4 sept. 2009

Teniendolo todo… y màs




Titulo: Teniendolo todo… y màs
Autora: Joey
Pareja: YunJae









Jung Yunho, primogénito de la última generación de la familia Jung, destacada por su gran popularidad en el mundo empresarial; Joven exitoso graduado de la más prestigiosa universidad de Asia, Ahora empresario Coreano del año por segunda vez consecutiva y por como van las cosas parece que va por uno más, nombrado por más de una revista como uno de los hombres más sexys de toda Corea… Es quizás todo un paquete de excentricidades, buenas y llamativas, y que desafortunadamente la semana que viene contraerá matrimonio con la hija de Kim JaeLi, un ejecutivo igual de importante que el padre del futuro novio. Los rumores cuentan q ue no hay más que un interés de buen trato entre empresas y familias. Sin duda un tema fascinante de abordar.
Adentrándonos un poco más en la vida de Jung Yunho podemos encontrar que…
Y así era como comenzaba el artículo principal de la revista que compraba quincenalmente su novia y futura esposa. Pura basura. Perdida de tiempo. Por cada idiotez que se publicaba en ese papel un árbol moría injustamente y por una mala causa.
Eso pensaba sin ningún tipo de tapujo Jung Yunho. Un hombre al que pintaban todo bonito pero que también tenía defectos… y vaya que si los tenía. Uno de ellos era, no saber cuando decir… no, a las cosas condenadamente encantadoras.
… Ese artículo lo leyó exactamente una semana antes de su boda. Qué rápido se iba una semana.
- Ya mañana es ‘El gran día’ – La molesta voz de su mejor amigo se hizo escuchar, hasta con eco y prácticamente cantadito, por toda su oficina haciendo más molesto el evidente hecho.
- Tan así que ya ni ocultas el sarcasmo de las palabras – contestó Yunho a Park Yoochun, su mejor amigo desde siempre, y el cual adoraba torturarle, desde hacia casi más de medio año, con todo lo referente a su boda y al eterno encadenamiento que hacía por voluntad propia.
- Es que en serio. Sufres sólo porque quieres… sabía que ese regalo de juego de esposas te había excitado aunque lo negaste por varios días. O sea, que nunca imaginé que realmente fueras masoquista Yunho – Park tomó una curiosa pelota a escala de basketball y la lanzó justo al bote de basura que ahora figuraba con la molesta revista que le había lamido los pies hace varios días y donde yacía una pequeña canasta para encestar. – No puedo creer que aún conserves esta cosa – haciendo referencia a la pelota y canasta que él mismo le había regalado en su cumpleaños a su mejor amigo.
- Xiuli tampoco lo cree y quiere que lo tire – contestó de lo más tranquilo Yunho mientras seguía leyendo el periódico. Yoochun frunció un poco el seño y dejó la pelota sobre el escritorio.
- Más te vale que la siguiente vez que venga aún siga todo como está – el joven heredero hablaba claro. Si se enteraba que Yunho había tirado de su obsequio, sólo porque a la desabrida de su novia no le paresia algo… bueno… tendría problemas. El castaño por fin alzó la mirada y la centró en los profundos orbes oscuros de su amigo antes de sonreír de medio lado.
- Como tú digas… – fue lo único que dijo antes de perderse en la lectura de la bolsa de valores una vez más. Y mientras su amigo sólo miraba como el mayor era consumido por las letras y cifras lentamente… durante casi media hora, hasta que se hartó y puso de pie para ir hasta la entrada de la espaciosa oficina. – ¿Cómo? ¿Te vas tan pronto? -
- Como si te interesara -
-Qué te vaya bien – Yunho continuó, intentando contener una sonrisa, mientras el menor se seguía caminando y él leyendo.
-Seguro… por cierto. Tu despedida de soltero es hoy a las once en tu departamento – dicho esto la entrada principal se cerró con un Yoochun sonriente afuera, y por el otro lado, Yunho sosteniendo tan fuertemente el periódico, que ya había traspasado hasta la hoja de deportes internacionales.
- Hijo de… – se cohibió a decir lo que restaba ya que le guardaba mucho respeto y afecto a la santa madre de ese mal nacido.
¿Despedida de soltero? ¿Él?… ¿Para qué? Cómo si le fuera ser fiel a Xiuli. Estar cazado no significa sexo rutinario con la misma mujer… o por lo menos eso pensaba. Como fuera el caso, decidió dejar de pensar en eso y mejor irse a su departamento. Quizás vagaría un rato por la ciudad antes de ir a su hogar, si así se lo podía llamar. Si, eso haría.
Se colocó el saco de su traje, ni mencionar la marca ya que tenía de tantas que ahora simplemente ni sabía que usaba y que no; para después salir e ir al recibidor de su edificio, afuera ya lo estaría esperando su Audi negro ultimo modelo.
Insistía. Qué rápido pasaba el tiempo. Después de perderse un rato en la ciudad, comprando cosas, comiendo por ahí, visitando a su madre, y haciendo un montón de inutilidades más; le dieron las diez de la noche. Justo ahora tenía dos opciones… ir a algún centro nocturno y hacerse de alguna ‘buena’ compañía para pasar la noche… o ir a su departamento y esperar a sus ‘amigos’ para la despedida de soltero que seguramente habían estado planeando desde el momento que supieron que se iba a casar, nótese que de eso casi siete meses. – Cualquiera de las dos hará que me arrepienta de no haber hecho la otra – se dijo a sí mismo mientras daba vuelta en el retorno más cercano para ir a su departamento.
Dieron las once… once y media, doce… doce y cuarto, cuarto para la una… y esos mal paridos no llegaron. Tomó el vaso de cristal donde había estado bebiendo vodka hasta entonces y apagó las luces del mini bar al mismo tiempo que aflojaba el nudo de su corbata. Lo sabía. Al final se arrepintió de su decisión.
Miró por última vez su reloj. Era la una de la mañana con dieciséis minutos. Ahora sentía que el tiempo se le iba… tan lento. Se había sumergido en la melancolía de la ciudad nocturna admirando lo bien que las luces de los edificios armonizaban entre ellas para darle una excelente vida. De fondo música nada más, ni nada menos, que una igual de melancólica pieza de Jazz, tan casual como sólo ese tipo de música sabe serlo. Era su octavo vaso de vodka y estaba sorprendido de sí mismo, se sentía más lucido que nunca. Tres golpes se escucharon a la puerta, mas él se quedó en la misma posición. – Demasiado tarde – dijo para sí antes de rellenar una vez más hasta la mitad, el ancho vaso de licor.
Tardaron unos segundos en volverse a escuchar los golpes a la puerta, pero como antes, Yunho ni siquiera volteó a verla.
Afuera, Park esperaba junto con otro de los amigos del futuro novio y actual pareja del heredero, Shim Changmin, los tres eran amigos desde la universidad y vaya que el tiempo en ellos parecía no pasar. A lado de Shim otra figura se hacía presente, pero esta iba cubierta por una capa con capucha, escondiendo su identidad minuciosamente.
- Me gusta ser educado Yunho… pero si así lo quieres – Yoochun sacó de su bolsillo una tarjeta parecida a una de crédito y la deslizó por el seguro de la puerta, haciendo que la lucecita verde parpadeara dos veces, abriendo la puerta que estaba frente a ellos, siempre era bueno tener la copia de llave de la casa de un amigo… en especial uno como Yunho. Changmin guió a la figura encapuchada al interior del departamento una vez que Yoochun entrara.
Sin duda les extrañó que todas las luces estuvieran apagadas, pero sabían que su amigo estaba ahí… en donde estuviera ese Audi negro de ultima generación, ahí estaría Yunho. Park se acercó hasta el equipo de sonido de su amigo y maliciosamente cambió el disco y estilo de música que había. Mientras Shim deslizaba la capucha negra que cubría a esa figura y sonrío orgulloso de su ‘prometedor’ hallazgo. – Hazlo feliz, dentro de unas horas se casa – bromeó antes de indicarle donde ocultarse.
- ¿Qué se supone que haces? – La grave voz de Jung se hizo notar tras Yoochun, que dio un pequeño respingo al saberse descubierto. Sonrió dándose la vuelta para encontrarse con su amigo medio enojado, medio ido… se le notaban las copitas demás, y eso sólo hizo que la sonrisa del heredero se ensanchara mientras pasaba uno de sus brazos alrededor de la espalda de su amigo.
- Nada… sólo preparando tu regalo de despedida. Lamento haber llegado tarde, pero hubo cambios de último minuto. – Yoochun guió a Yunho hasta la sala donde había estado minutos antes el mayor de los Jung, e hizo que se sentara, exactamente en donde había estado, en el centro del sillón más largo que quedaba paralelo a la enorme ventana que iba del suelo al techo y que dejaba ver la hermosa vista de la ciudad completamente iluminada. – Ahora, Min y yo debemos de ir a hacer otras… ‘cosas’ tú sabes. -
- ¿Changmin está acá? – preguntó bastante ilusionado Yunho, hacía mucho que no veía a ese mocoso, y ya ni tan mocoso pues ahora le sobrepasaba en estatura.
- Ahá, pero no nos quedamos… tu obsequio si. – sonrió antes de alejarse de su amigo e ir hasta la entrada del departamento, Yunho sólo lo siguió con la mirada, completamente intrigada. ¿Obsequio? Yoochun salió del departamento y la figura de Shim apareció después de eso. Escuchó un leve ‘Nos vemos al rato’, suponía que se refería a la boda y después ambos desaparecieron tras la puerta. Sin duda era despedida de soltero como pocas… tan poco satisfactoria, en más de un sentido.
- Supongo que ahora queda buscar el dichoso obsequio – tomó el vaso de vodka y le dio un generoso trago acabándose lo que quedaba del liquido.
- O quizás él te encuentre a ti – la más dulce, sensual, y melodiosa; voz que había escuchado hasta ahora se hizo presente en la sala, en la silenciosa sala, haciendo que Yunho por poco se atragantara con el vodka que iba bajando por su garganta, haciendo que al final el líquido le quemara. Tosió y se puso de pie para darse la vuelta y ver quien andaba ahí.
Se quedó algo pasmado al ver la menuda figura de un joven sereno que posaba junto al equipo de sonido, del cual ya no salía música. Si no fuera por que su voz era evidentemente la de un hombre, pudo haberle confundido con una mujer fácilmente. Ese rostro tan bello y finamente esculpido. Con esos labios rosados intensamente adornando su blanca y nívea piel… Si. Pudo haberle confundido con una chica, pero no lo hizo. Acaso ese sujeto era…
Ahogó una risa cubriendo su boca con el dorso de la mano al ver cual lejos llegaban los límites de sus amigos. ¿Le habían contratado un prostituto? Quizás no sería cómico, si no fuese un hombre del que se estuviera hablando.
- ¿De que te ríes? – preguntó el hermoso joven frente a él, en un tono neutro. Yunho tardó unos segundos en contestar. Esa voz realmente era hermosa.
- De nada… y de todo – contestó al cabo de nada mientras se daba la vuelta para tomar su vaso de vodka y llenarlo una vez más. Con ese serían diez los vasos de esa noche. Y quizás por esos diez mismos vasos de mero vodka, no se dio cuenta cuando la menuda figura de su ‘acompañante’ ya estaba a su lado. Yunho primero lo vio extrañado. De cerca se veía mejor y Yunho no era el único que pensaba eso. El contratado pensó que esa noche si sacaría provecho. El joven de negros cabellos tomó el vaso de cristal a medio vaciar, de Yunho y lo colocó sobre la mesa de centro, aprovechando para después tomar el control del sonido y darle play. La música comenzó a sonar y Yunho volvió a reír por lo bajo al ver cual era.
- You can leave your hat on… – murmuró el castaño antes de sentirse empujado para sentarse una vez más, cosa a la que no resistió. Probaría, que tan lejos podía llegar él mismo, en este tipo de circunstancias… – Por lo menos dime tu nombre – mencionó al sentir como su acompañante ya comenzaba a desanudar el cinto de la gabardina que llevaba.
- … no doy mi nombre, pero puedes llamarme Boo – terminó de quitarse la gabardina y dejó lucir su cuerpo bien delineado por las ropas negras de cuero que llevaba puestas. Ese chico si sabía como ‘poner’ a alguien, sin embargo Yunho respiró hondo y tomándole por la cintura hizo que ‘Boo’ se sentara a su lado.
- Vayamos lento.. – dijo desajustando un poco más su corbata, mientras el coro de la canción comenzaba y Yunho sentía que cierta parte de su anatomía se estaba poniendo muy animosa. – ¿Quieres algo de tomar? ¿Vodka quizás? – Si. El vodka era su bebida favorita por si no se habían dado cuenta. Se puso de pie para ir al mini bar y encender las luces que horas antes había apagado. El pelinegro se puso de pie y fue tras él colocándose a un lado, y recargándose en la barra del mini bar.
- Depende… -
- ¿De? -
- Si piensas dármelo en la boca – El más bajo sonrió de lado. Y Yunho dejó la botella de licor de lado, puesto que ya se había servido.
- Creí que iríamos lento – dijo dando un trago generoso.
- Y yo creí que me habían contratado para tener sexo contigo… no para ‘ir lento’ – ironizó tomando una cereza que estaba en un pequeño contenedor para que se acompañaran las bebidas. La llevó hasta su boca y la mordió por completo dejando sólo el tallo de fuera, el cual dejó sobre la mesa después.
Jung dio el último trago a su bebida antes de acercase y tomar la nuca del pelinegro para comenzar a besarlo. Que diablos, quien sabe porque… quizás el alcohol, quizás la noche solitaria, quizás los seis meses de no sentir el cuerpo caliente de otra persona; en verdad, nadie sabia porque, pero justo ahora un reverendo bledo le valía el hecho de que se encontraba besando a otro hombre, y con el cual probablemente también tendría sexo. De pronto en la boca del más bajo ya había vodka que antes estaba en la cavidad del otro y Yunho pudo sentir el delicioso sabor dulce de la cereza, y el aún más delicioso sabor personal de ese chico. Sus lenguas nada tardaron en enredarse y explorar la boca del contrario. El primero en soltar un corto gemido fue Yunho. ‘Boo’ Sabía besar demasiado bien, aunque claro él no se quedaba atrás, había logrado que su acompañante adquiriera un leve sonrojo en sus mejillas. Al reaccionar a esto, el más bajo tomó por la corbata al de tes más oscura y lo jaló hasta donde estaban antes, el sillón largo. Ahí lo dejó caer y comenzó a mover su cuerpo al ritmo de la canción, que por tercera vez se repetía dándole un erótico tono al lugar.
No podía dejar de ver ese cuerpo ajustado a las ropas de cuero negro, como se movía tan tentativamente, de vez en cuando pegándose a su cuerpo descaradamente para que lo pudiera tocar, cosa que hacía de vez en vez, tocando los torneados muslos, la angosta cintura, la estrecha cadera y por último el redondo y firme trasero que ese chico se cargaba. – ¿Cómo te llamas? – preguntó el pelinegro ahora que estaba una vez más sobre sus piernas, desabotonando su camisa.
- ¿Te contrataron para tener sexo conmigo… y ni nombre te dieron? – preguntó figurando una sonrisa en sus labios.
- Si no quieres decirme está bien – los labios rosados comenzaron a besar su piel haciendo que Yunho sintiera un leve hormigueo en su vientre bajo.
- … Me llamo Yunho – cedió al fin mientras sus manos bajaban hasta el trasero del otro y lo apretaban, logrando que se sonrojara un poco más ese hermoso joven. – Dime… tu nombre… El verdadero – pidió y el otro le sacó la camisa de una buena vez.
Lo pensó por unos segundos, mientras besaba el hombro izquierdo de su cliente, pero al final se sintió con ganas de decirlo – Jaejoong – murmuró antes de poseer una vez más sus labios en un beso.
Mordisqueó, chupó y lamió esos rosados labios antes de separarse por un poco de aire cuando este les hizo falta. Por fin, la cosa más deliciosa que había probado en su vida tenía nombre, y uno muy lindo por cierto. Yunho tomó por la cintura al menor y lo recostó sobre el sofá. No tenía ni la más mínima idea de cómo un homosexual sostenía relaciones sexuales, bueno… podía llegar a suponer algunos partes, pero… ¿Y si no le gustaba? ¿Y si se… o lo lastimaba? ¿Y si cualquier cosa pasaba? El exceso de alcohol no lo había hecho pensar en esas cosas hasta ese momento, cuando cierto amiguito suyo quería salir a jugar ya. Unos carnosos labios lo sacaron de sus pensamientos, como si se hubieran dado cuenta que todo comenzaba a perforarle la cabeza.
- No te preocupes de nada – dijo ahora el Jae que lo tenía tomado por la nuca, hablando apenas por entre el beso al cual ninguno de los dos cedía. – … para eso estoy aquí. –
No supo como responder de inmediato a eso último, sólo sintió cuando estuvo una vez más bajo el cuerpo del menor, que lo miraba con cierta burla. ¿Ahora un niñato venía a mostrarle de sexo? No, no señor… no por nada le presumía a Yoochun dejar satisfechas a sus parejas siempre. Bueno… Podía dejar que Jaejoong terminara de juguetear con sus pezones, se sentía realmente bien sentir esa humedad sobre su piel caliente y que pocas mujeres con las que había estado se habían dignado a atenderle de esa forma.
- Uhng… Jaejoong, ven – llamó al más joven, el cual no tardó en atender a la petición del otro, y dejó de besar cuanta piel se le pusiera en frente, para poder subir hasta donde Yunho le llamaba y de la nada sentir como el mayor comenzaba a besarle… de una forma diferente. Era más apasionado, pero con más cuidado que las veces anteriores. Se sentía tan bien…
La mano de Yunho bajó hasta el pantalón del menor, el cual comenzó a desabotonar y sintió como el otro se removía al darse cuenta de sus intensiones, sin embargo no lo dejó liberarse y continuó no sólo besándolo sino que abandonó su intento por deshacerse de los pantalones de cuero, para comenzar a masajear el bulto que se marcaba por lo pegada que estaba la prenda a su cuerpo. El menor tuvo que ahogar un gemido en aquel beso, pues esa mano parecía una experta a pesar de que sabía que Yunho no había estado con ningún otro hombre antes.
Pronto todas las ropas del mayor se encontraron en la alfombra del suelo… junto a las ropas de cuero negro.
Yunho se sentía entupido. En algún momento de ese último beso, un excelente beso por cierto, se había dejado… y bueno, ahora sus muñecas estaban atadas tras su espalda con lo que alguna vez fue su corbata favorita. Ahora era un simple pedazo de tela que lo mantenía atado e imposibilitado de poder tocar esa hermosa figura. Toda la situación giró en tan sólo uno segundos.
- Tú sólo tienes que dejarte llevar – la voz suave y cargada de lascivia llegó a sus oídos y por cuarta vez intentó quitarse aquel amarre, pero estaba demasiado bien hecho. Jaejoong se sentó en su regazo y comenzó a mover sus caderas de tal forma que su trasero se frotaba descaradamente contra su hombría ya bastante excitada y que aclamaba por un poco de atención.
- Si vas a atenderme… por lo menos hazlo bien – No sabía lo que estaba diciendo, sólo quería un poco de libertad.
- ¿Insinúas que no lo hago bien? – dijo Jaejoong quien comenzaba a bajar una vez más besando el pecho del mayor, y bajando poco a poco, dejando un casi nulo rastro de saliva por donde pasaba.
- Digo que no lo haces suficientemente bien – meció sus caderas y entonces el menor tomó su miembro, por fin, con ambas manos.
- Haré que te arrepientas de siquiera haberlo mencionado – fueron las únicas palabras antes de que Yunho comenzara a sentir como las manos de Jae subían y bajaba por toda su extensión, haciendo cierta presión que le encantaba y que poco a poco iría enloqueciéndole.
Pidió por algo más de velocidad… pero entre más pedía, menos le daban… su pre-semen comenzó a salir y el menor comenzó a lamer su punta para limpiarla, relamiéndose los labios cada vez que un poco de ese espeso liquido manchaba más de la cuenta. Cuanto calor hacía, a pesar de que el aire acondicionado estaba funcionando, y el termómetro marcaba 20ºC… sentía que su cuerpo estaba ardiendo a tal punto de incluso sentirse sonrojado.
Vio cuando Jaejoong tomó un condón de sus ropas y lo abría, quizás por fin el menor atendería por lo que estaba tan loco esa noche. Abriéndolo con los dientes, el menor sacó el condón de su empaque, y aunque Yunho vio mal eso puesto que pudo haberlo roto y el hecho de que se lo pusiera ahora no tenía ningún tipo de sentido. Mas no sintió ningún material envolverle, más bien… El pelinegro comenzó a lubricar su miembro con el lubricante que traía el protector y después se acomodó sobre él.
- Ah… ¿Qué haces? -
- Quiero… sentirte por completo… no te preocupes no tengo enfermedades – la excitación se notaba en aquella dulce voz, ahora inundada por el instinto de buscar placer.
Las enfermedades eran lo que menos le preocupaba a Yunho en ese momento, pero estaba conciente de que su miembro no estaba suficientemente lubricado y que definitivamente en ese estado el menor sufriría mucho y al parecer Jae notó su preocupación, pues este le sonrió y dijo algo así como… ‘No preocupes, no es la primera vez que hago esto’. Ese comentario, lejos de tranquilizarle hizo que se sintiera molesto. Sabía que no había caso, era la profesión del chico… pero saber que esos labios, esa piel, esos ojos y esa voz; habían cautivado a más de uno en ocasiones pasadas, le hacía sentirse sumamente molesto.
Pronto tuvo que olvidarse de su molestia una vez que su miembro estuviera completamente envuelto por las paredes de Jaejoong. Era sumamente estrecho, aún más de lo que había imaginado, mucho mejor. El menor se quedó quieto unos momentos mientras su cuerpo se acostumbraba un poco. Cierto que había hecho eso más de una vez, mentira que hubiera estado con alguien tan bueno como Yunho, o con alguien que tuviera tan buen tamaño. Al menor le llevó más de un minuto acostumbrarse a tal intromisión, pero al final lo logró y comenzó a mover sus caderas, a un ritmo aún lento.
- Desátame – le ordenó al pelinegro. Necesitaba tocarlo, tan necesario como respirar. Jaejoong necesitaba ser tocado, así que no lo pensó dos veces y soltó a su cliente, torpemente, pero lo logró. Las manos ahora libres tomaron la cintura del menor con fuerza, sacando de este un corto gemido… Después de ese canto para sus oídos… todo se tornó placer. Y nada más.
Fue una noche larga… la cual paso lentamente entre los brazos de ese chico… Jaejoong…
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La luz del sol naciente, que se asomaba por el ventanal de su habitación, le sacó de ese dulce sueño, todo tuvo que ser un sueño… una noche no podía haber sido tan perfecta como esa. Simplemente una noche perfecta, eso había sido. La cabeza le dolía, punzaba todo su cuerpo y los ojos se le hacían más pesados que nunca, evidentes síntomas de la más pura de las crudas que jamás haya tenido. Se sentó en la cama y lo primero que notó fue su desnudez. Él no solía dormir desnudo. Se levanto, desenrollándose de esa maraña en la que se había convertido junto con sus sabanas, y haciéndose de un boxer, salió del cuarto para ir a la sala de estar. Impecable. Luego fue a la cocina, si recordaba el sueño… en algún momento de la noche, Boo lo había arrastrado hasta la cocina, pero al llegar a esta notó todo normal. Impecable. Regresó a su habitación, en donde ahora la cama estaba… impecable. Algo andaba mal. Las cortinas del balcón se mecieron por la suave brisa de la mañana, la misma que hizo que la piel se le pusiera de gallina, y la misma que lo llevó hasta el balcón para cerrar la puerta e impedir que el frío siguiera entrando; pero antes de poder cerrarla, notó la menuda figura de persona recargada en el barandal. Suspiró pesadamente. Así que todo había sido real…
- Menos mal… -
Ahora con una sonrisa salió al balcón para ir hasta donde cierto pelinegro miraba la ciudad que apenas iba despertando, con una taza de café caliente en sus manos y una camisa blanca que le llegaba hasta los muslos, y que Yunho pudo identificar como suya al instante.
- ¿No es muy temprano? No pasan de las siete – dijo, y lo único que tuvo por respuesta fue una sonrisa, una encantadora sonrisa.
- Me gusta madrugar – el menor dio un sorbo a su bebida, antes de aspirar el aroma que de esta emanaba, y cerró sus ojos disfrutando del calor que le daba. – Lamento haber tomado una de tus camisas… la ropa de cuerpo no me va a estas horas -
- No importa… creo que te va genial – sus brazos rodearon la cintura de Jaejoong, antes de darle un pequeño beso en el blanco cuello. – ¿Qué tal si vamos a desayunar? Quiero compensarte con algo más que dinero – murmuró sin separar sus labios del cuello del menor, el cual se separó al instante con una sonrisa en sus labios.
- No. Además creo que soy yo quien queda debiendo, por haberme hecho pasar una de las mejores noches de mi vida-
- Pero ¿Por qué no? -
- Porque… – comenzó, y puso un dedo sobre sus labios como si analizara mucho la respuesta – … Yo debo de ir a la facultad en un par de horas, y tú te casas en… – miro su muñeca, que lucía por falta de un reloj y luego volvió a mirar a Yunho – un par de horas también. – Dedicó una última sonrisa antes de entrar al departamento e ir al baño donde estaba una pequeña maleta con todas sus cosas. Sacó unos jeans claros, una polera blanca (que se puso después de sacarse la camisa del mayor) y unos conversse blancos.
De mientras Yunho seguía pasmado antes las palabras de Jaejoong. ¿Facultad? ¿Ese niñato no era más que un… niñato estudiante de universidad? Al verlo salir del baño con la mochila y totalmente cambiado, entró al departamento tras él y antes de que pudiera salir del cuarto lo tomó por el brazo haciendo que se volviera a verle.
Jaejoong tragó un poco de saliva, evidentemente nervioso, al ver la más dura de las expresiones de Yunho.
- ¿Por qué no dijiste que aún eres un estudiante? -
La primera reacción del menor fue liberarse, o más bien, hacer el intento de, ya que no se lo permitió.
- Porque es algo que no te incumbe. Tú has de tu vida, que yo hago de la mía -
- Esa no es excusa. -
- No pretendo dar excusas, mucho menos explicaciones, es mi vida y hago con ella lo que se me de la gana, además tengo que trabajar para ganarme la vida -
- Entonces quédate conmigo, que no te faltará nada – ¿Qué diablos estaba diciendo?
- ¡Sólo escúchate! Yo no soy ninguna ‘pretty woman’ a la cual puedes venir a salvar con tus millones de dólares; Además, ¡eres un cínico! ¡Te casas en menos de tres horas! Tú no tienes nada que ver conmigo…-
Jaejoong tiró de su brazo para safarse y luego se fue como alma que era llevada por el diablo, hasta la puerta, saliendo lo más pronto posible de ese lugar.
Yunho no hizo ni el más mínimo esfuerzo por alcanzarle. No tenía caso. Había dicho la verdad, él no tenía ni el más mínimo control sobre ese chico. Sólo se dejó caer en la cama. Si tan sólo pudiese recordar con detalle todo lo que había pasado la noche anterior… podría saber porque los ojos de Jaejoong le miraban con tanta intensidad y dolor. Pero no. No recordaba muchas cosas, muchos detalles, muchas palabras dichas… muchas carisias dadas. ¡Demonios! Perfecto Jung Yunho, tenías que embriagarte en la mejor noche de toda tu maldita vida.
Mientras tanto, ya en el elevador, cierto pelinegro recordaba con cierto deje de amargura y melancolía, a ese castaño abrazándole tan posesivamente mientras le decía ‘te amo’… tan limpiamente que llegó a creerlo, entupidamente llegó a creerlo. ¿Pero como iba a amarlo si era la primera noche que estaban juntos? ¿Y en un par de horas se casaría? ¿Cómo le pudo siguiera llegar a pasar por la mente que esas palabras eran dichas de corazón?
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Esas fueron las tres horas más largas en toda la vida de Jaejoong… Ahora ni la clase de música, su favorita, le sacaba de la mente que Yunho justo ahora… probablemente en ese preciso momento, estaría diciendo ‘Si acepto’ para después estrechar entre sus brazos a una hermosa mujer con la que tendría hijos y serían muy felices en algún tipo de villa, en esas que solían tener los ricos y donde pasaban los mejores años de sus vidas. Si… probablemente, eso estaría haciendo.
- ¡Joven Kim! -
- ¡¿Si?! -
- ¿Puedo saber en que está pensando que no prestó atención en toda la clase? -
Fue hasta ese momento que se dio cuenta que todo mundo lo miraba, tanto sus compañeros, como el profesor que le estaba llamando la atención.
- Yo… n-no pensaba en nada particula… – su pseudo escusa fue interrumpida por el sonido de un claxon sonando a todo lo que daba, haciendo que todos los estudiantes, incluidos Jaejoong, y profesores, incluido el profesor de vocalización; se asomaran por las ventanas para ver quien era el responsable de semejante escándalo.
Un Audi negro ultima generación figuraba frente el edificio de artes, haciendo que varios quedaran sorprendidos, pero no más que al ver al hombre que manejaba semejante insulto de dinero en cuatro ruedas…
- ¿No es Jung Yunho? – alcanzó a oír a alguna de las chicas, que comenzaron a afirmar teoría de su amiga. No espero a nada más y salió corriendo del salón, sin que nadie prestara atención a ello, y bajó de la misma forma, corriendo, casi tropezándose en las escaleras; hasta la planta baja donde chocó accidentalmente contra alguien… se disculpó y se puso de pie para seguir, pero este alguien lo tomó por el brazo y le hizo volver al suelo, haciendo que Jaejoong se quejara un tanto adolorido.
- ¿Qué diablos…? -
Los labios ajenos, que inmediatamente identificó como los de Yunho, lo hicieron callar y dejarse someter. Y… él no quería resistirse y fueron los diez mejores segundos de su vida, los más sanadores diez segundos de su vida.
- ¿Qué haces aquí? -
- Bueno… algún despistado chocó contra mí y me hizo caer -
- ¡No me refiero a eso!… me refiero a que ahora deberías de estar saliendo de la increíblemente grandiosa iglesia con tu esposa en brazos, para subir a la limusina e irse a su igual de increíble luna de miel – El mayor rió al ver que Jaejoong no se dio ni uno segundos al soltar cada palabra, hasta que al final se quedó sin aire.
- Si quieres puedo llamar a Xiuli y decirle que mejor si nos casemos… – sonrió y sacó su móvil del saco para comenzar a marcar. Pero las manos del menor lo tomaron antes de que pudiera apretar el botón para marcar, haciendo que Yunho sonriera de lado a lado.
- ¿Por qué viniste? –El tono de Jaejoong se notaba triste, era ya difícil hacerse a la idea de que había cosas que jamás podría conseguir, para que ahora ese ricachón viniera a mostrarle algo con lo que ni siquiera podría soñar.
- Digamos que recordé cierto detalle de anoche… y por ese mismo detalle, creo que sería injusto casarme con la persona equivocada -
- ¿Qué detalle? -
Los brazos del mayor se posicionaron alrededor de la esbelta cintura de Jae y lo atrajo hacia sí para poder darle un suave beso en la sonrojada mejilla izquierda.
- El detalle de que te amo – Fue algo difícil de entender por parte del pelinegro… algo muy difícil y que le hizo abrazarse a Yunho mientras pequeñas gotas saladas descendían lentamente por sus mejillas.
- Gracias por recordarlo – dijo intentando tragarse un poco aquel llanto y poder formar algo decente que decir, pero el mayor sólo sonrió apretando un poco más aquel abrazo.
-… tómalo como un pago por haberme hecho pasar una de las mejores noches de mi vida… -
Jaejoong no pudo evitar comenzar a reír ante ese comentario, dejando de una buena vez el abrazo. Yunho limpió las lágrimas que se derramaron y que habían dejado un rastro por las mejillas. Por primera vez, ambos se sentían poseedores de todo o por lo menos de lo más valioso que la vida podía ofrecerles… y eso era estar con la persona a la que amabas.







Fin







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1 ♥Comentarios♥ :

yaritza dijo...

dios oh my god!!!
is is..
...
precioso..
esta genial.

:a   :b   :c   :d   :e   :f   :g   :h   :i   :j