasta que se levantara y se pudiera bañar.

Puso la ropa del joven a un lado y comenzó a quitar la ropa sucia del cuerpo de su al parecer amigo. Cuando termino de quitar toda la ropa a acepción de la interior, el castaño comenzó a limpiar el cuerpo aun dormido del otro joven. Con cuidado paso la toalla mojada por todo el desnudo cuerpo del chico, dando suaves masajes por el pecho y brazos.

-Minnie… -el joven había abierto los ojos dándose cuenta de que su amigo ya había llegado

-¿Quién mas podrá ser?... no lo puedo creer, te dejo solo un fin de semana y mira que estupideces haces… -el chico evito la mirada del moreno –se suponía que hoy llegaría temprano para poder irme a la universidad, pero con esto ya me has quitado mucho tiempo

-perdón…

-está bien, supongo que siempre serás el mismo idiota de siempre –el movimiento de su mano ya había cesado, ahora solo se dedicaba a observar a su amigo

-¿Por qué no llegaste ayer como siempre?

-mis padres insistieron en que me quedara a dormir un día más… no creí que en unas horas te pusieras de esa forma –le decía con una expresión seria

-perdón… como no habías llegado invite a unos amigos, y después decidimos salir a una discoteca y pues se me paso –si se veía arrepentido, pero ¿Por qué siempre tenía que repetirlo?

-nunca dejaras de ser un imbécil

-no seas malo conmigo Minnie, es tu culpa por dejarme solito -un puchero se apareció en su rostro, el cual Min ignoro por completo

-¿y ahora como iré a la universidad? –Dijo antes de que el chico saliera disparado al baño –maldición, tendré que faltar para cuidar de este imbécil

-esto es horrible… no vuelvo a tomar, lo prometo –el chico acababa de vomitar, la borrachera de ayer ya estaba empezando a tener los efectos

-no prometas cosas que sabes no cumplirás

-que no tu ya te habías ido a la universidad

-si quieres me voy

-no, no…. Min, Min no te vayas no me dejes solito en este dolor, no me dejes Min –se agarro fuerte de las piernas del chico dejándose caer por completo en el piso

-está bien, pero ya levántate…

-okis… bueno Min ¿Qué me vas a dar de almorzar? –le decía con una sonrisa mientras se sentaba en la mesa de la cocina

-ahh… supongo que tendré que hacer algo rápido

-quiero hot cakes… sip eso quiero

-está bien… -el chico resignado comenzó a sacar lo necesario para comenzar a cocinar lo que le había pedido su amigo, después de todo el también tenía hambre y eso le serviría de escusa para quedarse en casa y comer asta ya no poder mas –pero me debes una, maldito holgazán nunca haces nada, no puedo creer como es que sigo viviendo contigo

-pues la puerta es enorme Min, hasta tu cabrias por ahí

-maldito si tu pesas cien kilos más que yo, así que no digas nada porque eso no es verdad

-ok, ok, Min tu eres súper guapo, Mr. Universo… bueno aun no sé si eso exista, pero da igual tu quedas entre los finalistas

-maldito Akira…


En la mansión Jung, el chico pelinegro seguía en la habitación hablando por teléfono de lo más divertido con uno de sus amigos, o eso parecía, ya que estaba con unas risas que las podía escuchar hasta el jardinero de la mansión, y eso que el solo trabajaba en el jardín, comprendiendo así la distancia que esto conllevaba.

-claro Chun…

-por cierto Joongie, ¿Qué tal van las cosas con tu prometido?

-supongo que bien, hoy se ha ido temprano a su trabajo, y pues ahora estoy en mi casa completamente solito

-ya veo… ¿Por qué no vienes a verme?... no sabes lo aburrido que he estado últimamente, las personas son tan descuidadas que me quitan tanto tiempo

-es tu trabajo Chun, además eso es lo único que sabes hacer

-malo, malo… que no se supone que también puedo componer, tocar el piano y cantar… soy un chico con muchos talentos Joongie, así que no digas cosas sin sentido –se escucho un claro puchero

-ok, ok… por cierto no me has dicho como salí en la revista

-precisamente la estoy viendo… estas increíble Joongie, de verdad que ese Jung a tenido una suerte de los mil demonios al tenerte atado a él, a él y a su cama

-¡¡Chun!! ¿Cómo dices eso?... nunca dejaras de tratarme así, si la persona con la que sales te escuchara hablar de esta forma con mi hermosa persona, estoy seguro que pensaría que le pones el cuerpo o algo por el estilo

-relájate Joongie, esa personita no es como tú de celoso…

-cierto, nunca me la as presentado, ¿o es un chico?, bueno eso no importa el hecho es que nunca me has presentado a la persona que roba tus sueños

-algún día mi Joongie, por ahora confórmate con saber que es una preciosura

-mmm… está bien, espero tener el privilegio de conocer a esa “preciosura” pronto

-ya verás que si, ya verás que si... bueno Joongie de mi corazón ahora tengo que atender este horrible trabajo que me cargo, ya después te hecho una telefoneada para que nos podamos contar más chismes

-ok, ya parecemos viejas del mercado… cuídate Chun

-ok primito… no olvides cuidarte, no quiero que me vengan a decir que estas de nuevo en el hospital

-eso fue una exageración por parte de mi queridito, ya sabes cómo se pone en ocasiones

-si lo sé, pero pues tiene razón en cuidar a un tesoro como tú, mi vida…

-ok, ya cállate tonto, mejor ya cuelga

-yo también te quiero ¬¬… bueno nos vemos pronto…

La conversación de los chicos por fin había terminado, después de eso Jae salió de la habitación para ver qué podía hacer mientras no tenía ningún compromiso programado.

-nada… -el chico se acostó en el sillón esperando a que algo pasara en su ahora no tan interesante vida, pero es que así era esta, después de su compromiso con el señor, el pobre había tenido que cancelar muchos de sus trabajos como modelo, y apenas si podía hacer algunas cosas. El modelaje siempre había sido su vida, desde que era muy chico soñaba con mostrarle al mundo aquellos dotes que poseía y que provocaban más de un suspiro.

La oficina del presidente de la gran empresa Jung estaba siendo ocupada por dos jóvenes que se encontraban sentados frente al escritorio, en el cual se encontraba sentado el señor Jung padre.
La tención se podía sentir en el aire, los dos jóvenes no asían más que escuchar lo que el más grande les decía a los dos chicos especialmente a su hijo Junsu que estaba prestando muy poca atención.

-¿entendiste? –dijo el hombre con un tono de enojo al notar que su hijo estaba como en las nubes

-si… -paso los ojos por todo el lugar –lo has dicho tantas veces que creo que hasta sueño con eso… no entiendo porque tengo que hacer esto, el modelaje es algo que he hecho por años, nunca había tenido problemas, ¿Por qué tengo que dejar de hacerlo, solo porque ahora estoy casado?... si me dejaras continuar con esto no tendría problemas en atender mi hogar, ni que fuera tan difícil

-basta… he dicho que de ahora en adelante le dedicaras tiempo completo a tu esposo, y eso es todo –el señor sonaba serio, era lo que quería para el bienestar de la familia de su hijo

-pero…

-he dicho que eso es todo –Junsu intento decir algo, pero se quedo en el aire al darse cuenta que no tendría ningún sentido, conociendo a su padre simplemente le ignoraría

-¿puedo ir me ya? –pregunto impaciente por salir de una buena vez de aquel lugar tan ahogante

-aff... si ya puedes irte –el chico se paró de su asiento para retirarse de una buena vez –espero que el tratamiento que te estás asiendo este funcionado –se detuvo de golpe

-si no, no estaría en ese lugar –y así salió de aquella lujosa habitación dejando a los dos hombres con una intranquilidad en su mente

-ese muchacho nunca va a entender –dijo el señor tomando algunos papeles en sus manos

-si… pero he notado algo raro en el

-¿Qué cosa?

-últimamente y de una forma extraña ha estado muy altanero, el siempre ha sido un chico tranquillo y de cierta forma obediente, pero de unos días a la fecha ha estado a la defensiva, como si algo lo motivara a ponerse de esa forma –el chico hablaba con nostalgia, como recordando el pasado

-tal vez ha de ser el tratamiento que lo ha puesto de esa forma… no se tal vez efectos secundarios o simplemente estrés por todo aquel trabajo que ahora esta asiendo

-puede ser –el pelinegro se levanto y salió de la oficina sin decir ni una sola palabra mas


La universidad se había vuelto un segundo término para el moreno chico que ahora no se dedicaba a otra cosa que a cuidar a su amigo de tantas borracheras, y no era como que fuera malo, o que fuera un vago, pero Min sabia que esas influencias de amigos que tenia no le ayudarían en absolutamente nada, y aun mas en esos días que el moreno se iba a pasar con sus familiares o con algún otro amigo.
Después de llevar la ropa a la lavandería y dejarla para que la encargada hiciera el trabajo, el chico había salido al súper para poder comprar lo que necesitarían en el día. Un hermoso Lamborghini Gallardo LP560-4 salía de los departamentos donde los dos chicos se estaban alojando con dirección al centro comercial, el castaño procuraba ir a lugares seguros ya que con semejante auto no dudaría que alguien quisiera robarlo (yo, yo yo kero *¬*).

Ese mismo día el joven Ikeda ya había hecho la cita para su tratamiento en el hospital central de Seoul. Como siempre había tenido que ir solo ya que su marido se la pasaba trabajando en la empresa de su familia, que ahora se había asociado con la famosa empresa Jung.
El esposo de Junsu tenía más trabajo que otros, ya que el tenia que manejar los negocios de Japón así como los de Korea.

El Murciélago LP640 de Junsu ya salía rumbo al famoso hospital. El pelirrojo a pesar de ser un chico modesto y persona sencilla, tenía una cantidad de autos para cada ocasión, pero en este caso su Murciélago blanco era de todos su consentido.
Al llegar al enorme edificio el pelirrojo estaciono su coche en el estacionamiento subterráneo de aquel lugar. Salió tranquilamente de él y subió las escaleras para poder por fin entrar al blanco y gran edificio.
La primera persona que vio fue la recepcionista, la chica parecía una mujer amable y sonreía cándidamente al chico que se estaba aproximando.

-señor Ikeda buenos días –dijo la chica con la misma sonrisa amable

-buenos días Karen –respondió de igual forma el chico -está el doctor, ¿cierto?

-claro que sí señor, el doctor se sorprendió por que no haya venido ayer, ¿paso algo?

-nada, solo que he tenido que atender algunas cosas con mi trabajo

-es una lástima, usted es un excelente modelo –dijo la chica con un tono melancólico –pero pues siempre se tiene que renunciar a ciertas cosas en la vida

-lo sé… bueno ¿puedo pasar ahora o necesito esperar? –pregunto el chico un poco ansioso

-solo espere a que salga el paciente que ahora está con el doctor, yo le llamo cuando pueda pasar señor

-está bien –el chico se sentó en una de las bancas, saco su celular para pasar el tiempo y se puso a jugar algunos juegos tontos

Tan solo algunos minutos pasaron los cuales para el pobre de Junsu se le hicieron eternos, Entonces vio salir a una hermosa mujer alta, la chica vestía un no muy largo vestido rojo, con tacones del mismo color y un sombrero que parecía iba a alguna fiesta de la alta sociedad.
Cuando la chica desapareció de la vista del joven, Karen la recepcionista lo llamo para informarle que ya podía entrar.

-gracias Karen –de esa forma subió en el elevador hasta el octavo piso, camino hasta el final del pasillo y toco en la última puerta de este

-pasen –se escucho desde el otro lado de la blanca puerta

Junsu abrió la puerta y se dio cuenta al entrar que la habitación estaba aparentemente vacía. El pelirrojo busco con la vista en el blanco cuarto, pero parecía estaba completamente vacío. Sus ojos se pasaban una y otra vez por el frente de el consultorio, viendo el escritorio vacio, las esquinas vacías, los lados vacios hasta que…

-ahmh –un gemido escapo de su boca al sentir como unos fuertes brazos lo rodeaban por la espalda, y como esa boca comenzaba a besar su cuello –ahmmm…

-¿se puede saber por qué no viniste ayer? –pregunto el chico pasando su lengua por toda la extensión de aquel cuello –te estuve esperando

-mmm… -no podía pronunciar ni una sola palabra, estaba lleno de placer y los toques que ese hombre le asía eran increíbles

-¿Dónde estabas? –sus manos habían comenzado a desabrochar la camisa azul del pelirrojo

-ahhmm… estuve en la empresa –decía con la voz entrecortada y jadeosa

-¿la empresa? –la camisa estaba completamente abierta pero sin ser quitada de aquel cuerpo, y las manos del “doctor” viajaban por toda la extensión de aquel blanco pecho

-hablada con mi… padre –el otro chico había comenzado a pellizcar sutilmente los pezones rosados de Junsu, dejándolos completamente duros

Las manos del chico se movían por toda aquella extensión blanca del pelirrojo, pasando una y otra vez por los ahora duros pezones del pequeño, jalando y acariciado estos con tal dulzura y pasión a la vez que Junsu no podía evitar gemir de placer. La boca del chico estaba entreabierta dejando salir todo lo que solo podía expresar con aquellos gemidos y jadeos que no dejaban descansar a su garganta.

-eres un niño malo… lo sabías –esas manos impacientes acariciaban ahora el miembro del pelirrojo semidespierto por encima del pantalón azul de este

Las sensaciones que le provocaban esos toques a Junsu eran inigualables, la electricidad viajando por todo su cuerpo concentrándose en la entrepierna y vientre bajo del chico. Sus manos solo podían acariciar los brazos de aquel hombre que lo estaba llevando al más placentero de los lugares.

-y los niños malos se merecen un castigo –con rapidez el joven llevo al pelirrojo hasta el escritorio que se había encontrado frente a ellos

Junsu estaba ligeramente sentado en la orilla del escritorio con aquel joven encima de él, besando sus labios apasionadamente, desesperadamente como si este fuera el último de los besos que se darían. La lengua del más grande se abría paso por aquella cavidad ansiosa por sentirlo dentro, sus sabores mezclándose en el más rico de los dulces besos, las dos lenguas disputándose por el control de aquel mojado trabajo. Los gemidos se perdían en aquel excitante acto que poco a poco los estaba dejando sin aire, pero que a pesar de eso no se detenían, no tenían la intención de detenerse, por que se necesitaban, necesitaban sentir que su amor era cierto, que estaban ahí y que nada los separaría, que aquello seria por siempre… lo necesitaban, aun a sabiendas de que eso no era verdad, aun a sabiendas de que aquello podría terminar en cualquier momento, en cualquier lugar.

No les importo tirar todas las cosas del escritorio al recostarse sobre este, ni siquiera les importo si alguien entraba o si alguien escuchaba, lo único que les importaba era disfrutarse el uno del otro, recorrerse con aquella lujuria y pasión que solo podían sentir cuando estaban juntos .

Las manos de Junsu ya estaban comenzado a quitar aquella bata blanca que todavía cubría el cuerpo de aquel hombre que no le dejaba descansar, que no le dejaba dejar de sentir placer, aquel placer que solo podía lograr con él, aquel placer que muchos podían ver como prohibido, porque lo era, porque él era un hombre casado, un hombre que ahora estaba formando una familia, una familia que le fue asignada por su padre, aquella a la que él no le gustaría pertenecer. La bata había quedado en el suelo y sus manos ahora luchaban por quitar esa estorbosa corbata azul que no le permitía el paso, cosa que no tardo en ocurrir cuando ya toda la parte de arriba de aquel hombre estaba en el suelo junto con la bata.

La lengua del doctor pasaba una y otra vez por el cuello mojado de su prisionero, cada vez bajaba mas, cada vez se acercaba más a su objetivo. Se paro en los rosados pezones del pelirrojo, los observo por un instante, al darse cuenta que ya se encontraban ligeramente rojos por el trabajo realizado asía unos segundos. Pero no le importo, siguió lamiendo uno de ellos mientras que con su mano izquierda pellizcaba el otro preparándolo para la llegada de su cálida lengua. El pelirrojo no podía más que sostenerse de las orillas del escritorio para no perder el control, pero no tenía sentido, no tenía sentido resistirse ya que era lo que más deseaba, se moría por recorrer de igual forma el cuerpo de su amante.
Sus manos comenzaron a acariciar el pecho del chico que tenía casi encima de él, las pasaba una y otra vez por esos lugares que sabía eran sensibles para aquel “doctor”, pero fue detenido…

-no baby… el castigo es para ti…

-pero… -sus mejillas estaban con el mas carmín de los colores, apenas si podía articular palabra

-pero nada, los niños malos no tienen derecho a quejarse –una sonrisa picara que le recorrió todo el cuerpo pasando electricidad por el

Junsu ya no dijo nada, solamente se dejo hacer por aquel hombre que parecía un experto en el arte de amar, y no era como que él fuera un chiquillo casto y puro, pero cada que estaba con aquel doctor, era como si perdiera todas sus fuerzas y conocimientos de la materia, era como si cada que estaban juntos fuera su primera vez, su primera experiencia.

El pantalón del chico fue arrebatado con destreza dejándolo solo en los calzoncillos grises que ya dejaban ver su miembro deseoso por salir de aquella prisión. El doctor jalo al chico fuera del escritorio y rápidamente lo subió a la camilla que se encontraba en una esquina del consultorio. El hombre se encontraba a horcajadas de aquel frágil cuerpo que estaba semidesnudo.

Bajando con tranquilidad llego hasta la entrepierna del muchacho, observo por un momento esta antes de comenzar a darle pequeños besos por encima de la pequeña tela que los separaba del placer máximo. Junsu movía sus caderas en señal de desesperación, quería ser atendido de una buena vez, su miembro ya le dolía y las caricias del hombre asían que le doliera a cada momento más. En el rostro de este se podía ver una expresión de victoria al provocar aquellos gemidos, aquella sonrojada cara y aquel despierto cuerpo que le imploraba por atención.

-por favor… -se escucho salir de los labios rojos del menor

-te he dicho que te has portado mal… -seguía con aquella sonrisa triunfante y picara

-eres un malvado… me has hecho ponerme así y ahora me dices que no vas a terminar

-yo no dije eso baby… solo dije que te castigaría –su mano comenzaba a masajear la hombría del pelirrojo por encima de su prisión

-quítalo… me estorba –decía con la misma expresión desesperada de antes

-no lo sé, supongo que solo lo haré si me prometes que te vas a portar bien de ahora en adelante –sus manos comenzaban a jugar con la pretina del calzoncillo, como viendo si los quitaba o no

-lo prometo, prometo que seré buen chico, pero quítalo… Chunnie por dios quítalo de una buena vez

-mmm… no lo sé –seguía jugando con Junsu de una forma que desesperaba a este

-por dios YooChun si no la quitas tendré que masturbarme y me iré de aquí –intentaba sonar indignado, pero no podía, cada que la mano de Chun pasaba por su excitación las fuerzas parecían abandonarlo

-¿te irás?

-me iré… y te dejare duro –Yoochun bajo su mirada hasta su entrepierna, Junsu tenía razón su miembro le estaba doliendo tanto como al pequeño

-ta’ bueno… -de esa manera comenzó a bajar el calzoncillo del pequeño asta aventarlo con la otra ropa que se encontraba en el suelo

Sabiendo que si no se daba prisa su pequeño y hasta el mismo tal vez perderían la cordura, se apresuro a tomar el miembro del chico y comenzó a masajearlo lentamente, pausadamente hasta que las caderas de este se movieron para indicarle que deseaba más rapidez.

-que desesperado baby… -bajo completamente hasta que su cabeza volvió a quedar a la dirección de aquel pedazo de carne y comenzó a lamer la caliente excitación del pelirrojo

Los gemidos del chico no tuvieron que hacerse esperar, el chico estaba tan caliente que sentiría que no tardaría demasiado. Yoochun metió la hombría del chico completamente en su boca succionando una y otra y otra vez aquel pedazo caliente de carne.

-ahhmmm mhhmm…

Los movimientos que llevaba estaban incrementando de velocidad, el sabor de préseme del pelirrojo ya comenzaba a llegar a su garganta y el movimiento de su boca se estaba incrementando así como el dolor de su entrepierna.

-ahhmm Chunnie… mmhh…

Después de unas cuantas succiones más el menor termino llegando en la boca de du amante regalándole el delicioso sabor de su esencia. Yoochun trago todo aquel líquido blanquecino hasta que toda su cara estuvo limpia. Subió lentamente hasta donde su novio que seguía con la respiración a mil por hora, su pecho subía y bajaba intentando regular la respiración para poder seguir con lo que ahora se aproximaba.
El doctor beso los entreabiertos labios del pelirrojo dándole a probar de su propia semilla, lo cual este acepto con todo el gusto del mundo.

-Chunnie… te quiero dentro –logro decir aun con un gran temblor por el pasado orgasmo

-yo también, me muero por entrar –dijo separando lentamente las piernas del chico dejándolas completamente abiertas y con la mejor vista que alguien pudiera tener –eres hermoso –las mejillas del chico volvieron a tomar aquel color rojo

Yoochun comenzó a tocar aquellas partes más intimas de Junsu, sus dedos comenzaban a tocar lentamente su entrada asiendo desesperar al chico que se encontraba recostado, su sonrisa seguía siendo la más picara y seductora que alguien pudiera tener, la cual aumento al oír aquel grito de dolor cuando uno de sus dedos entro a la cavidad mojada del pequeño. El castaño había llevado algo del seme que quedaba en el miembro del pelirrojo para poderlo lubricar. El segundo dedo entro después de unos segundos moviéndose en círculos para poder preparar aquella entrada que pronto seria suya. El tercer dedo no espero mucho a sentir aquella caliente entraba que ya se sentía y por la cara del chico, más relajada, menos tensa.
El doctor termino de quitarse la ropa que aun seguía encima de él, quedando por fin en las mismas condiciones que el otro, volvió a subir a la camilla quedando casi sobre el pelirrojo, se acomodo entre las dos piernas del “paciente” llevando su miembro hasta la entrada de este.

Junsu sentía el palpante miembro de aquel chico rosando su entrada, YooChun sabía que eso lo desesperaba de sobremanera, y Junsu ahora entendió lo de castigarlo.

-Chunnie date prisa… -seguia intentando hacer que el castaño lo “perdonara” por haberse portado mal

-tranquilo baby… -dijo antes de penetrarlo rápidamente

-ahhhhh… -un grito de dolor no se hizo esperar

-así te gusta que te tome lindo –decía acariciando su mejilla tratando de hacer que se relajara

-salvaje… -tenía los ojos cerrados tratando de hacer que el dolor pasara rápidamente –pero si… así me gusta…

-jaja… mira, y luego dices que yo soy el pervertido

-cállate y comienza a moverte

-como digas amor

Las embestidas comenzaron lentamente pero profundas arrancando gemidos de las dos gargantas. Pero sus cuerpos les pedían más velocidad, velocidad la cual no fue negada, y Yoochun comenzó a mover sus caderas rápidamente asiendo que los gemidos del pelirrojo no tuvieran descanso. Su mano había comenzado a acariciar el miembro del chico incrementando su placer al doble.

-ahh ahhmm ahhm mmhhaa… -las mejillas rojas, su miembro excitado siedo acariciado y cavidad siendo invadida por el caliente miembro de su doctor y aquellas manos que deceaban explorar todo aquel bien formado cuerpo

-Susu ahhmm… eres delicioso

-ahhmmm… mas fuerte… ahmm

-¿mas fuerte?... mmhh asi –aumento de velocidad y las penetraciones fueron incrementando de velocidad dejando a Junsu sin ninguna queja

Los minutos pasaron y los chicos sentían el orgasmo venir, las sensaciones se incrementaban y su vientre bajo ya comenzaba a sentir todo el liquido que quería dejar salir. Unas cuantas embestidas más y el menor de los chicos termino viniéndose en la mano de su amante, mientras que Yoochun se derramaba en el interior del pelirrojo. Sus respiraciones seguían agitadas el orgasmo había sido increíble y aun no podían recuperarse de este. Yoochun intento salir del pequeño pero este lo detuvo antes de que esto pasara.

-todavía no… -pudo articular

El mayor solo se quedo recostado en el pecho de su amante esperando a que este le pidiera que saliera de el.

-me gusta sentirte dentro –sonrió tímidamente mientras acariciaba el pelo del doctor


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Capitulo 2

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