26 ago. 2009

Deseos (cap 11)

ADVETENCIA: Lemon suave

CAPITULO 11. FIEBRE DE AMOR

Afrodita ya no se molestó siquiera en preguntar el porqué de aquella petición, no se molestó en mirar esos ojos del color de los océanos porque sabía que lo que vería en ellos sería tan innecesario como esperar a que la propia Artemisa entendiera por lo que está pasando; así que fue directamente con quien sabe le puede dar las respuestas que necesita ahora.

- qué es lo que está pasando con Artemisa, y esta vez quiero la verdad, sin rodeos, sin misterios... – preguntó a la diosa de la fertilidad, Démeter observaba plácidamente el color nacarado del atardecer cayendo sobre la Tierra.

- Apolo (Dios del Sol, hermano gemelo de Artemisa) les da sus bendiciones cada día, mientras Artemisa les ofrece un poco de oscuridad cada noche, es como la búsqueda de la armonía, del yin y el yang...

- eso lo sé, el dios del sol y la diosa de la luna, son la armonía que reviste el día y la noche de los mortales, les ofrece en cada estación lo que necesitan para vivir. Qué demonios tiene que ver eso con lo que está haciendo Artemisa...

- solo recordaba... – la diosa de la fertilidad volteó a ver a la diosa del amor, con una sonrisa cálida en sus labios... – cuál es la principal virtud de Artemisa?

- su castidad... – rió con un dejo de ironía... – no me vas a salir ahora que todo el daño que está ocasionando es por eso...

- sabes porqué le pidió eso a Zéus, porque le pidió ser virgen eternamente?... – la diosa del amor negó con la cabeza, realmente no sabía, los rumores en el propio Olimpo habían ido y venido hace siglos con las razones de aquello, pero la verdad, supone solo es de conocimiento del dios de dioses y la diosa de la luna... – sabes porqué tus poderes no tienen efecto sobre ella?...

- deja de hacer preguntas y mejor dímelo... – la diosa del amor nunca ha sido precisamente paciente para drenarse el cerebro y pensar en algo...

- durante su primer vida, cuando tú apenas aprendías a dominar tus propios dones, por accidente, hiciste que Artemisa, siendo una adolescente, se enamorara de un mortal, con el pasar de los años aquel joven se hizo hombre, y como todo hombre tenía necesidades, pero qué iba a saber Artemisa acerca de no confiar en cualquiera a la primera. Ella le amaba, le amaba ciegamente porque así es como tu hacías que se enamoraran cuando todavía no dominabas tu don... se entregó sin medidas a ese amor una sola vez, en ese bosque en el que ella caza con tanta frialdad, y cuando le entregó su virginidad a ese mortal jamás le volvió a ver... triste e iracunda fue a buscar consuelo en quien ella veía como una madre, pero sabes bien que Hera siempre le ha visto más como una blasfemia a su condición divina porque es la viva imagen de Leto, una de las tantas amantes de Zeus con quien procreó hijos. Hera le dijo que la humanidad así era, que así sería siempre, que solo vivían para las cosas banales, y fue idea de ella que Artemisa le pidiera a su padre castidad eterna; lo que ni el propio Zeus imaginó cuando concedió los deseos de su hija es que su aun esposa, la diosa del matrimonio y la más despiadada de todo el Olimpo lanzaría una maldición sobre Artemisa al momento en que su deseo fue concedido por el Dios de Dioses. El día en que la diosa de la Luna se enamore y deseé renunciar a su virtud iniciará su proceso de transición para reencarnar entre los mortales, cuando eso suceda los dones de la Diosa del Amor pasarán a manos de su hija Eris (Diosa de la Discordia)...

- mis dones?... – interrumpió con evidente sorpresa, si la maldición era para Artemisa porqué ella perdería sus dones, o sea, su divinidad.

- si tus dones pasan al poder de Eris, sabes bien lo que pasará con la humanidad, Eris es peor que Hera, pero si llega a tener el poder que tienes tú, en la Tierra no habrá amor, los sentimientos quedarán en el olvido y no habrá sino solo deseo carnal, discordia. Artemisa no puede permitir eso, así que decidió reencarnar entre los mortales; y eligió de entre todos ellos a los que más conflicto causaron en su comprensión divina, porque lo que más nos conflictúa es lo que mas fuertes nos hace también.

- todavía no estoy comprendiendo, si la maldición es para Artemisa porqué robar mis poderes cuando ella reencarne?...

- Hera es más inteligente de lo que muchos suponen, sabes, pero es también una mujer demasiado celosa. Si Artemisa reencarna en un mundo gobernado por la Discordia, cómo crees que vaya a ser su personalidad divina?...

- igual que la noche, donde la luna habita, oscura... -

- el conflicto de identidad es inevitable, Artemisa solo quiere asegurarse de que reencarnará en un hogar lleno de amor...

- es una excusa muy tonta, el amor entre esos chicos es mas que claro, lo que me pide...

- lo que te pide, sometiéndolos a deseo carnal, a pruebas banales, es lo que necesita saber no existe entre ellos para reencarnar... es por seguridad divina...

.............

- no puedo creer que no podremos pasar Navidad y Año Nuevo juntos... – haciendo pucheros tristes, el castaño comentó, sentado en la sala donde se encontraban todos reunidos, excepto Ji Yong.

- pues ya ves, se la ha gastado buena la Disquera esta vez, mandarnos a Japón de nuevo... – opinó el menor.

- pero no se quejen, después de todo estamos festejando, no?... – habló Jae. El departamento se encontraba ataviado de luces colgando alrededor. El árbol navideño (que tan empecinadamente decoraron Min, Jun Ho y Ji Yong) estaba adornado con espuma nieve para darle ese toque nevado, tenía pequeñas luces parpadeando, varios muñequitos de figuras decembrinas y regalos alrededor. Los muebles estaban revestidos con carpetas de color rojo y verde en las coderas. La mesa tenía un candil con velas en el centro, los cubiertos estaban ya dispuestos para cenar y un rico aroma a ponche de frutas salía desde la cocina.

- oigan, par de holgazanes, no deberían de estar ayudando a Ji Yong en la cocina... – el ratón lo recordó cuando ese aroma llegó a su nariz, que sino, los muy ingratos ni se hubieran acordado.

- hola! Mira quién habla, no veo yo que estés haciendo mucho... – obviamente quien atacó fue su cuñado, es que hoy tampoco se están llevando precisamente bien. Aunque sus peleas son divertidas.

- cuidar de mi delfín es lo más importante para mí en este mundo... – dicho lo cual abrazó a su novio posesivamente.

- ni que se fuera a caer del sofá si lo sueltas por un segundo... – retomó el ataque. Celoso porque desde hace dos días que el pelinegro no suelta ni a sol ni a sombra a su hermano, que no ha podido hablar con él ni un minuto con el ratón pegado todo el santo día y la noche a él.

- ya dije, no lo suelto, mañana nos vamos y no lo voy a ver por un largo mes... – tomó a Junsu y lo instó a sentarse en sus piernas, el castaño, igual que Jae y Yunho solo observaban divertidos la escena, sonriendo con esa riña de cuñados tan infantil. Min se veía bastante más curioso llevando su vista a uno y a otro conforme se cedían la palabra (si sigue así le va a doler el cuello).

- me voy contigo, por si se te olvida, o sea que yo tampoco voy a ver a mi hermanito por un mes, así que, deberías permitirme...

- ¡nada! Mi delfín es mío y de nadie más... – interrumpió, estrechándolo más en un abrazo.

- chicos... – llamó suavemente el castaño.

- él empezó... – se acusaron mutuamente, señalándose con el dedo y un puchero de berrinche bastante cómico en sus labios.

- Yunnie?... – llamó el castaño oscuro a su novio...

- qué pasa?... – apenas se había levantado para ir a la cocina a ver qué tal le iba a Ji Yong o si necesitaba ayuda cuando su novio le habló, regresó sobre sus pasos, se quedó de pie en el respaldo del sofá, colocó sus manos en éste y agachó un poco el rostro para ver a su novio desde la altura.

- tú no me vas a extrañar, tú si me sueltas, no te la pasas pegado a mí?... – cuestionó con la boca en trompetilla, mirándolo con la cabeza ligeramente hacia atrás para poder tener mejor vista del rostro de su novio, quien sonrió por la pregunta.

- pero si me acabo de levantar, y solo iba a ver si Ji Yong necesitaba ayuda para mandarle a estos dos... – señaló con la mirada a Jun Ho y Min, los chicos le miraron ofendidos por la forma en que se refirió a ellos, pero fueron olímpicamente ignorados por el appa... – claro que te voy a extrañar, porqué crees que casi no hemos dormido en la última semana... – eso último se lo susurró con voz sensual, para que solo él escuchara, un sonrojo evidente se instaló en las mejillas del mayor.

- hoy no duermes nada... – murmuró el mayor, mordiéndose el labio como solo él sabía, logrando que Yunho le besara como deseaba en esos momentos, un beso largo y tierno con toques apasionados.

- Chunnie, yo quiero que me beses así... – el castaño, cómodamente sentado en las piernas de su novio, había observado ese beso y quería uno igual, pero el ratón no había alcanzado a comprender el porqué; así que se acercó a besarlo... – así no...

- eh?... – soltó confundido, pues no que quería que lo besara así, los actores de aquel beso se separaron con un chasquido húmedo entre sus bocas.

- ay Chunnie, quiero el beso estilo spiderman que se acaban de dar... – Min y Jun Ho rodaron los ojos cuando escucharon eso, Jae y Yunho se le quedaron viendo con cara de “what”... -

- cómo... – volvió a preguntar el ratón, con una sonrisa en los labios, la de cosas que se le ocurren a su delfín. Por eso, entre muchas otras cosas, lo ama.

- sí, sí, tú de pie, un beso, cómo decirlo, de cabeza... – trataba de explicarse Junsu para darle a entender a Yoochun cómo quería que lo besara, pero más que parecer querer un beso por gusto era como si estuviera pidiendo algo por capricho, adorable de todas formas... – vamos, ya no te acuerdas de la película, no se cómo explicarlo... – puchero de niño pidiendo su dulce favorito.

- pero así ya no es espontáneo... – se quejó el ratón, regresándole el puchero infantil... – eso es copiar Su...

- no me quieres besar?... – los ojitos del delfín se cristalizaron levemente (n/a: es que ya saben, los cambios de humor)

- claro que quiero, mi niño... – cumpliendo con el deseo de su novio, que ya tenía la sonrisota en la boca porque le iban a dar su beso estilo spiderman, lo sentó cuidadosamente sobre el sofá, se colocó detrás de éste, igual que lo hiciera el moreno con umma, acercó su rostro para besarlo. Pero cuando ya sus labios se habían rozado el delfín dio un ligero brinco seguido de un quejido que lo alertó... - qué pasa, te duele el vientre otra vez.... -

... pero el castaño solo sonreía, tomó una mano de su ratón y la colocó sobre su vientre... – es que tus hijos han decidido comenzar a moverse... – el pelinegro sintió una ligera patadita en el vientre de su novio.

- pateó... – señaló todo emocionado, que hasta las lágrimas se le acumularon en los ojos, el resto sonrió feliz también, y aunque morían de ganas por sentir esas pataditas también, les dejaron su privacidad... -

- y mira que patean fuerte... – las manos de ambos estaban cubriendo su tripa de ya cinco meses...

- se estarán peleando... – sonrisa de padre superfeliz con su primer contacto ante los movimientos de sus hijos aun en el vientre del “mami”.

- no... creo que están nadando en la placenta... es como si estuvieran jugando... – y ni como contradecir a una madre, siempre saben qué onda con sus bebés desde que los tienen en su interior.

- Te Amo... – ahora sí, el ratón le dio a su delfín el beso estilo spiderman, pero ahora fue más que espontáneo.

- el pavo estará listo en unos minutos... – apareció de pronto el chico raro, sonriendo como solo él sabe, con esa inocencia marcada en su semblante. Traía puesto un delantal con el estampado de un famoso anime de ninjas...

- oh, que bien, muero de hambre... – se quejó el menor, tocándose la tripa, donde unos ruiditos dejaron en claro que no mentía.

- glotón... – se burló el gemelo, y ahí iba otra pelea entre esos dos.

- adornar la casa agota energía y no he comido nada desde la mañana... – se defendió el menor con el ceño fruncido.

- sí claro, tú siempre encuentras un buen pretexto para tapar tu glotonería... – señaló como restándole importancia...

- al menos no me la paso quejándome hasta del aire que respiro... – se fulminaron con la mirada por unos segundos, hasta que al gemelo aquel contacto le intimidó porque sintió un cosquilleo en el estómago, motivo por el cual desvió la mirada con indignación fingida.

- parecen un par de hermanitos... – comentó Ji Yong con una sonrisa.

- yo de éste, nunca... – dijeron al mismo tiempo, luego se cruzaron de brazos y miraron al lado contrario con un puchero en la boca.

- ay, ya dejen de gritar, me van a despertar a los babys... – les llamó la atención Jae, sobándose tiernamente la tripa, sus nenes todavía no se mueven como los de Junsu, pero es capaz de sentir cuando sus niños están despiertos, cuando duermen, cuando tragan, sabe que de un momento a otro también se empezaran a mover, y solo espera que sea antes de que su novio parta a Japón para que puedan compartir ese gran momento.

- ahora ya solo los quieres a ellos... – el menor fingió llanto, y con esa chispa ocurrente que le caracteriza, decidió jugar un rato... – voy a cambiar de umma... – y se aferró a los brazos de un sonriente Ji Yong.

- eh?... traidor... – le siguió la corriente el castaño oscuro... – te dejaremos sin herencia... -

- no importa, ya tengo umma nueva... – y se apretó más al cuerpo del chico raro, que simplemente estaba ahí con su sonrisa inocente. Por el contrario, Jun Ho no gustaba de aquel abrazo, sintió un vuelco en el estómago y la sangre le hirvió, solo que no sabía si era porque Min abrazaba al chico raro, o porque este se dejaba tan dócilmente, o por ambas razones.

- Ji Yong, te advierto que ese niño solo te persigue para que le des de comer...- participó del juego el moreno.

- appa!... – saltó indignado el menor.

- ah eso sí que no, si ahora él es tu umma te has quedado sin appa, de ningún modo pienso compartir a mi Yunnie, no señor... – Jae agarró a su novio fuerte de las manos, como si en verdad se lo fueran a quitar.

- umma, tendrás que conseguirme un appa... – pidió inocentemente el menor, viendo con ojitos de borrego a medio dormir al chico raro, cuya mirada se fue inconscientemente a Jun Ho, pero nadie se dio cuenta, ni siquiera Min porque estaba más ocupado en hacerle morritos.

- eh, sí claro... – sonrió nerviosamente.

- cómo, así de fácil, no te digo, tú no sabes decir que no... – intervino el gemelo con voz molesta. El pitido del horno se escuchó y fue la campana que salvó a un nervioso Ji Yong de tener que decir algo al respecto.

- el pavo está listo... – ligeramente sonrojado se fue a la cocina.

- Min, Jun Ho, hagan favor de ayudar a Ji Yong a acercar las cosas a la mesa, quieren... – pidió suavemente Yunho. Iban a protestar ambos cuando la mirada de Jae les hizo saber que como se negaran iban a desear que el lindo chico raro de verdad fuera su umma porque él les iba a poner los puntos sobre las ies.

La cena transcurrió entre más bromas, pucheros y discusiones infantiles en donde todos participaban, aunque el chico raro solía simplemente seguir la corriente en todo. A la hora de los regalos todos recibieron obsequios lindos, pero sin duda los que más disfrutaron y hasta derramaron algunas lágrimas de emoción fueron Junsu y Jae, porque recibieron puras cosas para los bebés, desde ropa, hasta juguetes y artículos para la ducha, todo muy mono. Cuando cuestionaron sobre cómo le habían hecho para comprar aquello sin que saliera en los diarios o noticias sobre chicos de DBSK adquiriendo artículos para bebé, todos dijeron que Joo-Eun había terminado haciéndoles el favor a cada uno, ellos le decían lo que querían y ella iba y lo adquiría.

Al día siguiente, con un blanco manto cubriendo la ciudad por la nevada de esa noche, DBSK ya tenía las maletas en la van, afuera el manager les esperaba en su auto. Dentro del departamento cada uno se despedía de Jae y Junsu, con ellos se quedaba la simpática Joo-Eun.

- no quiero irme... – dijeron al mismo tiempo Yunho y Yoochun, abrazados a Jae y Junsu respectivamente.

- oye, estaremos bien, es solo un mes... – intentó animar el castaño oscuro a su novio... – eres el líder, recuérdalo, así que, muestra un poco más de fortaleza... – le dijo en fingido regaño...

- pero no te voy a ver en un mes JaeBoo... 30 largos días, y yo no me quiero perder las primeras pataditas de nuestros niños... – posó su mano en el muy abultado vientre de su novio (hombre, con trillizos desarrollándose ahí dentro, no era para menos).

- lo sé, pero hacemos esto por ellos, Yunnie, anda, que si no me harás llorar... – claro que les dolía tener que separarse por un largo, larguísimo mes, pero, tenía razón, todo era por sus bebés.

- Te amo, Boo... – se dieron un beso largo, tierno y definitivamente apasionado, esperaban que ese sabor les durara el tiempo suficiente para no extrañarse demasiado ese tiempo. Cuando el moreno se separó ya listo para irse de una vez, acarició una última vez la tripa de su amado y justo cuando iba a retirar su mano sintió esas pataditas en el vientre, bajo su mano... – se movieron... – comentó emocionado, ahora sí llorando de alegría y a la vez tristeza porque tenía que irse.

- creo que no querían quedarse sin despedirse por ahora de su papi... – las pataditas se siguieron un momento más. Jae y Yunho estaban llorando del mismo modo, entre felices y tristes.

- te llamaré todos los días.... – le dio otro beso, aun más entregado que el anterior, seguía esperando que su sabor le durara el tiempo suficiente. Claro que en cuanto la puerta del departamento se cerró separándolos definitivamente comprobaron que no era así, porque ya se extrañaban horrores.

El castaño no le dijo nada a su ratón, sino que se dedicó a besarlo amorosamente hasta que se lo arrancaran de los brazos. Igual pensaba el pelinegro, total que efectivamente no se separaron hasta que Jun Ho los separó y salieron del departamento.

.............

Un par de días a su llegada a Japón, donde el clima estaba muy frío, este terminó por pasar factura a uno de ellos. ChangMin pescó tremendo resfriado, por lo que permaneció ese día en el departamento mientras el resto salía a cumplir con algunos compromisos. Por la tarde Jun Ho regresó, como era el único que se había desocupado ya le dijo a Yunho que volvería para ver cómo se encontraba el menor.

De paso, compró algunas medicinas que Ji Yong recomendó ampliamente, y como es una clase de genio que sabe más que el mismo Min, pues no dijo nada y compró obediente el medicamento. Llegó al departamento, el interior estaba algo frío, cosa que le extrañó porque habían dejado la calefacción encendida para que el menor estuviera calientito. Se asomó a la cocina, luego a las salas de música y entretenimiento, y como no lo encontró ahí, supuso que estaba durmiendo o descansando en la habitación. Así que con un vaso de agua y la pastilla en una mano, el gemelo entró. Ahí estaba Min acostado, con el pijama aun puesto y destapado, las cobijas estaban en el suelo, era obvio que el menor había tenido calor por la misma enfermedad e irresponsablemente se había descubierto y apagado la calefacción.

- estás dormido?... – preguntó con una sonrisa, si lo estaba simplemente no lo escucharía, pero si estaba despierto seguro que reaccionaría molesto.

- ahora sí, porque iba entrando apenas al mundo de los sueños pero tu hermosa... – tono sarcástico... – voz me trajo de vuelta.

- no es mi culpa, Ji Yong dijo que esta medicina te ayudará a mejorar más rápido... – el menor se incorporó apenas, tomó la pastilla que se le ofrecía y la tragó pasándola con un trago de agua... – apagaste la calefacción, así no te recuperarás muy rápido que digamos.

- tengo calor... – se excusó con el ceño fruncido. Gesto que adoraba el gemelo, sobre todo si era causado por él.

- eso es porque tienes calentura... – le tocó la frente comprobando que tenía la piel más caliente de lo normal.

- estás fresco... – murmuró el menor, disfrutando de ese tacto que contrastó con su ardiente piel, cerrando los ojos inconscientemente. Eso fue demasiado tentador para el gemelo, que de pronto sintió unos deseos enormes de besar esos labios.

- comiste ya?... – se alejó de Min, tomó asiento en el borde de la cama, al extremo del menor.

- podré estar muriendo pero ni loco dejo de comer... – respondió con una sonrisa, demasiado brillante para el gemelo, que sintió un leve calor arremolinarse en su estómago y un ardor concentrarse en sus mejillas.

- lo imaginé... – se puso de pie dispuesto a salir de ahí porque no le gustaba lo que estaba sintiendo, bueno, no era que no le gustara, era que no sabía cómo manejarlo... – voy a la sala, a ver un poco de tele...

- bueno, gracias por la pastilla, y por haber venido... – el menor se volvió a recostar.

- si, de nada... – salió de ahí ya con el corazón latiéndole muy rápido en el pecho. Se fue a sentar frente al televisor, pasó por los canales una y otra vez sin encontrar realmente nada interesante, no cuando su atención seguía en la habitación que abandonó. Poco más de media hora después escuchó unos gemidos provenientes de la recámara, se escuchaban como de dolor, así que en un dos por tres ya estaba dentro... – Min, estás bien?... – se acercó a un jadeante Max, le vio la frente llena de sudor, tiritaba y tenía la piel muy caliente... – fiebre... – el gemelo fue a la cocina, llenó una vasija con agua fresca y después tomó unas toallas que humedeció y colocó en su frente y en su pecho.

- Kohei... – murmuraba el menor, como si estuviera soñando, su voz era ligeramente suave... -

- me parece que comenzará a delirar... – tomó su móvil y llamó a Ji Yong, con suerte estaría desocupado y lo atendería.

- Kohei, te extraño... – siguió murmurando el menor, su respiración algo agitada, los ojos cerrados, una sonrisa triste en sus labios. El gemelo sabía que ChangMin está enamorado del bailarín, pero desde hace dos meses que no se ven, porque a Kohei lo enviaron a China a trabajar con otro grupo, y aunque siguen en contacto por móvil y pasan horas charlando, nada es igual que tener a la persona enfrente, poder verla, sentirla. Sabe también que Min desea más que nunca poder estar con ese chico, se le nota en la mirada cada que lo menciona, cada que habla con él, cada que lo llama como en esos momentos. Ji Yong nunca contestó.

- no puedo dejarte así, seguiré con las toallas húmedas, a ver si te baja la temperatura mientras llegan... – dijo, más para sí mismo que para el menor. Quien seguía hablando como entre sueños.

Algunos minutos después, la fiebre había cedido apenas un poco, Min abrió ligeramente los ojos, pero parecía que no estaba consciente porque su mirada parecía ausente.

- Kohei... – murmuró una vez más, se incorporó sentándose en la cama, tomó a Jun Ho por el cuello y comenzó a besarlo antes de que éste pudiera siquiera haber reaccionado. Es que lo había pillado cuando cambiaba la toalla en su estómago.

Las manos del menor comenzaron a moverse por el pecho del gemelo, que tenía una lucha interna en ese momento por varias razones. Ese beso le estaba encantando, a pesar de que los labios del menor ardían ante los suyos por la fiebre. Las manos que acariciaban su pecho disminuían sus defensas e incrementaban ese novedoso deseo que late en su interior, pero estaba mal, estaba mal que se aprovechara de la situación, porque a pesar de todo, el menor estaba pensando en el bailarín mientras se besaba de esa forma tan desesperada con él.

- Min... – se separó del menor, aunque éste insistía en sus besos ahora siendo depositados en el cuello del gemelo, que no podía evitar suspirar, pero haciendo acopio del poco autocontrol que le quedaba, volvió a separarlo, tomándolo de los hombros, viendo ese rostro teñido de un tono carmesí producto de la enfermedad, los ojos semicerrados y una sonrisa triste en sus labios.

- ya no me amas?... – cuestionó el menor, en su delirio en verdad tenía a Kohei ante él.

- Min, yo no soy Kohei... – trató de razonar el gemelo, pero el menor parecía no escuchar sus palabras.

- prometiste seguir amándome. Dijiste que esperabas que la próxima vez que habláramos de nosotros yo ya tuviera claros mis sentimientos, y ya los tengo, Kohei... – el menor se acercó una vez más al gemelo, dejando caer todo su peso sobre éste, por lo que terminaron recostados sobre la cama. Jun Ho ya no hallaba cómo salir de esa embarazosa situación.

- Min, espera... – pero el menor no le hizo caso, se acercaba lentamente a su rostro, y Jun Ho deseaba tanto volver a sentir esos labios, que sentía que no podría escapar de esa situación.

- Kohei, Te Amo... – ya estaba, por fin lo había dicho. Atacó los labios de quien suponía en su delirio era Kohei, besando despacio esa boca, disfrutando de su sabor, aunque había algo diferente en ella, le gustaba lo que estaba sintiendo.

Bajo su cuerpo, Jun Ho se había rendido a esa sensación, estaba disfrutando de ese beso a pesar de saber que no era dirigido para él, pero, igual Min no lo iba a recordar, cierto. Las manos del menor se deslizaron bajo su ropa, rozando suavemente con sus calientes dedos su pecho, descendiendo con sus besos por el cuello. Jun Ho gimió ante eso, era algo completamente nuevo, pero demasiado placentero como para dejarlo ir.

Las caricias de Min descendieron peligrosamente hasta la entrepierna del gemelo, donde comenzó a masajear lentamente aun por sobre el pantalón. Su propia erección comenzaba a palpitar bajo el pijama.

- tócame... – susurró con voz ronca el menor, el gemelo obedeció más por instinto que por otra cosa. Llevó su mano a la entrepierna del menor, bajó el pantalón del pijama, apartó la ropa interior y tomó la erección caliente bombeándola despacio, acelerando al ritmo que el menor imponía en su propia erección.... – mmhhh... Kohei, aahhh... – gemía placenteramente. Hacía tanto que no se sentía así, aunque esa sensación no era la misma que en otras ocasiones cuando habían intimado, le estaba gustando. Era tal vez por el tiempo que había pasado que lo sentía diferente.

- mmhhh... aahhh, Min... más rápido... – articuló con voz excitada el gemelo. Su petición se cumplió de inmediato. Su boca fue atrapada nuevamente por el menor, entrando en ella con su traviesa lengua que exploraba cada centímetro de su cavidad como si fuera algo nuevo que quiere recordar para siempre. No, era él quien pensaba aquello. Unos minutos después ambos se corrieron, uno en la mano del otro.

- ésta vez, quiero que tú me hagas tuyo... – le susurró el menor, comenzando a retirar la camisa del gemelo. Cuando el móvil de Jun Ho sonó en la mesita de noche a lado de la cama y la razón volvió a su mente.

- ¡mierda! Que estoy haciendo... – pensó, se paró de golpe alejándose de un confundido Min, tomó el móvil y leyó en la pantalla que era Ji Yong quien llamaba, y por alguna razón sintió una opresión en el corazón.

- no te vayas... – escuchó que le pidió el menor con voz triste... – Kohei, quédate...

- espera, ahora hablamos... – le dijo a la voz al otro lado de la línea. Después se dirigió al menor... – Min, soy Jun Ho, Kohei no está aquí.

- qué... – el menor sintió los párpados muy pesados y terminó por caer dormido.

- hola?... – atendió el gemelo otra vez a la llamada.

- llamaste hace un momento, está todo bien?... – preguntó Ji Yong con voz de madre preocupada, que se ha tomado el papel de Jae más que en serio.

- Min tiene fiebre... y delirio... -

- le diste el medicamento que te encargué?...

- sí, y después de eso se puso así...

- nunca lees las instrucciones de un medicamento?... – el gemelo juró que su amigo sonreía divertido al otro lado de la línea.

- no las leí porque tú me dijiste de cuál comprar y como dársela, para qué iba yo querer leer las instrucciones... – le espetó ya con algo de molestia. Acababa de masturbarse con el menor!

- bueno, no te preocupes, la fiebre es normal, es una respuesta del organismo para atacar la enfermedad, y significa que le medicamento ha hecho efecto también, tú solo ponle toallas húmedas en la frente y espera, en una media hora la fiebre habrá bajado totalmente. Nosotros llegaremos como en una hora. Puedes con eso, Jun Ho?...

- claro que puedo, ni que fuera un niño para no poder.... – escuchó que el chico raro soltó una risa demasiado armoniosa para sus oídos que le generó un sonrojo.

- bueno, entonces nos vemos más tarde.... -

- más vale que no recuerdes nada, porque sino, hay sí tendremos problemas... – tomó una de las toallas y con toda la vergüenza del mundo y aún algo de excitación, limpió los restos de semen en Min, por suerte el pijama que trae no se manchó, que sino tendría que cambiarlo, y después cómo se lo hubiera explicado?... – me lleva, cómo me he venido a meter en este lío... – cuando hubo terminado con el menor, se duchó rápidamente, algo confundido por todo lo que pasó y el recuerdo en su mente dando vueltas. El placer al estar así con el menor, el sentimiento de culpa que le generó cuando habló con el chico raro. Estaba confundido, eso es oficial.

...........

Entre tanto, Yoochun, Ji Yong y Yunho terminaron una entrevista y se encontraban ya en los camerinos terminando de guardar sus pertenencias para volver al departamento.

- los espero en la van, voy a llamarle a mi delfincito... – informó el ratón mientras salía ya con el móvil pegado a su oreja.

- como si fuera el único que quiere hablar con su novio. Dónde dejé mi móvil?... – el moreno metió las manos en los bolsillos de sus pantalones pero no lo encontró ahí.

- lo echaste en la mochila... – le dijo el chico raro con una sonrisa. Es que desde que llegaron a Japón el líder anda muy distraído, se la pasa con la mente en Corea a lado de su Boo.

- ah, cierto... - ... comenzó a pensar, o al menos eso es lo que creyó, porque en realidad era que Afrodita estaba susurrando aquello en su oído, pero no la podía ver ni sentir porque los dioses no pueden ser percibidos por los mortales... ... – Ji Yong estaba ajeno a lo que pasaba a su alrededor, había terminado de meter sus pertenencias a su bolso y cuando dio la vuelta para irse junto con el líder, éste ya estaba prácticamente pegado a su cuerpo, con una sonrisa demasiado lasciva y una mirada completamente diferente a cualquiera que le haya visto...

- Yunho?... – lo llamó con voz alterada, no le gustaba cómo estaba siendo observada, ni mucho menos que se acercara cada vez más...

- Ji Yong... – el rostro del moreno se acercaba lentamente con la intención de besar aquellos labios y comprobar sus teorías.

- hay que irnos ya... – el chico raro se escabulló por un lado, saliendo con paso veloz fuera del alcance del líder... – qué le pasa, tanto extraña a Jae hyung, aunque... me llamó por mi nombre... ay no, ahora qué hago...

- haré que caigas Ji Yong, porque deseo poseerte... – con una sonrisa seductora, el moreno tomó sus cosas y salió por el mismo camino que los otros dos, rumbo al departamento.






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