10 oct. 2009

Diary





Titulo: Diary
Autora: nïn@
Parejas: HoMin






Levanté la mano temblorosamente, posándola en la manecilla de la puerta y cerré los ojos mientras mi mente inventaba mil excusas, todas peores que la anterior para salir huyendo de allí.
Tenía que escapar.
Pero la curiosa voz de Jae me sobresaltó.
-¿Vamos a entrar antes de que anochezca? Vamos abre- Inspiré profundamente antes de abrir la puerta y sentir como era empujado por mis compañeros. Que entraron entre risas y dejando un montón de regalos encima de la cama.
-¡hyunggg!- Junsu se tiró a los brazos del líder, que gimió un poco entre sorprendido y adolorido aún.
-Vamos, no te hagas la víctima que sólo ha sido una gripe intestinal- Rió Yoochun palmeando su hombro.
Yunho me dedicó una mirada helada; que me hizo enrojecer de vergüenza y desviar la mía.
Odiándome más que nunca.
Tenía que dejar de ser un niño. Un niño al que le podía la rabia, el odio, los celos.
-¿No te alegras de verlo bien Changminnie?- Preguntó Jae, dándome un golpe en la espalda que me sacó de mi ensimismamiento.
-Oh, claro- Traté de esbozar una débil sonrisa; sin atreverme a sonreír de verdad.
Sabiendo que Yunho lo sabía.
Sabiendo que ya no tenía escapatoria.
-Chicos… Podéis dejarme un momento a solas con Changmin por favor?

Escuché como pronunciaba mi nombre entero, ni Changminnie, ni Minnie, ni siquiera Min.
Junsu gimoteó aún aferrado al cuello del mayor y Jae y Chun intercambiaron una mirada de preocupación; pero todos acabaron por obedecer al líder y salir silenciosamente de la habitación.
-Dime que esto no fue más que una chiquillada- pidió antes incluso de que la puerta hiciera el ruido de cerrarse.
Lo miré sorprendido; no me esperaba un ataque tan rápido.
Tan letal.
Pero él tenía los ojos cerrados; y se acariciaba las sienes con expresión de preocupación.
-Dímelo- volvió a suplicar; abriéndolos ahora, mirándome directamente.
Sentí como las lágrimas empezaban a caer por mis mejillas.
Me había equivocado; una vez más.
-Dime que fue como cuando pusiste ortigas en la cama de Yoochun o cambiaste el azúcar por sal cuando Jae hizo el pastel para sus padres; o como cuando regalaste todos los juegos de Junsu a la caridad. Dime que simplemente se te ha escapado de las manos.
¿Sólo fui una víctima más no?- Ahora sus lágrimas también mojaban su rostro, demasiado pálido todavía.

-Yunho lo, lo siento- Gimoteé sabiendo que esto ya no servía. Que había cruzado el límite.
Ya no era ningún niño.
Mis hormonas daban fe de ello.
Mis suspiros, mis sonrojos, las palpitaciones alocadas de mi corazón.
Me senté en una silla, al lado de la cama; mirando como él observaba al infinito.
-Te pasaste esta vez- Sentenció; y a mi me cayó como una jarra de agua fría.
Deseé no haberlo espiado; no haber visto nunca como leía mi diario. No haberme puesto furioso. Y lo más importante. No haber empapado las lágrimas del cuaderno con aquel laxante demasiado potente.
Conocía su manía de lamerse el dedo índice cuando pasaba las páginas.
Aquella manía que me volvía loco; que me había servido para vengarme.
¿Quién iba a sospechar que podía llegar a ser tan grave?

- Lo que quería decirte era que…- Lo miré; sabiendo que ahora venía la parte dura; la parte en que me decía que me odiaba, que no volvería a confiar en mí o peor, que ya no quería que viviésemos juntos.
Me lo merecía; lo sabía. No podía ir por la vida envenenando a todo aquél que me molestaba; y lo peor, era que Yunho no era todo aquél. Yunho era todo mi mundo.
Mi hermano, mi amigo, mi… Mi, ni siquiera sabía como expresar lo que sentía por él. Lo quería; esa era la única verdad -Lo siento- Abrí los ojos casi asustado. No, aquello no era una buena señal… ¿Lo siento estás fuera del grupo? ¿Lo siento ya no volverás a verme? ¿Lo siento…?
-¿Lo siento…?- Atreví a preguntarle al fin.
-Lo siento, no debí leer tu diario-

Levanté la mirada todavía estupefacto. Aquello no podía estar ocurriendo. Me acerqué más a la cama; arrodillándome encima de esta, muy cerca de Yunho y posé una mano sobre su frente. No podía ser de otro modo. Tenía que estar todavía enfermo. Quizás bajo el efecto de los calmantes.
-¿Estás aún drogado?- Pregunté sin poder morderme la lengua.
-Changmin; no tienes nada por lo que disculparte tú?- Me preguntó con media sonrisa; haciendo que mi corazón saltara de alivio en mi pecho.
-Yunho siento mucho haberte envenenado- El líder hizo una mueca ante la expresión que había utilizado; para después mirar al techo.
Me removí inquieto a su lado; ahora que parecía que la tormenta había pasado, aparecía un sentimiento nuevo; fuerte y aplastante.

Agaché la mirada convencido de que no tendría otra oportunidad la mitad de buena.
-Y… ¿Qué leíste en mi diario?- Pregunté jugueteando con las sábanas; sin atrever a mirarle a los ojos.
-Miércoles 13 de julio. Hoy hemos tenido un fan meeting y una fan se ha tirado encima de Yunho. La odio. La odio. La odio.
No está bien odiar a las fans Changmin ah…- Culminó sonriendo. Lo miré boquiabierto y asustado.
Lo sabía. Lo sabía todo y se estaba burlando de mí.
Supongo que lo tenía merecido; que Yunho estaba sacando a relucir su parte malvada; aquella que todos desconocían.

No pude pronunciar palabra; demasiado azorado, pero él siguió con su malvado discurso.
-Jueves 14 de julio. Yunho me ha abrazado en una entrevista, he sentido como mi cuerpo temblaba, y no era por el aire acondicionado. ¿Será de leer tanto yaoi? Tengo que dejar de pensar en él-
Sentí el sudor caer por mi rostro, por mi espalda, por mis manos. Mientras yo no era capaz de mover ningún músculo.
Tocado y hundido.
Y Tan hundido.
-Esto… Esto no es lo que…-
-Crees?- Culminó él con una voz extraña; pero no pude levantar la cabeza para observar su rostro.
Sólo deseaba que un meteorito cayera encima de mí y me aplastara.
Shin Changmin; buen hijo, buen estudiante; buen compañero; te echaremos de menos.

-¿NO es lo que creo Changmin ah?- Repitió acercándose un poco más a mí; dejándonos a pocos centímetros, podía sentir su calor, su respiración; a pesar de que mantenía la mirada baja aún.
Changmin, sé un hombre. Me dije mientras alzaba la cabeza con dificultad.
Se habían acabado las chiquilladas.
-Sí que es lo que crees- Estaba. Lo había dicho. Y tenía miedo, pero me sentía liberado al mismo tiempo.
A la deriva en un mar que sólo una persona podía controlar.
-¿Sabes?- Susurró acercándose demasiado a mi oído; tanto que pude sentir cada una de sus inspiraciones, su leve risa -Voy a contarte un secreto…-

-¿Qué… Qué secreto?- Tartamudeé atragantándome con el aire que entraba pobremente a mis pulmones.
-Yo también temblé con ese abrazo- Lo miré sintiendo por segunda vez en ese rato como todo parecía demasiado extraño y a la vez demasiado perfecto para ser real.

¿Era lo que me imaginaba? ¿O sólo una burla más?
Me levanté entre molesto y triste. Sabía que lo merecía; todo lo que él pudiese hacerme, sería poco contra todo lo que yo había ocasionada ya.
-¿Por qué me haces esto hyung?- Pregunté decepcionado; antes de notar como sujetaba mi muñeca y me detenía.
-Así nos sentimos nosotros todo el tiempo- Lo miré asustado; no estaba preparado para aguantar un nuevo ataque.
Sabiendo que a pesar de eso, quería escuchar todo lo que nuestro líder tuviese para decirme.
-Cuando te burlas de nosotros; Min, ¿Cómo crees que nos sentimos?- Min. Me había llamado Min. No Changmin. Min de nuevo. Me relajé un poco más; a pesar de que al concentrarme en sus palabras me sentí mal de nuevo.
Yo hacía que él se sintiese mal.
Yo provocaba que sufriese.
-Lo siento- Volví a susurrar; a pesar de que sabía que eso no arreglaba nada. Era todo lo que podía decirle. Las únicas palabras sinceras que era capaz de dedicarle.

-Bueno- Levanté la mirada al escucharle -¿Lo has entendido no?- Suspiré creyendo que por fin se había acabado la charla.
Me di la vuelta dispuesto a marcharme un poco más tranquilo de lo que había entrado; aunque abatido de todos modos; con un nudo en la garganta.
Tendría que hacer algo para compensarlo.
-¿Aunque sabes algo?- Me giré una vez más. Ya no venía de aquí. Un último ataque para acabar de hundirme. ¿Qué diferencia había?
-¿Qué?- Pregunté con desánimo.
-Si no fueses malo no serias tú- rió mientras se levantaba de la cama y se acercaba a mí. Me acerqué un poco, no estaba bien aún; no debía levantarse.
-Hyung…- Pero él sonrió irresistiblemente acercándose un poco más.
-Y me reí mucho cuando Yoochun se pasó dos días rascándose- Me reí con él; recordando el momento y sobretodo sintiéndome muy aliviado por como había derivado la conversación.
Sentí como mi corazón palpitaba con fuerza y las lágrimas se deslizaban por mis mejillas al sentir como sus brazos rodeaban mi cintura, y me apretaban contra su pecho.
Sentía como su pecho se movía por su respiración relajada. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Si yo casi no podía mantenerme en pie.

-Es cierto lo que he dicho antes- Levanté la mirada apenado porque se hubiese acabado aquél momento mágico.
-¿El qué?- Pregunté tratando de sonreír.
-Temblé con ese abrazo- Abrí mucho los ojos; sin poder creerme lo que me acababa de decir.
Viendo como acercaba su rostro hacia el mío; con los ojos cerrados.
Los cerré yo también por inercia; tratando de grabar ese momento a fuego en mi mente. ¿Qué más daba el resto del mundo?

Pero volví a sentir el odio al escuchar como alguien abría la puerta con fuerza.
- Perdonad- Me giré enfadado, encontrándome con una enfermera de blanco en la puerta. La miré con odio, mientras me separaba de Yunho que sonreía amablemente.
-El paciente está débil todavía; y la hora de visitas ha terminado- La repasé, imaginando una docena de venganzas para ella.
El Changmin malo volvía a apoderarse de mí.
Un apretón en la mano me desconcentró; y sonreí al mirar a Yunho a los ojos.
-Ni lo intentes- Traté de hacer un puchero para que me dejara llevar a cabo mi plan. Pero él negó con la cabeza y después besó mi frente con delicadeza.
Volví a cerrar los ojos. Sí; el me controlaba ahora.
-Vamos- me apremió la chica inconsciente del peligro que corría -Que el paciente todavía estará aquí mañana- Lo miré con pena; mientras él soltaba una leve risita. Solté su mano sin quererlo; susurrando un adiós bajito; para que sólo él lo escuchara.
-¿Vendrás mañana?- Le sonreí guiñándole un ojo.
No iba a vengarme de la chica; pero los planes imaginativos aún formaban parte de mí; y no pensaba esperar una noche entera para verlo de nuevo.





Fin







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