21 mar. 2009

Restriccion






La inquietud estaba monopolizando todos sus sentidos, desde el momento en que sus ojos se abrieron el miedo comenzó a recorrer cada rincón de su ser. Y sin embargo, a pesar de saber lo que allí pasaba, en su mente se originaban un sinnúmero de preguntas. Rodó la vista por todo el lugar, unas pequeñas lagrimas descendiendo por sus mejillas, su cuerpo temblando completamente.

El joven se encontraba en un lugar que no conocía, en una situación que no le era indiferente ya que tenia sus suposiciones sobre que clase de cosa sufriría allí. Un dolor en sus muñecas le hizo caer en cuenta de que estas estaban esposadas al caño del respaldo de la cama en la cual estaba tendido, sus forcejeos eran inútiles, el ardor que se expandía en esa zona le demostraba que no le seria fácil zafarse; de su garganta no podía escucharse sonido, el temor actuaba por el, perdió completamente el habla. Ahora su cuerpo se movía desesperadamente sobre la cama tratando de encontrar alguna escapatoria de ese lugar.

Al cabo de unos largos minutos cesó su cometido, estaba cansado de moverse sin descanso y sin poder siquiera zafarse de las esposas que aprisionaban sus muñecas, ya las lágrimas lo corrompieron por completo, por fin se pudieron escuchar los desgarradores sollozos.

Y efectivamente eso sucedía, el joven de tez trigueña, castaños cabellos, labios exuberantes y un cuerpo envidiable se encontraba en una habitación que no conocía, en una situación peculiar y que solo le inspiraba terror; a pesar de no conocer absolutamente nada en ese campo podía jurar que estaba en una habitación de hotel ¿Pero como sucedió? el no recordaba haber entrado allí ¿Cómo era posible que se encontrara en un cuarto de hotel?

Eso no tenía lógica…

Pues ni modo que no haya cogido sospechas si alguien lo había llevado arrastrando, sin conocimiento, y sin embargo allí estaba, totalmente paralizado por el miedo, sin escapatoria, sin poder gritar ni si quiera, porque no sabía como se habían dado los hechos. Se quedo en silencio recorriendo con la vista todo a su alrededor. Sus orbes no tan claras, las cuales parecían tremendos arroyos en cuyas aguas solo podían bañar su pureza los Ángeles, esas pupilas que por momentos transmitían sentimientos de desazón pero al contrario algunas veces te decían al mismo tiempo “Ven”, recorrían minuciosamente cada rincón del recinto, pudo divisar el buen gusto por lo que contemplaba, una lujosa habitación que traía consigo la oscuridad y el pecado, porque se podían escuchar los inexistentes gemidos que encerraban, era un cementerio de pasiones, donde el placer y el delito se unían mágicamente en cada partícula material, y es así como los pensamientos lo atormentaban, su mente recalcaba vanas ideas de lo que podría estar haciendo allí…

Era un secuestro… el fue secuestrado.

Ante la idea sus manos solas originaban estridente sonidos que eran producidos por la acción y el choque que ejercía sobre el caño para zafarse, la desesperación volvía nuevamente. Pensó en gritar, eso era lo único que podía hacer y así fue como sus gritos retumbaron pavoridos adentrándose en la danza que producían las ondas sonoras, “Auxilio” “Por favor que alguien me ayude” eran algunas de las frases que surgían de su garganta, que entre el temor y el ardor en esa parte salían entrecortados, huían apenas perceptibles.

-que…que alguien me ayude por favor…- esas amargas gotas que dicen son producto de la angustia o desvarío, las cuales limpian “Figurativamente” y de manera constante el interior del ojo, aquellas que se reúnen en la comisura del parpado y forman un lago lagrimal desde donde drenan a través de dos pequeños vestigios hasta perderse en la plenitud con el resto de piel, comenzaron a rodar por sus mejillas, podría sonar malvado, pero el niño que yacía en la mullida cama, aun llorando, se veía arrebatadoramente angelical, era de esos jóvenes que no importando la situación sacaban solo suspiros en sus admiradores… porque verlo allí era un sueño… o talvez la mas dulce de las pesadillas? No obstante la pregunta retórica es ¿Qué hace allí? Cierto…

Eso ni el lo sabe…

Arriba, apartado de su vista un reloj antiguo de madera, finamente detallado y decorado en sus extremos, opacado con el barniz que cubría sutilmente su materia, marcaba las 10:20 de la noche, lo que pudo comprobar al ver a través de las cortinas que daban al balcón, donde el ruido a trafico, aunque leve, se sentía, donde podía divisar opacamente las estrellas que brillaban en la oscura y espesa noche de verano del 14 de febrero, o por lo menos recordaba que era ese día antes de aparecer allí, totalmente ignorante de lo que verdaderamente sucedía. Y efectivamente las lagrimas cesaron, ya no tenia fuerzas para seguir derramándolas, hasta eso le era negado; un segundo, dos segundos, tres… la espera lo asfixiaba, necesitaba que alguien apareciera y respondiera las miles de preguntas que surcaban por su mente, sin embargo, tenia miedo ¿si la persona que lo llevo allí solo deseaba lastimarlo? ¿Qué hizo el para merecer eso?

¿Merecía estar allí? No… no lo merecía. O eso es lo que parece…

Giro la vista hasta que esta quedo prendada sobre el buró a su derecha, allí, arriba del mueble estaban bien preparadas las copas y el champagne, también unas amarras color negro… una punzada atacó su pecho, el miedo de nueva cuanta recorriendo todo su ser al ver el brillo del filo de una navaja con su mango plateado. Su rostro reflejándose de medio lado sobre el metal, una gran lágrima escapando vagabunda por sus parpados.

-ahhhh!!! Auxilio!!! Por favor que alguien me ayude!!!...- sus piernas pataleando descontroladas, golpeando fuertemente el mismo colchón en el cual descansaba su cuerpo.

Y de repente…

El chillido de una puerta abrirse, la sombra de una persona adentrándose a la habitación, el temblor del joven al sentir su presencia, las lagrimas al descubrir su identidad. Los gritos y sollozos cesaron, ahora lo único que se veía a través de los ojos del castaño era ¿confusión? Pasaron tantas cosas por su mente en esa fracción de minuto en la cual el muchacho pelinegro, con sonrisa maquiavélica, se posiciono a un lado de la cama, haciendo que su mundo se desmoronara repentinamente.

-hola… Junsu.-dijo el pelinegro y solo eso basto para que el campo de visión del castaño se nublara y que el llanto lo inunde, un silencioso llorar. y entonces ahora si se podría decir que estaba totalmente aterrado, cada gramo de piel erizada y pálida, las pupilas dilatadas, sin articular movimiento; no desviando la mirada de las negras y malignas orbes del pelinegro, quien formaba una hermosa y a la vez aterradora sonrisa en la comisura de sus labios.

-acaso no me dirás nada Junsu ah?...- preguntó acercándose un poco mas al castaño que parecía perdido en su mundo doloroso, el que denotaba haber perdido totalmente la participación en sus acciones motoras.

-………….- no contestó, ahora pareciera como si el dolor, amargura, tristeza lo embargaran completamente…¿Quién era ese joven pelinegro?

¿lo conoce? Ciertamente si…

El pelinegro rodeó la cama un par de veces, y su sonrisa tan grande como “Literalmente” su ego, o por lo menos eso aparentaba, no desaparecía, miraba embelesado a Junsu, delineaba lascivamente la lengua contra sus propios labios a medida que su mirada recorría la anatomía inmóvil del castaño. Sin dudarlo se sentó a un lado de Junsu, haciendo que este respingara un poco al sentir como la cama se hundía a su lado, una carcajada escapó de sus labios, y esa expresión enferma no desaparecía, podía compararse con la de un psicópata, ¿O realmente lo era? Nadie lo sabia, solo Junsu.

-n-no… no me hagas…nada.- tauché!! Efectivamente el castaño lo conocía…

El pelinegro embozó una tierna sonrisa y con unas de sus manos comenzó a acariciar la mejilla del castaño quien no podía apaciguar el susto y que tampoco podía detener la caída de las lagrimas. El joven de tez pálida, ojos negros y profundos como la noche que parecían tragarte en su oscuridad e incertidumbre, un bien formado cuerpo y tremenda masculinidad que desbordaba por cada poro permanecía embelesado observando el cuerpo de su victima, quien temblaba en sus brazos.

-¿Daño? Nadie te hará daño Susu…- una estaca atravesando su corazón, ninguno de sus músculos respondiendo a sus órdenes, parecía un vegetal a merced de su secuestrador.

-t-tengo miedo…- largó en un leve susurro casi imperceptible que chocó contra los tejidos auditivos del pelinegro e hizo que inmediatamente se formara en su rostro esa sonrisa arrogante.

-¿Miedo? Pues dicen que el miedo es un sentimiento angustioso, perturbación del animo por un riesgo real o imaginario… ¿De que tienes miedo Susu? Lo que sientes también puede ser una apresión o recelo que tienes de que suceda algo contrario a lo que deseas… pero… ¿Qué deseas Junsu?-repetía como desquiciado frente al castaño que lo miraba horrorizado.

-quiero…salir de aquí.- inquirió con nerviosismo, la expresión en el rostro del pelinegro cambiando drásticamente.

-sabes? Existe el miedo insuperable Susu ah, el que anulando las facultades de decisión y raciocinio, impulsa a otra persona a cometer un hecho delictivo… si aseguras temerme, pues harás que me enoje mucho contigo Junsu… y tu no quieres eso ¿Verdad?...- su mirada se tornó tan penetrante que traspasaba absolutamente la fina capa de aire que los separaba, el castaño podía jurar sentir al aliento del otro sobre el suyo.

El espanto se refugió en los ojos del castaño quien no hizo mas que asentir lentamente, la sonrisa en los labios del pelinegro no podía ser mas grande, y pues fue allí cuando se incorporó de la cama y comenzó a caminar rodeando la habitación, con dos dedos bajo su mentón y la mirada perdida en la nada, o en algo que solo el conocía.

-espere mucho este momento Junsu ah… no te imaginas cuanto.- las palabras se perdían en la silenciosa atmósfera que los rodeaba, Junsu no articulaba palabras ni movimiento, solo miraba las acciones de su “secuestrador” a quien conocía demasiado bien, o por lo menos eso es lo que denotaban sus ojos.- siempre soñé con tenerte así, tendido en una cama, solo a mi disposición.-

-esto esta mal, n-no puedes hacerme esto…- suplicaba entrecortadamente, el dolor invadiendo sus muñecas, la mínima sangre escurriendo por esa zona, sus dilatados parpados totalmente secos.- yo no qui…-

-tu nada!!...-gritó colérico, la rabia corriendo por sus venas.- tu no me entiendes!! No lo entendiste nunca Junsu!!...-

-……………- solo se limitaba a no contestar.

-día a día observándote desde la lejanía, tratando de encontrar las palabras correctas para transmitirte todo lo que provocas en mi con solo verte. ¿Alguna vez te preguntaste si sentías algo por mí realmente? NO!! Tan solo dijiste “No me interesan tus sentimientos, no ocupan importancia…” fuiste cruel Junsu, muy cruel…- escupía cada palabra con tanto dolor que inclusive un estremecimiento de culpa se esparció por la anatomía del castaño. Este solo desvió la mirada, no quería seguir escuchando ya que muy en el fondo sabia que había sido muy cruel. -eres la luz de mis ojos, a cada instante necesitaba acercarme hacia tu salón para verte allí, sentado a un lado de la ventana, con la mirada perdida en los pájaros que revoloteaban por los cerezos del jardín del colegio, pensando cosas sin sentidos, o tal vez formulando desinteresadas respuestas para los jóvenes que te declaraban su amor, así como lo hiciste con migo.

Mas allá de todo eso lograbas iluminar mis días, con tan solo ver el aura que rodeaba tu cuerpo me era suficiente para pasar el resto del día en paz, deseando que pronto acabe y ver salir nuevamente el sol al otro día y contemplarte otra vez.- Junsu estaba sorprendido por lo que escuchaba, era cierto que nunca le había prestado atención, sin embargo el que le este diciendo esas palabras tan sentidas le daba escalofríos, nunca pensó que el sintiera algo tan fuerte.- y cuando finalmente reuní todo el valor necesario para confesarme tu me respondes eso. No sabes lo que sentí Junsu…me destruiste.-

Sin mas decir y secando las minúsculas lagrimas que se originaron en sus ojos se acercó al buró de medianoche para tomar con gran serenidad e inmutable expresión las copas de vino, minuciosamente vertió el contenido de la botellas de champaña en iguales partes dentro de las refinadas copas, todo ante la atenta mirada del castaño que no decía nada, algo muy extraño, porque en su expresión el terror del principio no aparecía, era indescriptible definir sus facciones en ese momento.

-brindemos por nuestro amor Junsu ah…- inquirió con una hermosísima sonrisa desinteresada.

-estas enfermo… yo no soy tu amor, y nunca lo seré!!...- gritó sin contención, ahora el pulso del secuestrador se aceleraba peligrosamente, su sangre comenzó a fluir rápidamente, la ira de nueva cuenta invadió su cuerpo.

-eso lo veremos…- acercó la copa a sus labios y comenzó a beber sin descanso, de repente el castaño pudo ver como el otro se acercaba sorpresivamente hacia el y lo besaba, transmitiéndole con esa caricia gran cantidad del liquido que apresaba su cavidad. No tuvo mas remedio que tragar del dulce y frío liquido que parecía calmar la sequedad de su garganta.

-nmhhhhhhh!!...-trataba de gritar mientras intentaba safarse del beso que el pelinegro comenzó, sentía como la lengua de este recorría desesperada cada parte de su boca, estremeciéndolo por completo, haciéndole sentir un malestar que terminaba en su bajo vientre.

-mmhhh… el elíxir de tus labios me embriaga…- el castaño lo miro terminando de tragar la sustancia espumosa.

-no me hagas nada…- lo miró suplicante, cosa que hizo que el pelinegro emboce una satisfactoria sonrisa producto de la diversión que le causaba verlo suplicar.

-no te haré daño Junsu, siempre y cuando no te resistas…- dejó las copas en el mismo sitio de antes y tomó la navaja que descansaba junto a ellas, ahora sus ojos delineaban el cuerpo tendido del castaño y sus deseos por poseerlo se incrementaron. - eres tan hermoso, no puedo quitarte de mi cabeza Susu, así que serás mío.- finalizó antes de acortar la distancia ente sus rostros.

El beso se tornó suave y lento, el pelinegro exploraba la cavidad de su victima minuciosamente, tratando de contener sus salivas por mas tiempo, es que se le hacia reacia la idea de separarse. Por su parte Junsu no se negó, sabia que el otro hablaba en serio, y juzgando por lo que tenia en su mano no quería hacerlo enfadar; sin embargo las lagrimas aun seguían descendiendo por su piel, los temblores no lo abandonaban, el miedo crecía cada vez mas. Los segundos pasaban lentos y el pelinegro no quería apartarse, solo la inoportuna falta de aire le obligo. Eternos segundos en los cuales en las pupilas del pelinegro lo único que se reflejaba era la figura de un angustiado Junsu que trataba de coger el aire necesario para continuar respirando.

-Junsu, no deseo hacerte daño…-tragó en seco preparado para lo que venia, observaba como detenidamente el otro tomaba una amarra y la acercaba a su boca, no produjo quejido, la navaja cerca de su mejillas se lo prohibía; sintió como la tela se adentraba en su boca y le impedía gritar, un nudo atrás de su cabeza y ya estaba inmovilizado, ahora tampoco tenia derecho a hablar.

-hoy es un día muy especial Susu…-repetía incansable mientras el cuchillo recorría su camisa, merodeaba por todo el cuerpo del castaño que mantenía los ojos cerrados, aglomerando las miles de sensaciones que lo acosaban en ese instante al sentir el arma blanca recorriendo su cuerpo.- “Día de san Valentín” donde los enamorados celebran en la alegría con que el amor los dota, ¿Sabes por que se celebra?...-el castaño negó con la cabeza.-es un día en conmemoración a la muerte de Valentín, un obispo de Ínter Hamah, quien invitaba a las parejas de novios en secreto para unirlos en matrimonio…-el filo lentamente comenzó a desgarrar la blanca camisa, primero cortando los botones, luego destruyendo las alineaciones de tela hasta que formen tiras, finalmente removiendo completamente la prenda y dejando expuesto el torso del castaño, quien no sabia como hacer para detener el llanto.

Sus labios desfilaban por esa piel lamiendo a su antojo, degustando la tersa piel que solamente ese joven podía tener, la piel de los Ángeles. El cuchillo fue depositado sobre el buró, sus manos comenzaron a colarse bajo el pantalón de Junsu, masajeando lentamente la piel que iba palpando.-esa fue la razón por la cual el emperador lo encarceló. Mientras Valentín estaba en la cárcel se enamoro de la hija ciega de su carcelario, a quien le devolvió la vista, y en vísperas de su muerte le escribió una carta pidiéndole a la bella joven que siempre se mantuviera cerca de Dios. La firmó como “De tu Valentín” y luego de eso fue ejecutado.-sus manos por fin encontraron su objetivo, el castaño se retorcía tratando de cancelar aquellas acciones, desesperado al pensar en lo que le sucedería.-por eso, como ya sabes, los enamorados en su memoria en este día deciden enviar regalos y mensajes de bienaventuranza para sus enamorados, ¿Puedes creerlo? El 14 de febrero de cada año festejamos la muerte de un santo… del patrono del amor.-

Tomó delicadamente el miembro del castaño y comenzó a acariciarlo lentamente, procurando darle placer a su victima. Junsu no podía ocultar que eso era placentero, sin embargo continuaba forcejeando.- por mi parte prefiero omitir la historia…-una mágica sonrisa usurpando su rostro, miraba al castaño enternecido, cesando el movimiento de su mano y sacándola de ese lugar para acercarla al rostro de Junsu e iniciar las caricias en sus mejillas…- solo quiero festejar el día del amor, con la persona que amo, porque para mi esto no es solo un fuerte inclinación emocional, ni un principio de Cosmo como llaman los hindúes, y mucho menos un impulso deseoso sexual, yo te amo Junsu… es un sentimiento tan poderoso y sublime que podría absolutamente contra todo.- la expresión del castaño se relajo completamente, una sonrisa desfilo por debajo de la amarra, sus movimientos cesaron. Y sorpresivamente las carcajadas lograban escapar de su garganta aunque con dificultad a causa de la tela que apresaba su boca.

¿Qué sucede aquí?

-no sirvo para esto cierto?...-una mueca divertida irrumpió en la comisura de su labio, miraba al castaño con vergüenza, sin pensarlo dos veces aparto la amarra de la boca del castaño, el que mantenía un enternecedor puchero y lo miraba con reproche…

-lo estabas haciendo bien… porque te detienes?...-seguía con la sesión de enternecedores berrinches que solo sacaban de su espectador sonrisas sin retorno, esas que el viento dilata en las sombras como fieles espectros de sus incontables sentimientos.

-nunca podría hacerte daño Susu, ¿Por qué quieres que haga esto? No le veo el sentido…- susurraba contra la piel del cuello de Junsu, besando esa zona con amor y ternura infinita, palpando con sus manos esa piel que tanto desea.

-es nuestro primer día de los enamorados, ya a pasado un año desde ese 14 de febrero en el cual me confesaste tus sentimientos… había que celebrarlo de una manera diferente no te parece? Y si… soy masoquista.- las carcajadas se perdían en la habitación, Junsu reía con ganas infinitas, el estar haciendo eso lo divertía de sobremanera ¿A quien se le ocurre simular un secuestro? Solo a el. De inmediato sus rostros se acercaron hasta fundirse en un sensual beso, donde ambas lenguas exploraban esa cavidad tan conocida para ellos, disfrutando del dulce sabor que sus labios despedían.

-todavía no logro entender como es que accedo a tus locuras, ¿no te bastó con jugar a policía y ladrón en tu cumpleaños?...-rió ante lo absurdo de sus palabras, realmente su niño era único, esas locuras solo se le ocurrían a el.

-no… quiero que seas rudo, siempre presentas ese carácter pasivo y tierno, me tratas con tanta delicadez que a veces haces que piense que soy una mujer, no me gusta sentirme así…-giro el rostro a un lado ofuscado.

-mi vida… por mas que quiera no puedo tratarte así, eres frágil como el cristal y tengo miedo de que te rompas en mis brazos, también eres mas suave que un pétalo de rosa ¿Cómo crees que podría presentar una actitud sádica con una divinura?...-tomó el rostro del castaño con ambas manos e hizo que lo mirara fijamente…-te amo Junsu…-

-podría jurar que te ves mas tierno que yo…-refutó entre sonrisas…-también te amo, ahora y siempre chunnie…-juntó sus labios.

Ya nada interesaba, ni las ideas masoquistas de uno, ni el remordimiento del otro, solo había espacio para el amor y la entrega. El pelinegro apresó el cuerpo del castaño entre sus piernas, ahora se encontraba sobre el disfrutando de sus labios. Los jadeos escapaban de sus bocas, el sudor cubriendo sus cuerpos, la pasión apropiándose de ellos. Repentinamente el pantalón de Junsu cayó al suelo, esa sonrisa picara contoneando sus labios, el dolor aun rodeando sus muñecas.

-no… no lo hagas, así esta bien…-dijo antes de que Yoochun apartara las esposas.

-como tu quieras…-el dolor en su entrepierna se intensificaba a cada segundo y pudo notar la excitación de su pareja al ver la erección del castaño que resaltaba bajo la ropa interior; así que sin rodeos apartó la totalidad de la tela sobre su cuerpo para quedar desnudo frente a Junsu que lo miraba lascivamente.

Los gritos se intensificaban más y mas a medida que Yoochun masturbaba sus sexos, la fuerza que Junsu ejercía sobre las esposas al tironear producía un exquisito placer que obtenía paradójicamente del dolor, la satisfacción en sus rostros no tenía comparación, estaban totalmente extasiados. No se hicieron esperar los gritos en el momento en que los dedos del pelinegro invadieron su cavidad anal, y menos aun cuando el castaño sintió la boca de Yoochun apresar su erección, una sensación delirante que solo el podía ofrecerle. Los minutos pasaban lentos, saboreaban cada palabra, gemido, susurro con lentitud, cada vez que sus cuerpos se adentraban en esa sensual danza era diferente, cada vez se iba mejorando ya que se deseaban con mayor intensidad al día anterior, esa era su relación. Más de un año conociéndose, amando al otro hacían que esas entregas no tuvieran límite. Esperando ansiosamente que así fuera por el resto de sus vidas. Sin restricciones.

Finalmente Junsu sintió como el sexo de Yoochun se enterraba en el, el dolor punzando, sus paredes internas contrayéndose, los gritos escapando sin tapujos de su garganta. Inmediatamente sintió como los labios del pelinegro lo apresaban en su dulzura, retenían su atención hasta que el dolor se esfumaba y el placer lo invadiera. Los simples y a la vez profundos “Te amo” seguían propagándose sin control, mágicamente jamás se cansaban de recitar esas palabras, porque lo añoraban, porque lo sentían.

Las embestidas comenzaron lentas, entraba y salía de la estrechez de Junsu una y otra vez, se relamía los labios por estar invadiéndolo de nuevo como tantas veces, y es que jamás se cansaría, quería disfrutarlo por el resto de sus días, una y otra vez, sumergiéndose en el arroyo de la locura desenfrenada. A medida que profundizaba las estocadas de dedicaba a acariciar la erección del castaño que mantenía las manos apresadas por las esposas.

Y es que esa entrega no tenía límites, sus miradas se perdían a trabes de una gasa de polvo inquieta, que los arrancaba del mismísimo suelo y los transportaba a lugares insospechados, en los cuales flotaban con la mágica niebla en átomos leves. Y pues afuera en la oscura noche, mirando en el fondo del oscuro cielo, podían distinguirse las estrellas quienes brillaban y temblaban como ardientes pupilas de fuego al contemplar tanto amor. Porque adonde brillaban no importaba, se anegaban en su luz y se fundían en cada beso. Porque ni así podría creerse, una duda rondaba en esa habitación ¿Acaso tanto amor? Si… esas demostraciones solo dicen que algo divino llevan adentro…su amor.

Un ultimo gemido escapó de sus bocas al sentirlo, un exquisito orgasmo que nublo sus visiones por un instante, el sentir como Yoochun se derramaba en su interior, llenando su cavidad con el caliente liquido le hacia perder la noción de la realidad, nada podría contra eso. Busco desesperado sus labios, deseaba perderse en ellos. El pelinegro salió de su interior e inmediatamente tomó una pequeña llave del buró sin separarse del beso. Sus entrecortadas respiraciones provocaron su alejamiento, Yoochun liberó las manos del castaño para que este se recostara sobre su pecho.

-mira como están tus muñecas…-bufó molesto para luego pasar su lengua por esa zona y remover la seca cantidad de sangre que lograba percibirse.

-siempre tan atento cariño…-rió.- fue fantástico, aunque me gustaba mas la idea del látigo…-el pelinegro removió sus cabellos mientras ambos reían, de un momento a otro la oscura mirada de Yoochun se detuvo en las agujas del reloj que marcaban las 23:55.

-el Día de san Valentín está apunto de acabar.-el castaño se acomodo mejor entre sus brazos, ambos escasamente tapados por las pálidas sabanas de hotel.

-hace exactamente un año que estamos juntos amor.-depositó un casto beso en la comisura de los labios del pelinegro.-un año de pura felicidad.- Yoochun miraba la nada, buscando hermosas palabras que pudieran describir a la persona que tenia entre sus brazos.

-Junsu…hoy quiero hablarte otra vez del amor que sube en mi corazón como la luz del día…-el castaño hundió su rostro en el cuello del mayor, escuchando ansioso recitar al alma poética de su pareja.-ese mismo sol que de una manera u otra agita sus rayos como látigos para activar nuestras almas y unirlas. Y solo tu dicha es mi voluntad, esta se doblega ante tu deseo y hermosura, porque otra vez estas desnudo frente a mi, porque otra vez te remueves en mis brazos como ayer, porque tu piel tiene el gusto pálido de los higos de la barbarie; porque veo que el día te corona de oro, y de guirnaldas lo hace la noche Susu. –comenzó a aspirar el aroma de los cabellos de Junsu…-siento tu ligero y dulce olor a violetas, acaricio la curva singular de tus caderas, saboreo dulcemente tu boca de rosa, oigo tu voz que me recuerda a algo sin explicación, es como el concierto de los Ángeles, por eso me gusta cuando me cantas por las noches. Y estas aquí Junsu, acabamos de entregarnos a lo que sentimos, y te tomo por entero, tu boca en mi boca como antes, como ahora y como siempre.-

Con sus manos tomó el rostro del castaño que aun seguía escondido en su cuello, miró sonriente las minúsculas lágrimas que escapaban de esas orbes de ensueño, las removió con sus labios, este solo sonrió.

-te amo Yoochun.-

-feliz san Valentín amor.-…buscó sus labios.-…el primero de muchos mas…-

Musitó antes de entregarse nuevamente a esos labios que le hacían experimentar una sensación de inefable bienestar, que lo rodeaba en su esplendor y lo adentraban en el paraíso…


Fin…


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2 ♥Comentarios♥ :

Kona dijo...

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah
que bello el YooSu
lo amo lo amo loa amo............

Junsu es un completo pervertido xD
y yoochun tansexy y tierno
que amor n__________________n

esta super bello

~SHJ~ dijo...

:j lo volvi a leer!!!
ese Junsu todo masoquista
queria q le den con el latigo xDDD
pero asi y todo Yoochun no puede vivir sin el XD

:a   :b   :c   :d   :e   :f   :g   :h   :i   :j