12 sept. 2009

Blue prince










Titulo: Blue prince
Autora: nïn@
Parejas: YooSu









“Los príncipes azules no existen”. Ni los blancos, ni los rosas, ni siquiera los verdes.
Aquello Kim Junsu lo había aprendido muy pronto.
En su mundo sólo había un color: El gris; que se convertía en negro los días que su padre se levantaba de mal humor.

¿Qué creías Junsu ah? Nadie va a salvarte

Y otro golpe contra su mejilla, ese que seguro dejaría marca.
Pero, ¿Qué importa un moratón más cuando nadie se fija en ti?

Vamos Junsu ah. Llora un poco más fuerte. Quizás alguien pueda escuchar tu dolor

Y esta vez fue un insulto. Esos que se clavaban más profundamente aún que los puñetazos.

Pero todo termina y después llegaba el silencio envolviendo esos sollozos callados.
Ese que había sido su compañero durante años.

Quizás aquello fuera lo que merecía a fin de cuentas.
Tal vez fuese su castigo por destruir a su familia; por matar a su madre.

Y a pesar de todo no podía evitar desear huir. ¿Tan egoísta era?

Pero la alarma del despertador volvió a sonar una mañana más.
Avisándole de que ya era hora de despertar de la pesadilla y enfrentarse al mundo real.
Como si no estuviesen ya esos dos mundos tan mezclados que aterraba.

Junsu se puso ese uniforme suspirando al darse cuenta de que había adelgazado otra vez.
Quizás debería dejar el fútbol.
Y un estremecimiento recorrió su columna vertebral.

Otro sueño más al saco de las fantasías rotas.
Y ahora sólo se preguntaba.

¿Cuántos le quedaban aún por desechar?

Inspiró profundamente aguantando ese ataque de ansiedad y salió de casa con pocas ganas de enfrentarse al mundo.
El día era claro y ese olor de primavera impregnaba cada rincón; pero él sólo quería volver a las sombras; quizás quedarse allí para siempre.

Alguien tocó su espalda y creyó que iba a morir.

Porque todo dolía.
El sol dolía, la oscuridad dolía; las sonrisas, los llantos, su piel, su alma. Todo ardía.

Y él sentía que estaba al borde del abismo. Tan, tan cerca de caer que una simple brisa podía condenarlo a muerte.

Esa brisa que tenía nombre propio.

¿Qué hacía su padre allí?

Pero ya no pudo ver nada más.
La oscuridad se llevó con ella, el último de sus sueños.


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Sintió esa caricia sobre su mejilla y cerró los ojos con más fuerza aún.
No quería. No quería abrir los ojos y tener que enfrentarse a la realidad una vez más.
Al dolor de sus heridas y al escozor de su interior.

Y ese beso suave sobre su mejilla le indicó que podía seguir durmiendo si quería, que podía seguir cerrando los ojos con fuerza y fingiendo que no pasaba nada.
Que podía seguir flotando en ese mundo tan privado de fantasía, pero que tenía un lugar preparado para cuando decidiera despertar.

Y aquello le hizo sonreír un poco aún medio gimiendo con suavidad.

Aquello le incitó a abrir los ojos lentamente, deseando sólo, encontrar a ese príncipe azul cuando los abriera.

Pero no había príncipes azules ni hadas ni nada que pudiera parecer un poco mágico.

Sólo ese chico del colegio con el que había hecho un trabajo de historia hacía tanto y con el que no había vuelto a hablar.
Ese chico que miraba a escondidas y que le aceleraba el corazón al pasar por su lado por alguno de esos pasillos que olían a niño adolescente.

-¿Te encuentras bien?- Y él sólo quiso tapar todas esas heridas que estaba seguro que magullaban su rostro y le hacían parecer un poco más feo.

Pero Yoochun tomó sus manos apartándolas con suavidad.

-¿Te encuentras bien?- Y lo absurdo de la pregunta casi le hizo sonreír.
Asintió aún avergonzado tratando de ponerse en pie sin conseguirlo. Le dolían las piernas y los brazos, no podía apoyarse bien y sentía que poco a poco ese adormecimiento iba desapareciendo para dejarle el lugar al dolor.

Quizás porque los analgésicos estaban dejando de hacer su efecto.

-¿Duele mucho?- Y esta vez, el roce sobre su mejilla le hizo cerrar los ojos, un poco aliviado por el momento.

Y sinceramente, no entendía nada, no entendía porque Yoochun le había llevado a su casa ni tampoco porque ahora le acariciaba y le miraba casi con ternura.
Y le asustaba. Le asustaba equivocarse.

-¿Por qué…?- Pero esos labios suaves ahogaron sus palabras en un roce dulce.

Y él sólo pudo sonrojarse. Sonrojarse furiosamente.
Nervioso, aterrado y confundido. Sobretodo confundido.

Porque no entendía nada.
Porque aquellas cosas no ocurrían.
Porque los príncipes azules no existían.

-¿Qué… Qué haces?- Medio tartamudeó asustado.
Yoochun también se sonrojó.

-Creo que… Me gustas-

Y aquella habitación se convirtió rápidamente en un palacio.

Y de repente no importaba que Yoochun fuese el macarra del colegio.
De repente no importaba que se saltase más clases de a las que iba.
De repente no importaba que siempre estuviese metido en peleas o su lenguaje pareciese sacado de una película de gangsters.

Nada más que esos labios que le sonreían nerviosos y esas manos tomando las suyas casi como una promesa.

Estiró los brazos para que Yoochun le abrazara y sintió como su estómago se llenaba de mariposas al sentir el cuerpo del pelinegro contra el suyo y esos castos besos sobre su cuello.

-Sabes… Siempre quise ser rescatado por un príncipe azul- Se rió de su propia tontería escuchando como el mayor sonreía también contra su cuello.

-¿No soy yo tu príncipe?- Susurró sonriendo aún antes de robarle un beso de sus labios algo cálidos.

-Eres más bien un sapito verde- Y de nuevo otra risa antes de unirse en un nuevo abrazo y en un beso como una promesa.
Casi como si aquello abriera la puerta de un mundo lleno de fantasía o quizás de realidad.
Un mundo que podía ser suyo por primera vez en demasiados años.






FIN






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