24 jul. 2009

Tempestad Capitulo especial (primera parte)

tarde años lo se =_=
pero le hice un trailer a mi fico ;B


http://www.youtube.com/watch?v=efQKcd8En9w





CAPITULO ESPECIAL: LA TRISTE LEYENDA DEL ONIX Y UNA DANZA DE TEMPESTADES…


Verano de 1999…



El sonido de los pájaros se escuchaba por todas partes retumbando sin restricción en sus oídos, las sinceras sonrisas representaban la mayor de las diversiones, y aun siendo tan pequeños la adrenalina podría decirse los inundó… como pasaría con cualquier niño en una situación similar. La estación del año en la cual se encontraban favorecía la travesura que en ese momento quería ser llevada a cabo, y es que pensándolo fríamente, no era “Solo una travesura” sin descontar que el riesgo no era insignificante; y así, paso a paso los dos fueron desnudándose hasta quedar totalmente exentos de la ropa, mirándose pícaramente antes de estrecharse en un tierno abrazo y dedicarse otra de esas cómplices sonrisas que siempre originaron para el otro. En sus corazones una congoja los acechó, caducamente no había palabras para describir lo que sentían en el momento en que sus manos se estrechaban, cuando compartían un abraso o simplemente en el instante en que se regalaban caricias, ya que su lazo no era “Cualquiera”… tenia poder, un poder que escapaba del entendimiento de muchos.

Inesperadamente sus pies comenzaron a moverse sincronizados, cayendo en cuenta de que una calida brisa azotaba sus casi desnudos cuerpos y le hacia recapacitar de lo que estaban a punto de hacer, embarazándolos con la culpa y el miedo a lo que “Posiblemente” sucedería, de que surja una disyuntiva que no estuviera en sus planes como habían acordado… vacilaron un momento antes de entrar al agua, no obstante cuando sus ojos se perdieron en las orbes ajenas todo pasó a la nada, ya los atisbos de confusión se desintegraron y ellos creyeron conveniente el terminar todo aquello lo mas rápido posible.

Coniquillas se esparcían por sus pequeños pies a medida que se enterraban en el arena; primero unas imperceptibles piedritas de la misma se les incrustaban en la piel causándoles una diminuta molestia, más no reparaban en ello porque en sus mentes solo un objetivo permanecía visible, la determinación era absoluta. Luego comenzaron a sentir como el arena bajo sus pies se tornaba húmeda y áspera haciéndoles creer que el agua permanecía cerca de ellos, sin pensarlo dos veces, estrechados de sus manos, empezaron a sumergir sus cuerpos en el agua, molestamente fría a causa del matinal horario, y cuando esta llegó a la mitad de sus frágiles anatomías se miraron fijamente, sin palabras, sin remordimientos, sin absolutamente una pizca de culpa que nublara sus sentidos o los hiciera retractarse.

- Boo… recuerda que no debes esforzarte… - el pequeño a su lado movió su cabeza de manera afirmativa dándole a entender que estaba todo bien… y que lo seguiría estando…

Así fue como ambos se soltaron del agarre y aspiraron una gran bocanada de aire que les sirviera para aguantar el mayor tiempo posible bajo el agua; hincharon graciosamente sus adorables cachetes y antes de sumergirse por completo se dedicaron una sanadora sonrisa que le ayudaría al otro en su búsqueda…

El agua estaba demasiado fría y sus pequeños cuerpos sintieron la presión de inmediato, no obstante eso no fue suficiente para que se rindieran, así que espabilando los temores se adentraron aun mas hacia el fondo de ese río.

Yŏongsan era un pequeño estrecho que conducía a uno de los ríos mas importantes de corea, el Han-gang. Este se caracterizaba por su extrema corriente y porque no decirlo, las miles de leyendas urbanas que escondía; ese era uno de los principales motivos por el cual esos niños se encontraban recorriendo sus no tan profundas, pero igual peligrosas, aguas.

Los segundos pasaban lentos y seguían en su búsqueda, sus ojos plenamente abiertos contemplaban el suelo marino que se dibujaba ante ellos, buscando algo inconfundible, anhelante… “Incorpóreo?” Tal vez mejor dicho… “Intangible”. Fue así que una pequeña molestia comenzó a originarse en el pecho de uno de los niños… no podía, era demasiada carga para su cuerpo y en su cabeza todo daba vueltas; sus pataleos se hicieron incesantes hasta lograr ver la luz del sol, el temor totalmente impregnado en cada recoveco de su ser, la culpa atacando sus pensamientos, el dolor surgiendo nuevamente al saberse insuficiente e intolerante. Sus cabellos se pegaron a su rostro impidiéndole la visión por unos momentos y nublándole lo sentidos, salió de agua y su piel de inmediato se enterró en la húmeda arena que enlentecía sus movimientos...

Miró a todos lados con desesperación, la persona que hace minutos entrara como su compañero en el agua no estaba por ningún lado y su cabeza drenaba a mil por hora… Todo comenzó a ser terrorífico, tal era el punto que ese hermoso sol arriba suyo podía convertirse en testigo de el error mas grande de su vida. Sin contención las lágrimas comenzaron a caer de sus pequeños y hermosos ojos, sus piernas maquinaron ligeramente hasta sumergirse en el agua, buscándolo, rezando en el transcurso y llorando aún más…

- BOO!! Sal de ahí!! SALTE DEL AGUA!! – gritaba y suplicaba con fuerza, se sumergió de nuevo buscando rastros de él pero no lo veía por ningún lado; todo en su interior se derrumbaba… Nada podía desteñir el color negro de su alma, porque la culpa embargó todo, y el sol y sus lágrimas eran fieles testigos de su falta.- JAEJOOOOOGG!! - un último y ensordecedor grito escapando de su garganta para caer de espalda contra la arena y ahogarse con su propio llanto.

No era cierto… Todo tenia que ser una cruda y errónea mentira, lo que comenzó como una alternativa no podía terminar en tragedia…

No podía ser cierto…

Entonces un sonido a chapoteo acudió a sus oídos y con susto tremendo levantó su vista, el aire volvió a sus pulmones y mas lagrimas surgieron, allí estaba, estaba a salvo, estaba vivo… Sin pensarlo corrió a su encuentro y lo estrechó con ansias, besó sus mejillas, besó sus cabellos, besó sus labios… Porque el ser que más amaba en el mundo estaba vivo… Porque no le tocó el mismo destino que quiere destruir…

El de morir…

Morir sin conocer…

Morir sin sentir…

- Ya cálmate Joongie… Estoy bien… - le dedicaba sonrisas puras que no hacían mas que calmar a la persona a su lado, devolviéndole débilmente el alma al cuerpo. Y así, sin previo aviso comenzó a llorar, llorar sin descanso, aforrándose al cuerpo de su reflejo.

Ambos cayeron abrasados a la arena, derramando calidas gotas en el hombro ajeno y dirimiéndose al dolor. Porque a pesar de todo el miedo seguía vigente, y todo pudo haber terminado de la peor manera. El pequeño JaeJoong no deseaba separarse de ese calido abraso que le regalaba su hermana, ambos tristes y a mismo tiempo felices… Un sentimiento que no tenía descripción. Algunos minutos transcurrieron en cámara lenta y por fin se miraron a los ojos, la pequeña posó sus labios en la frente del pelinegro para depositar un suave beso en ella, luego con sus pulgares fue removiendo las lágrimas de sus mejidas.

- Ya pasó… - dijo en un leve susurro, con una inmaculada pero triste sonrisa en sus labios. JaeJoong la miró unos momentos, inmerso en su mundo de dolor y confusión, ya que no lo había podido conseguir, no consiguieron lo que fueron a buscar.

- Pero…Y-Yo … - sollozo… - …Yo… - los sollozos no le permitieron componer estrofa.

- Ya está… Regresemos a casa…- dijo incorporándose y tratando de levantar la frágil anatomía de su hermano del arena…

- No!! Debemos encontrar el Onix!!... – gritó estallando de nueva cuenta entre lagrimas… - debemos encontrarlo para que cure tu corazón… debemos… debemos -sollozo… - hay que encontrarlo!!... – espetó con determinación pasando el revés de su mano para apartar los cristales de sus ojos.

La niña se acercó a él y lo abrasó… Hundió su rostro en el cuello del pelinegro y liberó sus lágrimas haciendo que estas tengan contacto con la piel de JaeJoong. Ella era fuerte, pero no lo suficiente para soportar lo que sucedía, no lo era porque tan solo tenía 8 años… Lloró hasta cansarse, dejando que las calidas manos de su hermano recorran su espalda con dolor y ternura acumulada al mismo tiempo, dejó que sus cabellos fueran acariciados con delicadeza y que esas mismas caricias les transmitieran la paz que necesitaba su corazón, maquinal aparato que sufría las consecuencias de penas insostenidas, de males incurables… de un destino cruel y despiadado.

- POR QUÈ! Dime por qué Boo!! Yo no quiero morir!! Yo… - lágrimas, lágrimas y más lagrimas. El pelinegro no pudo decir nada, todo confabulaba en su contra, alguien en las alturas estaba aumentando la carga en sus espaldas.

- Perdóname Joongie… Yo quería encontrarlo…- hizo que se miraran a los ojos… - perdóname por no encontrar el Onix… - su melliza sonrió y detuvo el llanto, ambos se levantaron y se mantuvieron abrasados por un momento, calmando sus almas, soportando la irritación de sus ojos…conteniendo el dolor y la amargura de saberse inútiles en esa situación.

- Ya vamos a casa Boo… Quiero descansar… - dicho esto ambos estrechados de sus manos emprendieron camino hasta su casa, muy alejada de la pequeña empinacion de montañas a la cual habían ido sin permiso, procurando que nadie note su ausencia.

Un triste y solitario silencio se originó entre ellos a medida que caminaban por el modesto cerro que los aprisionaba en una bruma algo tensa de neblina; eran aproximadamente las 5:30 de la mañana y los niños se disputaron contra tal adversidad escapándose de su hogar para cumplir tan solo con una esperanza… Una pequeña luz en el camino que fue creada por el espíritu jovial y soñador de dos criaturas de tan solo 8 años, dos angelitos que sufrían por la vida… Sufrían como nadie al saber de los males que acechaban, sufrían principalmente porque eran uno y sus dolores como alegrías eran compartidos; los mellizos Kim podría decirse formaban una unión sólida, la que pronto seria destruida por la intervención del destino…

Su crueldad y artificio…

Un sollozo se hizo escuchar en la plenitud hasta formarse de un eco que rebotó en el oído de la niña como boomerang, ella solo se detuvo y sintió como el niño que venia tras ella chocó contra su espalda, seguramente tratando de apartar las lagrimas de sus hermosos ojos no se dio cuenta de sus movimientos. Quiso omitir el indescriptible terror pero no pudo, sin más se dio vuelta encontrándose con su angelical hermano, posando una mano en su mejilla y contemplándolo un momento…

- La vida es así… Boo… - musito con voz apesadumbrada tratando por todos los medios de no llorar frente a él, frente a su frágil y adorado hermano; entrecerró sus ojos y enmarcó una sonrisa en los labios, JaeJoong la observaba con dolor y amargura…

- La vida es asquerosa… - ladeó un poco el rostro apartando la vista y comenzando con insignificantes pasos que lo apartaran de esa mirada… Una mirada que amaba y sabia perdería; una mirada que nadie mas podía tener, que nadie podía dedicarle mas que ella ya que no existirá ser igual, el amor de un hermano es irremplazable, y para JaeJoong tener eso en su conciencia le quitaba un trozo de vida en cada segundo transcurrido…

Sin pensarlo siquiera ambos miraron al cielo, formulando un sinnúmero de cuestionamiento para ese Dios que los crió en su religión, que formó sus espíritus en esos años de existencia, que les prometía mediante una Biblia palabras soñadas de esperanza y fervor que opacaba todos los males e incertidumbres pero que contrario a esto en ese momento apagaba la llama de sus corazones, porque ya no creían, nada tenia sentido cuando la muerte es anunciada… No se puede creer en Dios cuando te arrebata de una manera tan vulgar y repugnante a un ser querido, tal vez al único que te comprende y lo haría…

Porque dejaron de creer…

Así como las personas cambian, ellos lo hicieron…

Así como un niño juega, ellos sufrieron…

Así como nace un niño, ellos lloraron…

Aun cuando son inocentes, ellos murieron…

Porque se ama, sin embargo ellos odian…

Y es imposible encontrar un sentido a sus males, una cruz que se designa aun en el momento del nacimiento puede resultar exasperante e increíble; pensar que deberían correr por sus hermosos campos rodeados en olores y colores preciosos, de vida en cada espacio, de amor en cada gramo, de esperanza en todo sentido sin descontar que a su edad ni siquiera tendrían que poseer una “Razón” que los mantenga vivos, ellos deberían vivir acorde a un juego, pensando y disfrutando la realidad como eso, un simple juego que nunca se acaba y que seguiría por toda la eternidad entre logros y sonrisas, entre abismales torrentes de paz y ternura que solo un frágil y calido corazón de niño puede poseer; el corazón que se les quebró en el nacimiento ya que solo uno de ellos fue maldecido, uno de ellos partiría de ese mundo no dejando memorias, no dejando ni herencia ni logros, solo tempestad como fieles danzas de sus espectros funestos y mutilados de los cuales la razón no entiende, de los cuales solo hay un creador…

El demonio…

El diablo…

La maldad...

Respiraron entrecortadamente tranquilizando sus emociones, tratando por todos los medios de contener las lagrimas que agolpaban en sus parpados reclamando salir sin control; aspirando la inmaculada fragancia estacional y admirando el paisaje sobre sus ojos…

- La vida es asquerosa solo para algunos, Boo… - lo tomó de la mano continuando con su paso, guiándolo entre las rocas y árboles que los rodeaban… - no tienes que decir algo así, tu debes hacer de tu vida la mas bella, incluso transfórmala a tu modo y semejanza, que sea mas preciosa que tu mágica hermosura… - cada palabra suelta se clavaba como estaca en el corazón de JaeJoong, quien solo escuchaba apretando con fuerza la palma de su melliza, sin contestar… No había oración mas triste con que responderle, no existía exclamación alguna que borre la amargura con la cual esa frase era escupida por la garganta de su hermana.

- Odio… odio mas que a nada… - susurró con el rostro gacho, maldiciendo por lo bajo…

- Tú no odias, no fuiste hecho para odiar Boo, los niños no odiamos… Eso es lo que nos enseñaron. Por mas que yo me valla prométeme que no odiarás a la vida por hacerme esto… Prométeme que seguirás tan puro como el agua, siendo un ángel Jae… - y su espíritu parecía filosofar cuando se trataba de su hermano, lo amaba tanto que dolía irse y dejarlo solo a merced de las penumbras, a merced del dolor.

- Yo no me quedare solo Joongie, quiero irme contigo… - detuvo sus movimientos, ambos permanecieron en silencio hasta que la melliza se acercó hasta quedar en frente de él y abrasarlo…

- Sabes que debes quedarte, mamá no puede sola, ella esta triste, muy triste desde que murió papá y aunque encontró a ese hombre que ahora se hace llamar nuestro padre la pena de su corazón aun sigue allí sin modificaciones, tu debes cuidarla… Debes proteger a Changmin… - al viento ese nombre fue suspirado y la conciencia de JaeJoong hizo un clic, la tristeza había taponado ese parte de sus pensamientos, por un instante fue segado y olvidó egoístamente a su otra razón de existir, a su otra parte de vida…

- ¿Por que?... - pronunció dejando escapar una lagrima al verse de nuevo acorralado…

- No hay respuesta a eso Boo… -

- Si tan solo hubiéramos encontrado el Onix… - lagrimas sin fin siendo derramadas…

- Mírame… - levantó el mentón del pelinegro para que la mirara a los ojos y así formó una enorme sonrisa que pareció reparar los vestigios de sus corazones inmediatamente… - ambos sabemos que no hay solución, todo es una historia Boo, volvamos a casa y disfrutemos de la vida que me queda… - de nuevo tinieblas, de nuevo hojas marchitas, de nuevo el dolor indescriptible en sus almas…

Como lo habían dicho el “Onix” que con tanto anhelo buscaban era una preciosa y rara gema que habitaba en las profundidades del Yŏongsan, un perfecto mineral compuesto por capas de cuarzo de varios colores brillantes, y algunas veces hasta trasparentes… Se definía como algo inalcanzable, que solo podría encontrarse en esas aguas. Ellos buscaban un Onix con forma de nebulosa e inclusiones plateadas; las leyendas urbanas contaban que esa piedra podría cumplir deseos, incluso derrotar a la muerte ya que dentro de ella habitaba el espíritu del difunto emperador de la dinastía Yin, guardián del destino… Regenerador de la vida y la hermosura de los espíritus castos y vírgenes como el que ellos poseían. Fue un shock total escuchar esa historia en una feria que se había hecho en la ciudad, donde por cierto ellos acudían solamente para visitar a la abuela de su pequeño “Hermanastro” Junza, a la cual le quedaba poco tiempo. Y desde ese relato ya no pudieron conciliar el sueño durante noches, no podían porque una pequeña luz en el camino se asemejó, tal vez y solo tal vez esa piedra cumpliría su sueño, el de permanecer juntos en vida… Hasta que sus avejentados cuerpos ya no pudieran cumplir mas años.

Lastima… Dicen que la mente de un niño es mágica, flota por las nubes y cree mentiras que incluso se disfrazan de negro, porque la inocencia los caracteriza, porque almas mas puras no existen; el niño es solidario, tierno, débil… Busca en la fantasía un mundo nuevo que escape de lo vivido, que le presente cosas mejores que todavía no hayan sido vista por sus ojos, que no hayan sido creadas, sueña despierto ya que eso le ayuda a espantar los males y no ver la realidad como es, a ocultar las lagrimas que de grandes seguro derramaran sin contención. Fue por todo eso que lloraron y lloraron juntos esa noche, ambos abrasados al encontrar una solución a la muerte que ya fue anunciada; y se miraron eternos segundos que no fueron medidos, transmitiendo sin palabras lo que sentían como solo ellos podían hacerlo, sin siquiera recurrir a la voz que muda necesitaba escapar de sus gargantas… Sabían que corrían riesgo al sumergirse en esas aguas, pero no temieron, debían conseguir esa piedra sea como sea y lo lograrían estando los dos juntos…

Los días que siguieron eran llevados a la cuidad donde atolondrados en su ignorancia investigaban mas cosas que les pudiera servir para encontrar la gema; tal fue el caso que le exigieron a su chofer que los llevara a una tienda de antigüedades donde un anciano enternecido con sus caritas les regaló un libro de mitos y leyendas…Titulado “El Año de la Espina” libro que contenía secretos para la mente, invenciones de locos y entupidos que querían hacer creer sus morbosidades y alimentar el espíritu soñador de niños indefensos. Emocionados corrieron por toda su mansión, escapando de las miradas examinadoras de Changmin y Junsu, de los cuales el ultimo ni siquiera estaba enterado de la situación de la pequeña LiJoong, y como explicarle a un niño de 6 años que su “Hermanita” la que siempre le ayuda con sus crayones y pinceles, talvez mañana no despierte y se quede sumida en un sueño eterno.

Fueron tiempos de ardua lectura, maravillándose a medida que sus ojos seguían la acoplación de letras bajo la cama, con solo una linterna que alumbre su vista; riendo con algunas historias que les parecían embarazosas y tontas, llorando con otras tristes historias de amor imposibles y asombrándose con relatos espectaculares que hacían delirar su imaginación que le pedía por mas; fue entonces que en la pagina 117 un titulo llamó su total atención “La leyenda del Onix” silenciando sus risas y haciendo que enfoquen su total atención en las paginas que seguían… De a momentos sus miradas se perdían en las orbes del otro, asombrados al leer que esa gema podría encontrarse en el río Yŏongsan que quedaba muy cerca de su mansión, cruzando el cerro Fuji. Estupefactos con la historia… Un emperador al que le fue concedido el derecho de la vida eterna pero que decidió vivir en las profundidades de esas aguas porque su amada esposa perdió allí su vida, la que ahogada de la crueldad del mundo no soportó la pena y terminó por sumergir su dolor, suicidándose pero dejando una carta a su esposo en la cual confesaba que lo amaba mas que a nada pero que no nació para soportar el dolor. Fue así que el emperador renunció a su inmortalidad para recuperar a su esposa cosa que le fue negada y por ello derramando lagrimas de sangre se adentró a las aguas durmiendo con el espíritu de su amada, transformándose su alma en una bella piedra la que tomó el nombre de “Onix”. La leyenda decía que la gema podría cumplir deseos, incluso derrotaría a la muerte que selló el amor de los amantes.

Al terminar de leer las lágrimas no podían ser ocultas pero sus ojitos aun así brillaban, esa era la solución, esa piedra curaría a LiJoong.

¿Curaría? Tristemente si… Su padre había muerto hace solo tres años por trastornos del corazón, el cual surgió como consecuencia de un defecto congénito infeccioso y por estrechamientos de sus arterias coronarias lo cual afectó letalmente su ritmo cardiaco.

Se le produjo lo que se le conoce como “Cardiopatía Congénita”, solo que no era cualquiera, esta comía lentamente su corazón y simplemente no pudo ser salvado, principalmente porque esa anomalía había sido detectada solo tiempo atrás, cuando su corazón ya estaba totalmente agotado y destruido. Por desgracia a la pequeña LiJoong al nacer también se le atribuyó el mismo síndrome cardiaco, dándole nulas esperanzas de vida y alargando la misma con tratamientos sin sentido que solo le brindaban un vivir más doloroso. Fueron 8 años de espera de un corazón sano y jovial que pusiera ser aceptado por su organismo, no obstante la lista de espera era larga, y ni siquiera el dinero podía intervenir en ello; por ello los niños sonrieron por primera vez en mucho tiempo, después de tanto llanto surgía una alternativa, si encontraban esa piedra que nadie mas conocía seguro LiJoong se salvaría y la tranquilidad volvería sin mutaciones.

Era perfecto…

Había esperanza…

Había una luz que les decía que vivir era un derecho y no una prioridad…

Un fantasma blanco cubierto por cristalizadas mantas tapó sus ojos hasta ese momento en el cual la realidad y estío caía sobre su cuerpo como agua fría, le demostraba que fue entupido creer en una historia escrita por un loco con mucho tiempo libre y nulos sentimientos, que alimentaba su hambre de felicidad y lo convertía en un hueco sin fin, negro como la noche y amargo como la hiel. Fue entonces que a medida que se acercaban a su mansión las lágrimas dejaron de caer, porque ya el espejismo había terminado y allí adentro había una familia martirizada que no necesitaba mas lagrimas.

Una familia sometida a prueba…

Una familia de híbridos linajes que se juntaron en busca de amor…

Una familia que era fruto fiel del dolor y la tristeza…


Esa noche ya nada volvió a ser igual, no cuando dos mellizos abrasados sin querer soltarse lloraban a duras penar la injusticia vivida, no cuando el corazón de uno de ellos perdía mas fuerza y se doblegaba mas hacia el destino, hacia su cruz sellada.



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- Que pasa Appa? Por qué todos se fueron, yo quiero jugar con Boo… - repetía un adorable niño con sus lacios cabellos miel y su mágica sonrisa, que de a momentos se transformaba en pucheros que escapaban para recibir una respuesta que conteste sus interrogantes…

- Ya vendrán Su, no te preocupes… - el cansado hombre contestó por milésima vez la pregunta de su niño que lo único que necesitaba era saber la verdad… Mas esto no quería ser recitado, no cuando su inocencia podría ser mancillada por la dura realidad… por la noción de saber que su “Hermana” tal vez ya no regrese.

- Por qué Omma y mis hermanos nos dejaron solos? Yo quiero jugar con ellos y quiero comer pastel Appa… - sus orbes aguándose de repente… - diles que vengan Appa, no quiero que nos dejen solos como lo hizo mamá… - el cansino hombre lo sostuvo entre sus brazos hasta sentarse ambos en el sillón de mimbre fuera del jardín, admirando las estrellas que contenían tal vez sus frustrados sueños y eneros, esas que los observaban silenciosas y compartían su pena. Acurrucó a su ángel entre sus brazos mientras acariciaba sus cabellos lentamente, conteniendo las palabras y también loa sollozos.

- Susu… No te preocupes, no quedaremos solos de nuevo, ahora tenemos una hermosa familia… - una lagrima escapando… - así que ya deja de pensar esas cosas malas. - finalizó no recibiendo respuestas del castaño, quien algo asustado y no sabiendo por qué recibía las dulces caricias de su padre.

La espesa oscuridad llamó a Morfeo quién inmediatamente hizo acto de presencia llevando sus almas a un lugar sano y libre…

No podía ser de otra manera, parecía como si una maldición haya caído sobre su familia, una “Danza de Tempestades” que los acosaban diariamente y los condicionaban sin razón alguna; esa que comenzó desde aquel accidente automovilístico que llevó consigo la vida de una esposa y madre, dejando dos corazones desprotegidos y vulnerables a merced de la soledad, esa soledad que por suerte no duró mucho porque consiguieron superar las adversidades llenando el vació con la presencia de esa familia que también fue golpeada de la peor manera y aunque fuera una ironía del destino incierto ya todo tomaba tintes oscuros de nuevo, despedazándolos y sumergiéndolos con eso que odiaban , la soledad… Una soledad fría que reclamaba sus derechos aun no teniéndolos. Que pedía a gritos derrotarlos.

Y es amargo recordar por todo lo que pasaron, cómo es posible que un joven padre supere la muerte de su esposa sabiendo que su niño sufriría horrores, sin una mujer que vele sus sueños y juegos, que lo lleve al jardín mientras él trabaja duro cada día y así mantenerlos, siempre felices, siempre juntos y sin preocupaciones… Lastima, todo se desmoronó al enterase que su “Amada” murió en uno de sus escapapes con ese amante del que conocía sus aventuras, con ese “Amigo” que silenciosamente le quitaba lo que mas quería… Su esposa, la madre de su hijo… Fueron noches de lágrimas dolorosas, maldiciendo a la vida por la traición, pero aun mas cruel por la perdida, por verse otra vez solo en su cama aguardando su regreso, esperando a que ella saliera de la ducha tras eliminar el aroma de su cuerpo que no pertenecía a su colonia y aunque deseaba morir siempre trató de mantener una sonrisa para ese ángel que le daba luz a su existir, quería sonreír y siempre sonreír para su niño, el que lo salvó de las tinieblas y desde ese día solo trae felicidad y congoja, amor y mas amor.

Mintió, es cierto que mintió al decirle que su madre se había ido a otro país, no necesitaba contarle la verdad y que la imagen de una mujer ejemplar de destruyera como cristal, no quería eso, aunque fue traicionado de la peor manera no se sentía con derecho de romper las ilusiones de su hijo. Porque Junsu no podía odiar como él, eso debía ser evitado a toda costa. Los días pasaron rápido, primero los desolados otoños llenos de trabajo y café amargo, cigarros interminables y por qué no decirlo, alcohol en sus venas… Todo aquello surgiendo de repente como adicción, sumiéndolo en penumbras y marchitando aun mas sus esperanzas de ser feliz; sólo que cuando regresaba a casa y contemplaba a ese pequeño de 4 años jugando con sus crayones, dibujando garabatos con colores de esperanza y tratando de representar los ecos de su inocencia todo desaparecía, su mal humor, las maldiciones, los dolores, las amarguras… Todo pasaba a segundo plano cuando aquellas manitos irremplazables se enredaban en su cuello, cuando la humedad de sus carnosos labios depositaba castos besos en su mejilla y cuando esa quisquillosa voz repetía “Te extrañe Appa”… Porque así era mas dulce, la vida era dulce cuando sus ojos contemplaban a su hijo, y quería huir de todo escapando de lo que le tocó, deseaba reconstruir su vida y comenzar desde cero, con nuevos sueños y esperanzas, con nuevas personas y sonrisas…

Fue así que conoció a la mujer que le cambió la vida, hermosura sin fin y sonrisas ocultas a causa de la tristeza, tenia su corazón lastimado y él quiso curarlo; no faltó mucho tiempo para conocerse, fue amor a primera vista y las interminables charlas de amigos sirvieron para que cada uno optara por tomar las riendas de su vida y manejara, desviarla de la deriva. El con un motivo firme y refulgente… “Junsu”… Ella con tres de amor y felicidad “JaeJoong, LiJoong y Changmin” mártires vivientes, superadores de pruebas que aún no terminaban, atados a un destino incierto y lleno de lagrimas de sangre.

Todo pasó a ser real, no había palabras para describir a la familia que encontró entre el rosal de espinas, un lado en una cama calida y suave con una mujer que lo abrasaba y hacia espantar sus malos sueños cada noche, unos labios que acoplándose con los suyos le hacían ansiar el momento de despertar y probarlos nuevamente por enésima vez… Ese verdoso mate cocido con cada rayo solar que junto con sus ahora cuatro retoños podían decirse era lo único que necesita para olvidar todo y comenzar de nuevo…

Para que no se acabe el sueño…

Porque quedaba mucho por andar…

Porque mañana sería un día nuevo bajo el sol…

Porque volvía a empezar…

Y no alcanzaba a explicarse a si mismo como fue que esas cuatro personas se enterraron tanto en su carne, en su alma; como dependía de sus estados de ánimo e incluso se sentía participe de ellos, un verdadero padre con ahora cuatro niños a su cargo a los cuales amaba por igual en tan poco tiempo y de una manera inexpresable. Trataba de ocupar tiempo igual con cada uno de ellos quienes actuaban como si se conocieran desde el nacimiento, primero los mellizos JaeJoong y LiJoong preocupándose y cuidando fraternalmente a sus otros dos pequeñines que hacían de las suyas, Changmin y Junza… Luego las peleas conflictivas por ver quién quería mas a quién y por ultimo las reconciliaciones que terminaban en caramelos y cocoa en la tarde, como debía ser.

Había pasado solo dos años con su familia y ya le era indispensable, no concebía la idea de perder a uno de ellos, se sentía colérico e impotente al no poder hacer nada por la pequeña de la familia, era injusto y maldecía a esa enfermedad que hospedó el antes marido de su amada que por cierto no tenia culpa alguna. Aun recordaba esa noche del 2 de agosto del otoño del 98` cuando su hermosa mujer le confesó todo aquello que desconocía, la terrorífica realidad que sufría el corazón de su pequeña LiJoong a causa de una enfermedad congénita que portaba desde el nacimiento, fue la segunda vez que lloró, ambos lloraron abrasados y maldiciendo por la vida elegida para ellos, una llena de trampas y males los cuales le quitaban un poco de sus espíritus luchadores con cada anochecer del día, esos que comenzaban con un astro sol que los observaba y sentía lastima por ellos… Esos que eran uno de los pocos que ambos volverían a ver. Fue entonces que la lucha por una cura comenzó, ambos viajaban y utilizaban sus riquezas en encontrar tal solo un indicio de cura, un transplante el cual le era despiadadamente negado ya que también habían otros niños que poseían los mismos derechos y esperaban pacientes ese órgano sano que los ayude a vivir un poco mas, caso contrario a lo que le fue destinado.

Y ya esperanzas no quedaban, ahora estaba de nuevo allí, con Junsu entre sus brazos y silenciosas lagrimas escapando de sus ojos, tristes y amargas gotas que se esfumaban libremente con la pequeña ventisca de la noche, escuchando atentamente los grillos cantar y las luciérnagas divagando por la atmósfera otoñal, alegres y vivas, como la vida que a él se le escapaba con cada hora…

Quería quedarse en el hospital apoyando a su familia, esas personas que sufrían como antes; necesitaba estar con ellos pero… ¿Y Junsu? El no sabia nada y tampoco quería ver llorar a su hijo, muchas lagrimas vio en él para no querer volver hacerlo; por todo aquello optó por quedarse con él, solo rezando para que un corazón llegara y salvara a su niña, rezando para que todo sea un mal sueño… Rezando para que todo vuelva a estar en su lugar…

Morfeo solo se había llevado la conciencia de un niño inocente que no sabia lo que sucedía a su acreedor, destino cruel que apagaba lentamente la luz de una niña que se disputaba entre la vida y la muerte…

Entre un comienzo y un trágico final…




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- SABE DE LO QUE ESTA HABLANDO!!? Mi hija se está muriendo en el quirófano!!... - exclamo al borde del colapso Kim Minsoo, madre de cuatro criaturas y dueña de una inmensa pena…

En la oficina solo permanecían tres personas que discutían con sus divergentes opiniones, dos de ellas tratando de hacer entrar en razón al secretario de salud de Corea, señor que mas que cumplir con su deber contradecía entupidamente a los otros dos…

- Sabe que no me interesa su dinero señora Kim, el país depende de nuestro departamento de salud, por mas que sea una importante capitalista eso no le da derecho de reclamar cosas que no le pueden ser entregadas… Hay muchos niños antes en la lista que su hija, entienda que ellos tienen los mismos derechos… - aclaró el sujeto sin inmutar sus expresiones faciales, hablando con seguridad acerca de sus argumentos.

- No estoy de acuerdo… Acaso no me esta escuchando?... – el secretario de salud miró al joven que se encontraba al lado de la mujer, sabiendo muy bien de quien se trataba y enarcando una ceja por su imprudencia al hablarle.

- Joven Hiroshima, entienda que no se puede hacer nada, hay dos niños en la misma situación, y solo un corazón para los tres, ¿Qué quiere que haga? Este es el establecimiento mas prestigioso de Corea, no se pueden cometer injusticias… -

- ¿Injusticias? El único que esta cometiendo la injusticia mas grande que puede existir es usted, ¿acaso quiere que nos retiremos sin hacer nada? NO VOY A APERMITIR ESO!! – Minsoo ya estaba en un rincón llorando sin control, pensando en algo que pueda ayudarlos en ese momento, imaginándose el rostro de sus pequeños que estarían abrasados en algún pasillo de la clínica, llorando al igual que ella… - no estudié tantos años de mi vida para que venga alguien y me prohíba salvarle la vida a una niña que todavía no conoce nada, que tiene que seguir viviendo… El único fuera de lugar aquí es usted... -

- Su prestigio no le da derecho a hablarme de ese modo… Las cosas están dichas, hay un solo corazón y ya ha sido designado, no hay nada que se pueda hacer. – finalizó el sujeto antes de hacer una seña para que ambos se retiraran de su oficina.

-NO ME IRÈ HASTA QUE DE LA ORDEN DE QUE ESE CORAZON SE DESIGNE A KIM LIJOONG!!... – se abalanzó hacia el mayor sujetándolo con fuerza de su cuello…

- Que cree que hace!!! Piensa que puede solucionar esto por la fuerza?! Déjese de idioteces Hiroshima!!... -

Miró sus asquerosas orbes y sintió como la repugnancia le provocaba arcadas. Soltó su agarre y observó a ese mal nacido por ultima vez, no entendía como podían haber personas tan podridas y sin sentimientos, alguien que le negara a LiJoong la oportunidad de vivir, porque sabia que el niño al que le fue designado el órgano no se disputaba entre la vida y la muerte, que podía esperar un poco mas no obstante aun recalcándole todos los puntos al secretario de salud este era tan frió que no escuchó nada… El ya había sellado el destino de la pequeña…

- Usted es un… - Minsoo se giró hacia él con su rostro bañado en ira, sus orbes destellaban fuego y la cólera recorría sus venas… - no tiene hijos? ¿Acaso no es un padre de familia?... – indagó con angustia… - perdí a mi esposo y no perderé a mi niña!! … - el mayor la observaba cansino, no estaba en sus planes el cambiar de opinión…

- Señora Kim, no hay nada que hacer, no cambiaré de opinión y está perdiendo su tiempo; el único corazón apto para la cirugía ya fue destinado y quiere que le diga algo? – Hiroshima se había puesto al lado de Minsoo abrasándola y ofreciéndole un hombro donde depositar sus lágrimas, al escuchar esas últimas palabras ambos giraron sus rostros para prestar atención a lo que diría el mayor ¿Les daría una solución? … Su escasa ilusión no se había esfumado del todo… - La gente muere todos los días… - y como si se tratara de un baldazo de agua fría los dos abrieron sus cansados ojos a causa de la sorpresa ¿Ese maldito les hablaba en serio?


-MALDITO HIJO DE PERRA!! ¡!¿ME ESTAS HABLANDO EN SERIO?!! – explotó el mas joven de todos allí, sumamente indignado no creía todavía que un “Colega” , “Prodigioso Medico”, le estuviera diciendo semejante barbaridad, que la muerte de LiJoong seria insignificante, como agregarle una mancha más al tigre…

El cuerpo del sujeto fue brutalmente estampillado contra el grueso cristal de su oficina, esa que daba a un balcón en el segundo piso de la clínica “Sung-tae”, establecimiento de máxima seguridad en tratados de transplantes internacionales; sintió la presión en su cuello y trató de zafarse, lastima que el menor estuviera dotado de una increíble fuerza la cual se incrementaba a cada segundo transcurrido.

- Esto traerá sanciones a su historial, yo que usted lo pensaría dos veces antes de cometer una imprudencia detal magnitud, doctor Hiroshima… - una mueca de triunfo desfilo por sus labios al sentirse con mas poder…

Y un fuerte golpe que quebró las barreras del aire…

Certero y rencoroso…

Necesitado y dolido…

Un hilo de sangre escurría de los labios del avejentado hombre quien callo con pesadez al suelo y sentía su cabeza dar vueltas sin retorno… Un orgullo dañado que no seria fácil de reconstruir, porque aunque necio todavía creía que todo era diferente, que con su don adquirido gracias a la medicina el podría salvar vidas y no fue así, las oportunidades le eran negadas; la realidad golpeó a su puerta “La vida es Maquiavélica” se dijo a si mismo pues estaba en un universo donde una doncella de apenas 8 años moría, era “Dada de baja” por la corrupción de un sujeto que basándose en su puesto tomaba decisiones recurriendo a su repugnante origen. Sintió asco en verdad, sin embargo… ¿Qué ganaba moliéndolo a golpes o gritándole “Podrido hijo de puta”? Nada, absolutamente nada y eso tampoco traería un corazón para LiJoong, la cual mientras ellos discutan luchaba agotada y perdía el conocimiento, preguntándose por millonésima vez si realmente era necesario sufrir tanto…

- Hiro, ya vámonos… Esto es una perdida de tiempo… S-Solo… Solo quiero estar con mi pequeña… - apresando entre sus puños la tela de la ropa del menor y hundiendo la frente en su espalda, reprimiendo las lagrimas, atragantándose con los sollozos, recogiendo los pedazos de su ser… ¿Qué mas valía? Perdió a su esposo por ese mal que pesadillas le traía y la acompañaría por el resto de sus días, vano fantasma que nubla sus sentidos y le abre las puertas del infierno incitándola a adentrarse en la espesa bruma; creía que descubrió un alivio con ese hombre que solo amor y paz trajo no obstante ahora perdería a su hermosa niña, la doncella de sus primaveras, inocente ángel que paga el error cometido por sus antepasados quizás… Basta de todo, solo quedaba acompañarla hasta el último suspiro y su última lagrima, tirarse de un balcón luego o… Talvez seria más fácil cortarse las venas, ahogarse con su propia sangre en la enorme tina de su mansión y partir junto con ella.

Cerró los ojos y sintió como unos joviales y vigorosos brazos la enroscaban transmitiendo calidez, abatida pero aun consciente comenzó a caminar hasta la puerta junto con Hiroshima, el único amigo que le quedaba, ese que no buscaba recompensar ni pretendía un poco de su dinero…No, él siempre estuvo allí para ella y sentía que era el único quien podía devolverle la luz a su Joongie.

- Esto no quedará así, iré al ministerio de salud, presentare mi testimonio frente a un juez nacional… Hablaré con el presidente si es necesario pero no permitiré que siga matando personas… - Espetó observando con odio al personaje sentado en el suelo quien no pasaba de sobarse la cabeza y maldecir.

Porque el miedo refleja convicción de que el espíritu es inalcanzable, por ende el amor se torna desesperado, el vivir se torna desesperado…

Y su vivir era desesperado, a cada paso que daba para acercarse a esa sala una espina se clavaba en sus pies transformando su camino en tedioso y agobiante, una tortura para cualquiera. No vio a sus otros dos pequeños y tampoco deseaba hacerlo, sentía que si observaba sus dilatadas orbes daría un paso al costado y dejaría marchar a LiJoong sola del mundo, ese era su miedo. estaba mal abandonar dos criaturas al igual que su marido lo hizo con ella, lo sabia bien, pero era su princesita, esa en la cual deposito tantos sueños y anhelos, esperanzas e ilusiones; esa que siempre fue y seria la luz de sus ojos. Morir ya no representaba miedo, es más, no tenia miedo de la muerte ya que se reuniría con esa persona importante que perdió poco tiempo atrás. Y sus manos nuevamente vagaron por la piel de su rostro para apartar las lágrimas que no cesaban, no deseaba llegar en ese estado al lado de su hija. Tomó una bocanada de aire y pudo entrar al fin omitiendo los cuestionamientos.

Todo era asqueroso, una camilla en el centro, miles de aparatos que ayudaban a la pequeña a vivir, cables por aquí y allí, incrustados en su piel y originando esa mueca de desagrado y profundo dolor en su expresión; unos tubos con diferentes ingestiones que se escurrían por las venas de la pequeña, líquidos pálidos y transparentes, sueros, calmantes, sangre que le permitiera seguir con el bombeo de su corazón que ya casi era nulo. Observó por un instante la maquina que verificaba las pulsaciones de su corazón, ya quedaba poco de tiempo, LiJoong moría lentamente; dirigió desesperada las manos a su boca evitando que los sollozos salieran y se perdieran en la atmósfera, miró con innumerables lagrimas el cuerpo de su pequeñita, pálido y flaco, con pinchazos y moretones por todos lados, especialmente en sus brazos, fue entonces que calmándose un poco y agradeciendo que no haya ningún enfermero o doctor cerca se sentó a su lado sobre una barra de metal en la cual se situaban los utensilios de cirugía, esa a la cual debía ser sometida de inmediato pero que nunca llegaría. Vio el temblor de sus propias manos y se sintió desfallecer, sin embargo no podía ceder en los últimos minutos, no quería que su hija sintiera, aun estando dormida, su debilidad en esa situación. Por ello con todo el terror existente comenzó a acariciar sus mejillas, sus cabellos, sus pálidos labios, eso era cruel, demasiado para soportarlo.

Se preguntaba si los cerrados ojos de su Joongie se abrirían otra vez, quería volver a ver el brillo en ellos, era lo que mas deseaba, aunque sea para despedirse y que se fuera tranquila, sabiendo que ella la acompañaría al instante; que no le importaba nada mas, solo ella en ese momento y decirle, aunque lo hubiera hecho un millón de veces, que la amaba mas que a nada.

Y no pudo omitir las ganas de acercarse a su pecho y sentir los escasos latidos de su corazón, arrodillándose en el suelo y llorando mientras apresaba sus manitos inmóviles, esas que estaban tan frías como las de un muerto. Y maldijo otra vez, lo hizo aun con más rabia; odiaba a todo el mundo. Eso era lo único cierto.

Rezar… Ya no conocía el significado de esa palabra, ya no rezaba y no lo volvería a hacer, solo esperaría haber que pasa, era lo que quedaba, esperar y someterse a la soledad, al maleficio de perder de nuevo a un ser amado. Lentamente sus ojos se fueron cerrando y cuando creía que todo estaba terminado un par de sollozos chocaron contra sus oídos…

Porque a pesar de todo ella aun siente…

Su corazón no había sido desintegrado del todo…

Y aunque duela, sabe que en el fondo no puede marchar…

No cuando dos personitas sufren su misma pena…

No cuando sangre de su sangre tiene todavía pies sobre la tierra…

Giro la vista y dejó caer las lagrimas que quedaban, ya el cuadro era desolador… Dos pequeñitos llorando a sus espaldas, tallando sus ojitos que no podían dejar de derramar al estorboso liquido, con azules bufandas de lana que llegaban hasta el suelo y ponpones angelicales de blanco color, sus ropas holgadas un poco sucias y gorros que estaban mas pálidos que sus rostros; un rojizo color en sus mejillas y angustia en sus ojos; ambos estaban agarrado de sus manos mientras que el mas pequeño traía un gran oso de felpa en su mano libre, apretándolo con fuerza y ocultando de vez en cuando su rostro en él, para que la vista que se clavaba en ellos no viera que lloraban, no viera que estaban demasiado destruidos con todo lo que sucedía…

- P-Por qué… Por qué… - repetía JaeJoong apresando con mas fuerza la mano de Changmin, arrugando el seño y bajando la mirada.

Se acercó a ellos con desesperación y los abrasó a ambos, los cuales inmediatamente enterraron sus rostros en el cuello de su madre, queriendo salir de allí de inmediato y dejar de ver el dolor de su hermana. Y como si pudiera leer su mente Minsoo sacó a sus dos niños de allí, cerrando la puerta y viendo por última vez y con el corazón partido en pedazos a LiJoong, quien dormida lentamente los abandonaba. Se quedaron los tres abrasados en un rincón en el suelo, observando las pálidas y macabras paredes del hospital que ahogaba almas en pena, de las cuales salían gritos inaudibles, sufrimiento sin fin… Angustia sin retorno. Sin palabras, sin cuestionamientos, solo los tres sumergidos en su propio mundo doloroso, buscando palabras que definieran sus sentimientos y erróneamente no encantando alguna. Y el frío le produjo piel de gallina a Minsoo quien acurrucaba más a sus pequeños y desistía cada vez mas a la idea de morir, arrepintiéndose de todos sus anteriores pensamientos los cuales huían de su mente. Observó el reloj, ya habían pasado casi 4 horas desde que llegaron, ya nada podía hacerse, salvo que fuera un milagro y mágicamente todo desapareciera, que se encuentren todos como hace días jugando por sus extensos campos, bañándose en la cascada o contando infantiles historias por las noches, entre sopa y café, entre peluches y almohadones.

Deseo… Deseo que nunca llegaría a pesar de tener tanta razón a favor, a pesar de saber que no mereces absolutamente nada de lo que le tocó, ya que su conciencia tranquila estaba, nadie podría recalcarle un grabe error en su vida, siempre siendo una ejemplar esposa y madre, y sin embargo… Allí estaba, viendo como su hija muere, traspasando el dolor, otra vez… Y terribles cuestionamientos acudieron a su cabeza en esas horas que pasaban lentas tirada en un rincón con sus hijos en brazos, derrotados por el llanto y concibiendo el sueño; pensó en todas sus conocidas, mujeres de la alta sociedad que engañaban a sus maridos y viajaban con sus amantes a países lejanos de vacaciones, olvidando a sus avejentados y golpeados compañeros de vida e hijos, no importándole un reverendo comino lo que sucediera con la angustia y el abandono que esas personas dejadas sentían, no importándole absolutamente nada y entregándose a los pecados que las recibían con gusto… Aun así, que injusta era la vida con ella, mejor decir que la vida es injusta y Dios siempre da pan a quien no tiene dientes.

Cerró sus cansados ojos entregándose al descanso, no queriendo despertar y recibir la noticia de que su hija ya haya partido, procurando no llorar más y resistir solo un momento hasta morir de tristeza como lo estaba haciendo. ¿Por qué la gente puede morir de tristeza cierto? Si ese fuera el caso… Ella ya lo hubiera hecho hace mucho tiempo. Un suspiro escapó y todos sus músculos se relajaron, vagando su mente ahora en esos bellos tiempos de comienzo, rememorando lo que fue el nacimiento de sus mellizos, la alegra mas grande de su vida y luego su minnie, siendo el mas consentido por su pequeña familia que constaba de su esposo e hijos, solo ellos en el mundo los cuales desaparecían lentamente por el camino transcurridos y preguntándose también si lo seguirían asiendo, si acaso Dios le arrebataría a todos en un santiamén despiadado. La muerte de Jaewook fue muy difícil de superar, pero la sonrisa de sus pequeños la ayudaron a hacerlo, también la busca de una cura para LiJoong que contraía males de su padre, siendo la única maldecida con dicha peste; pero no seria por mucho tiempo porque a su vida llegó él, un hombre a quien aprendió a amar de la noche a la mañana, fiel compañero que además de otro bello angelito a su cuidado solo trajo felicidad…

Los últimos dos años vividos con él y su familia fueron los mas felices, ver a cada amanecer como JaeJoong y LiJoong salían a cuidar a los otros dos para que no se pierdan en las extensiones de su propiedad, viéndolos de lejos y gritando de vez en cuando que no se alejen, riendo cuando misteriosamente caían por los pastizales o recolectaban flores, el caso de los mellizos que siempre le regalaban especies extrañas que encontraban por ahí, otorgándole dichas sin fin. Una mueca se asemejó a sus labios y una lagrima mas escapó, ni siquiera el sueño le era designado, no tenia derecho ni siquiera a escapar de la realidad por unos instantes. Su celular sonando como loco y ella no prestándole la mas mínima atención, seguro serian asuntos de sus empresas, las cuales ni siquiera ahora le importaban, pero seguramente Woo-nang se haría cargo de todos los asuntos pendientes, era su sostén y sabia que en esos momentos no podía ni siquiera pensar en nada relacionado con el trabajo. Comprendía su situación, él no decirle a Junsu sobre todo lo que pasaba y el no estar acompañándola en ese momentos, comprendía perfectamente que ya su pequeñito había sufrido demasiado con el abandono y muerte de esa bastarda que seguro se revolcaba en las llamas del infierno en ese instante, ella comprendía perfectamente todo… ¿Pero quien la comprendía a ella? ¿No era suficiente dolor?

¿Nadie podía comprender que deseaba morir?

Deseaba morir y dejar de sufrir, sin embargo la culpa de que sus hijos sufrieran del mismo modo era motivo suficiente para seguir luchando un poco más… Así como ella no tiene derecho a morir sus pequeños no tienen derecho al dolor, era algo que debían superar todos juntos. Fue como un rayo en plena lluvia que alumbró sus ideas, por fin pensaba con claridad y no por la herida, pensaba en esas personitas que dormían aun sollozando en su regazo y también en ese que aunque lejos y en el regazo de sus padre también permanecía en su corazón, siempre vivo y sintiéndolo como propio; porque esta de mas decir que Junsu era su propio hijo y así se sintió durante ese par de años en los cuales todos comenzaron a vivir.

Una hora…dos… tres…

El reloj no se detenía y el sueño no llegaba, las horas pasaban con rapidez y no quería pensar en la agonía de su niña, basta por favor de sufrir, su cabeza estallaría. Y entonces como de la nada un fuerte golpe hizo que sus sentidos se alarmaran por completo, vio aterrorizada el rostro de Hiroshima que alarmando también a JaeJoong y minnie comenzaba a zamarrearla, con los ojos completamente rojos, seguro había llorado, y la angustia a flor de piel…

Seguro le daría la peor noticia…

No espero a que el castaño dijera palabra, solo se abrazó a él y liberó su angustia, mirando a sus hijos que abrasados seguían sus mismas acciones.

- N-No es lo que piensas… Por favor debes seguirme… - alcanzó a decir el mas joven captando la atención de Minsoo y de los niños a su lado, ella solo pudo asentir y cargar a JaeJoong mientras que Hiroshima alzaba a minnie que no paraba de llorar.

- Dime que es lo que sucede… - preguntó temerosa

- Dios Minsoo…Eso sucede… - sus palabras la descolocaron totalmente, JaeJoong y Min durmiendo abatidos en los brazos de ambos… - hubo un grave accidente…

Y solo eso bastó para que la cabeza de Minsoo carburara a mil por segundo, generando miles raciocinios diferentes y formulando teorías que ni siquiera sabia si existían.

- No se como decirlo, esto es demasiado para mi Minsoo… Estoy aterrado… - sinceró al borde del colapso el joven de 25 años, quebrándose en ese momento en donde surgía una cura. – esto que te voy a decir es muy duro…

- Ya estoy entregada… - sus brazos apresando con mas fuerza la anatomía de un cansado JaeJoong que solo dormía entre sombras, bajo el ostentoso sueño de sus percepciones.

- La morgue del estado recibió cuatro cuerpos que fueron victima de un accidente de un incendio, son tres jóvenes y una niña de 12 años. Por desgracia sus incinerados cuerpos producto de la explosión serán entregados a sus familias porque decidieron no donar los órganos, intenté convencer a algunos pero no hay caso de que donen un corazón para LiJoong, sin embargo… - calló abruptamente…

- …………. - tan aterrada por las palabras que fueron escuchadas ni siquiera se atrevía a formular estrofa.

- Aquí en esta clínica acaba de morir un niño de 10 años, en estas ultimas horas le dieron el acta a sus padres para firmarlo, aun no está nada dicho pero podemos convencerlos Minsoo… Por favor acompáñame hay que conseguir ese corazón… -

Pareciera como si se estuviera hablando de un perfecto matadero de vacas, pues la vida de las personas se esfumaba como cigarrillo, no importaban y pronto pasaban a la historia; cuerpos llegaban a la morgue y la mayoría siendo desmantelado para que sus órganos recorrieran la mitad del país o quizás el mundo y salven la vida de otro ser al cual se le ofrecía una segunda oportunidad, lastima que esos muertos que tanto lograban con ello eran olvidados, porque luego de eso nada quedaba, ni sus logros, ni sus sueños… Nada… Eso era morir.

Y una luz en el camino brillando…

Una esperanza de que LiJoong permanezca a su lado…

Su llanto demostrando la alegría inmaculada…

Porque volvía a respirar, volvía a nacer…

- Llévame donde están… - dijo para encontrarse de inmediato recorriendo los pasillos de la clínica, viendo personas llorando y médicos dando diagnósticos desolladores, observando a lo lejos a un par de personas abrasadas, en silencio compartiendo por lo visto la mas triste de las noticias…

Una fuerte punzada en su estómago al ver a esas personas, se vio a ella mismo tras ellos, como una especie de fantasma con el rostro blanco y los labios resecos y resquebrajados, cayendo lentamente por la pared hasta chocar en el suelo y encerradse como caracol para derrotar la impresión, ese gusto amargo que se originó en su boca cuando le dieron la noticia de que su marido había muerto…

Se vio ella misma allí…

Rememoro todo lo que quería apartar de sus memorias…

No deseaba pasarlo de nuevo…

Esta vez debía ser de otra manera…

La joven pareja los observó en silencio sabiendo a que se debía su presencia, la pelicastaña, de grandes y brillantes ojos que se encontraban opacados se sentó en la banca apesadumbrada como si fuera que se derrumbaría en cuestión de segundos, por su parte el hombre de unos aproximados 35 años esperó a que los otros se decidieran a hablar…

- Que triste no? … - Minsoo rompiendo el silencio y murmurando la primera frase… - lo siento, esto es terrible para todos… -

- Creo que mas lo es para nosotros, si viene para pedirnos que abramos el cuerpo de mi hijo en dos para sacarle el corazón esta muy equivocada… - fue la terrible decisión del sujeto que no podía mantenerse en pie… Sus pupilas totalmente vacías y ausentes, mientras que su cuerpo parecía perder equilibrio, debió des una noche terrible, como la que ella sobrepasaba también…

- Por… favor… Mi hija esta muriendo… - y esas indecentes de nueva cuenta surgiendo sin ser llamadas, producto de un fuerte agujero en su estomago que se profundizaba sin limites; las lagrimas no se detenían y le demostraban a esas personas lo mucho que las comprendía. La joven sentada en la banca mantenía el rostro oculto entre sus manos las que al mismo tiempo se apoyaban en sus rodillas, temblando y llorando en silencio, abatida y moribunda.

- Ya tomamos una decisión. No le podría hacer eso a mi pequeño. – el pelicorto dejó fluir sus lagrimas desmoronándose en pedazos, fue un golpe demasiado grande.

- Señor, yo entiendo perfectamente lo que dice, acaba de perder a un hijo pero esta privando a otro de poder vivir, una pequeña de 8 años esta muriendo en ese quirófano… - el hombre bajó la vista, sabiendo que estaba mal, era deber de los ciudadanos contribuir con la comunidad sin embargo… Se estaba hablando de un hijo, a nadie le gustaría que lo desmantelaran a su antojo sabiendo que días atrás vivió y que aunque ya no habite en las calles siempre estaría presente para él que lo vio crecer, porque un hijo no se olvida jamás… - está agonizando hace mas de 7 horas porque un hijo de puta no quiso designarle un corazón, el cual esperamos hace 8 años; sufrió un golpe bajo lo sé, pero por favor le imploro, no prive a esta madre de ver crecer a su niña… - es ilógico no obstante el llorar es algo inevitable, Hiro se quebró a medida que trataba de convencer a ese hombre frente suyo, acurrucando mas a Changmin en su pecho y enterrando su olfato en el cabello del inconciente niño.

En un rápido movimiento Minsoo dejó a JaeJoong en la banca del hospital al lado suyo y caminó a paso moderado hacia el pelicorto que miraba expectante, llegó freten suyo e inmediatamente se arrodilló, bajando su cabeza apresando un rosario entre sus manos, haría lo que este a su alcance para conseguir revivir a LiJoong si entre esas opciones estaba el volver a creer en Dios lo haría.

- Sabe que no es necesario señora… - se escuchó la resignada voz del pelicorto.

- Se lo suplico, por favor, me moriré si pierdo a mi hija, no lo soportaría otra vez, tengo tres niños y no puedo abandonarlos. – trató de sacar afuera todo eso que guardaba con rencor y desilusión. – se que el dinero no puede hacer nada, es tan insignificante en estos momentos que ni siquiera pudo conseguir un corazón para mi pequeña. Por eso le suplico que recapacite, salve a mi hija… -

- Perdone, estamos demasiado destruidos para tomar una decisi… - sus palabras cesaron al ver a ese pequeño que lo miraba entre lagrimas ahogadas…

- Señor… - formuló JaeJoong falto de aire, acercándose a su madre y haciendo que esta lo abrace… - yo quiero darle mi corazón a Joongie, pero no me dejan… Somos mellizos sabe y somos muy parecidos, somos iguales y… Y-Yo deseo con toda mi alma que permanezca a mi lado. Por favor, yo se que si su hijo esta en el cielo y le gustaría salvar otra vida. Yo quiero morir pero no me dejan morir por ella ¿Por qué? No entiendo… por… - lagrimas, infinitas lagrimas que partieron lo que quedaba el alma de todos los allí presentes… - por qué tiene que sufrir así, la estoy escuchando, su dolor, todo… Ella me esta llamando… Ella es buena sabe… yo se que ella es buena y no entiendo… Por mas que lo pienso no entiendo esto… - su rostro se apoyó en el hombro de su madre, abrasándola con fuerza y conteniendo todo el dolor para no gritar…

El hombre se quedó sin habla, ese niño le recordaba tanto a su pequeño que no pudo evitar acercarse a él y separarlo de su madre para abrasarlo con fuerza, hundiendo su rostro en su frágil y suave cuello… Llorando como niño.

Su hijo estaba reflejado en él, era su niño el que lloraba y lo encontraba tan triste, por momentos ese pequeño frente suyo hizo que todo en su interior se derrumbara de nuevo, haciéndole creer que tenia el derecho de darle una solución a esas lagrimas que escapando profusas no hacían mas que dirimir el profundo agujero ausente en el corazón del niño, se sentía culpable… Porque a pesar de todo, es egoísta… Y lloró, lloró de nuevo acariciándole los cabellos al pelinegro y oliendo su tierno aroma, rememorando lo que antes estuvo en sus brazos, trayendo a su mente esas imágenes en diapositiva de su pequeño al cual no vería más. Se preguntó de nuevo si no estaba siendo muy duro, privando a alguien de vivir cuando eso esta en sus manos, en las de su fallecido hijo, en las manos del podrido destino que le fue otorgado.

No fueron necesarias más palabras, comprendió todo, absolutamente todo cuando un calido brazo se posó sobre sus hombros, cuando un cuerpo se arrodilló a su lado, cuando unas frías y ásperas manos se situaron sobre sus mejillas suprimiendo lo poco de fuerza que le quedaba, y ese…. “Estará todo bien”… Que le transmitía tanta tristeza actuaba por si mismo. Su mujer le sonrió con nostalgia para voltear hasta el niño frente suyo y levantar su rostro, admirándolo solo un poco, para sonreírle como ella lo hacia hace días atrás y regalarle un alivio a su lastimado y maltrecho corazón.

- Estará todo bien pequeño… Estará todo bien… - murmuró sin mas, no mirando a Minsoo ni Hiroshima, solo a JaeJoong quien limpiaba erráticamente sus mejillas y trataba de sonreír porque eso era lo que necesitaba, que alguien le dijera que todo estaría bien y se solucionaría. Que le dijeran “LiJoong dejara de sufrir”.

El pelicorto bajó la mirada sin replica, conocía esos ojos, la determinación en ellos y todo lo demás no importaba, una decisión había sido tomada y no había en él intención de removerla o intentar contradecirla; se abrasaron apartándose de esas personas y caminaron juntos por el pasillo, llorando ambos en el transcurso con un documento firmado en sus manos, enterrando las penas y suprimiendo un dolor que jamás se iría del cementerio de sus emociones.

Todo lo demás fue terrible, las piernas de Hiroshima no daban mas ya que corría para todos lados tratando de encontrar a su grupo de trabajo, mendigando un poco de ayuda y recalcándoles que había una solución, que por favor le ayudaran porque LiJoong podía salvarse, recibiendo por respuestas simples y funestos “Esa niña morirá” o “Ya resígnate Hiro, esta muy mal” que solo le hacían escupir mas y mas veneno a cada minuto que pasaba. Pero de mal en mal y con todo la lucha posible, tal vez unas prófugas lagrimas también, consiguió en poco tiempo un equipo de cirugía que le ayudara en su cometido, a revertir esa historia que ya había sido escrita, a destruir ese lugar en el cementerio que ya había sido apartada para la pequeña. Se encontraba vistiendo su atuendo el cual solo orgullo le traía, un rosario en manos y los últimos retoques siendo efectuados, todo estaba listo y las horas pasadas eran demasiadas, no podía creer que Joong hubiera resistido un completo de casi 11 horas, por eso debía hacer todo lo posible, debía hacerlo aunque fuera lo ultimo que haga en su vida. Era su más difícil prueba.

Porque el sacrificio de esos padres no podía ser en vano…

Pero principalmente porque no decepcionaría a Minsoo…

Eso nunca…

Una ráfaga de viento golpeo su rostro con agresividad y el olor a fertilizante invadió sus sentidos del olfato, colocó con éxito el barbijo y entró inmediatamente. Las plegarias fueron recitadas y el rosario en uno de sus bolsillos serviría tal vez como una cabala divina. Una que le ayude aunque fuera realmente imposible…

La luz roja fluorescente de letrero arriba en la entrada del quirófano se encendió, y los ojos de Minsoo rodaron hasta ella, suspirando profundamente y tomando asiento en una de las bancas, esperando impaciente lo que fuera necesario, abrasando sus rodillas y enterrando las lagrimas en ellas… Rezando por lo bajo, creyendo una vez mas en ese dios que tanto le quitaba, descubriendo que todavía quedaban lagrimas que derramar. Le dio un escalofrió y sintió la necesidad de abrasar a sus hijos sin embargo era mejor que permanecieran con Woo-nang quien había llegado con Karin, la nana de los niños y fiel trabajadora de su familia, quien de inmediato llevó a Min y JaeJoong a una de las habitaciones del hospital para que durmieran, dejándole espacio para correr a un lado de su mujer y abrasarla como era debido, compartiendo su dolor y ayudando a que no se desmorone.

Unos brazos firmes rodearon su cintura y un pequeños beso fue depositado en su cuello, cerró los ojos con impaciencia para luego dejar recargar su cuerpo sobre el pecho de Woo-nang; agradeciendo esa cercanía que brindaba algo de paz a sus pensamientos, sabiendo que hora no estaba sola, que él la acompañaba y recibiría la buena o mala noticia, que sonreiría o lloraría también. Unas firmes palabras de aliento fueron susurradas en su oído y la calidez de la piel ajena reprimió las lagrimas; miró con deje de tristeza al castaño y lo besó dulcemente, danzando sus labios sobre los otros, moviéndose sus bocas cansina y pausadamente, algo que le brindaba fuerzas para seguir un poco mas… El suspirar frustrado de sus pulmones dio paso a una pausada acoplación de aire y el pálido tinte de sus mejillas quería desaparecer lentamente, no podía decir que se sentía bien, sin embargo lo necesitaba tanto a su lado, lo amaba tanto que un poco de amor rellenaba el vació de sus ojos, la pena en su alma. Sus cuerpos se unieron en un poderoso abraso permaneciendo sentados en la banca, admirando de a momentos la luz roja del letrero, arropándose contra el frío y los temblores de sus anatomías para seguir abrasándose, sin palabras, porque los gestos de sus rostros demostraban todo eso que las palabras nunca conseguirían.



El tiempo se detuvo ante sus ojos, el pecho le dolía tanto que necesitaba gritar y llorar, salir corriendo de esa habitación y decir a los cuatro vientos que duele, y duele mucho. Las esperanzas para él habían terminado, lo sentía, JaeJoong sentía que algo malo sucedía, estaba conectado con su hermana y eso nadie lo sabía. Nadie le preguntó el porque de esas lagrimas a pesar de todo, y había solo una respuesta, sufría… LiJoong sufría horrores. No se explicaba como habían terminado ahí de un momento para otro, estaban durmiendo apaciblemente y esos malestares que siempre lo invadían regresaron, no puede borrar de su mente las lagrimas de su hermana quien estaba pasando por un transe de convulsiones, los gritos… Los gritos seguidos de gemidos dolorosos, corriendo por la mansión llamando la atención de todos los presentes, diciendo que su hermana estaba mal, que otra vez sucedía, pero presentía que seria la ultima vez, por eso lloraba en realidad… Enterró el rostro en la almohada observando a Changmin que dormía con su decaído semblante en la cama de al lado entre los brazos de Karin, pobre su pequeño, estaba sufriendo tanto como él, no se merecían eso, todavía no lograba entender nada; levantó su mano hasta que esta quedó justo frente suyo, observó cada detalle…

Era exactamente igual a la de su hermana, cada recoveco era perfectamente igual, eso llamaba a la impotencia de no poder hacer nada; escuchaba…El escuchaba como si fueran propios… Los escasos latidos del corazón de su hermana retumbaban despiadados en sus oídos, quería espantarlos sin embargo no podía, LiJoong lo estaba volviendo loco… “JaeJoong… JaeJoong” escuchaba repetidas veces, lo llamaba, ella lo estaba llamando pero aun así sentía pánico, el miedo a escuchar y dejarse llevar por esa voz lo aterraba, no quería… Por favor deseaba que esos gritos desesperados terminaran porque en realidad se estaba volviendo loco. Sacudió su cabeza y allí lo sintió, una gigantesca punzada atravesando su pecho, se retorció, sus puños apresaron las sabanas mostrando claramente el dolor y la desesperación, su espalda se asqueó y unos temblores sacudieron su mundo. El sonido del mar… Agua corriendo, eso es lo siguiente y luego…Nada.

Silencio que perturbaba la calma…

Sus ojos se despejaron y sin siquiera pestañar comenzó a sentir como las gruesas gotas caían sin retorno, todo a su paso desapareció, los latidos se tornaron normales y esa voz que momentos atrás retumbaba en su mente como martillo ahora se había esfumado. Con todos sus sentidos alarmados decidió levantarse de la cama y dirigirse al lugar donde sentía debía estar, con el rosario en su puño, camino un largo tramo hasta detenerse en medio del pasillo, observando a tres personas frente a él… Su padre sentado en la banca con el rostro enterrado entre sus manos, Hiroshima y su madre…

Escuchó un fuerte ruido que colapsó sus pensamientos, sus ojos se abrieron de par en par al ver como su madre golpeó sin compasión a Hiro, con el rostro inundado en lagrimas y a punto de desvanecerse, vio como el menor solo bajaba el rostro ocultando los sollozos y tratando de soportar esas terribles palabras que salieron de los labios de la mujer.

“Desaparece de mi vista… Desaparece…”

Y no basto nada más para comprender que era lo que pasaba…

El sordo ruido de un rosario rebotar contra el suelo de ese hospital fue lo ultimo que se produjo en la escena, claro indicio de la tempestad que había comenzado…



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- Nos encontramos el día de hoy para despedir los restos de estas personas que tantas adversidades superaron, claros mártires que hoy entre alegrías y desilusiones se despiden del mundo que conocemos para partir hacia uno mejor donde se encontraran con eso que anhelaron conservar. El cielo sobre nuestros ojos se tiñe con un oscuro manto tras la perdida pero hermanos… Esto es el empezar de un camino, una vida termina y otra comienza, recordémoslos con amor y alegría, para que la esperanza de sus almas jamás se extinga. – recitó el padre con dolor, tratando de definir con palabras como se sentía su espíritu… Dolido y calcinado.

El cementerio estaba desolado, solo 4 personas alrededor de esos dos ataúdes decorados con coronas de flores, con finos detalles y vacío significado; pocas lagrimas siendo derramadas a causa de su escasez, no comprendiendo si en realidad sucedía o era otra mala pasada del destino.

- JaeJoong… Sus ultimas palabras… - murmuró en bajo todo el cura quien estaba aun mas dolorido al ver a esos tres jóvenes abrasados y abatidos, ausentes y conmocionados.

El pelinegro se acercó con lentos y cortos pasos frente a los ataúdes, mirando con ausencia y desconcierto, cerrando los ojos y suspirando por ultima vez; un movimiento de su mano sacó una roja rosa llena de espinas de su negro atuendo para luego tirarla sobre los cajones de madera rustica, admirando la nada y reprimiendo ese sollozo que se perdió en su garganta, acomodando solo un poco las ideas para no desmoronarse.

Un accidente… Del día anterior lo único que recuerda es ese llamado de Masakazu dándole la terrible noticia “Están muertos…” y advirtiéndole que nada podía ir peor; solo pudo correr hasta el salón de sus hermanos siendo inmediatamente visto por los directivos los cuales no tardaron en preguntar que pasaba, a lo que solo pudo responder con lagrimas, siéndole imposible a tarea de pronunciar palabra. Pronto se encontraban en un hospital desconocido los tres, recibiendo cada detalle de lo que había sucedido y cayendo a la realidad con una fuerte bofetada. Desde ese instante ninguno de los tres se atrevió a decir nada, estaban absolutamente shokeados, como era eso posible, sus padres… Sus padres habían muerto y los habían dejado solos como lo hizo LiJoong, nada tenia una explicación coherente.

Una solitaria lagrima se asemejó al rostro de JaeJoong y giró para ver a sus hermanos, secó algunas de las lagrimas del rostro de Junsu y Changmin para comenzar a caminar por el césped, cerrando los ojos frente a los rayo de sol que eran despedidos del hermoso día que los envolvía, resignado y sin aliento siquiera por maldecir, ni eso le quedaba a Kim JaeJoong que de un instante a otro tomaba las riendas de tres maldecidas vidas. Volteó la vista para toparse con una mirada conocida, Hiroshima lloraba a la distancia sin consuelo, ahogado por los espectros del remordimiento y por la muerte de su amiga la cual desapareció del mundo odiándolo; la culpa que sentía era tan grande que esos años alejados de Minsoo le supieron a sal. El pelinegro detuvo el paso observando al personaje a lo lejos, tratando de llamar su atención y dedicarle una sonrisa que rompió con un mas poderoso llanto por parte del otro, el pelinegro sabia que su madre había sido demasiada injusta, él jamás hubiera sido capaz de culpar a Hiro por la muerte de su hermana, ya que él fue el primero que supo que su final estaba cerca. Desvió la mirada para seguir caminando, quería alejarse de ese lugar, tanto desastre lo asfixiaba…

Lo vio a lo lejos, Kazu… Esa persona que conocía tan bien y que cuidó tanto de su madre estaba esperándolos fuera del auto; este de inmediato los estrechó en un paternal abraso compartiendo su incertidumbre con los niños, lamentándose aun mas por lo que les diría.
- Jae… lo siento, en realidad lo siento, pero el vuelo de Changmin y Junsu está preparado… dentro de unas horas deberán viajar a Londres… -

Los tres lo miraron anonadados, eso debía ser una broma…

¿Qué más les podía suceder?


Continuara…


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comentenme y alimentenme ;O;

1 ♥Comentarios♥ :

Anónimo dijo...

te alimento pero escribe :p

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