25 jul. 2009

Don't knowing (one-shot)

Titulo: Don't knowing {Molla}
Autora: Liv
Canción: Molla de Maydoni
Pareja: Yoosu, Jaeho
Género: Songfic, Romance
Longitud: One shot
Resumen: ....Y por primera vez en los tres años que llevaban frecuentando el café, te rehusabas a dejarlo.



No lo sabías aún, pero ese día no sería como cualquier otro y no precisamente porque esa mañana comenzaste levantándote del lado equivocado de la cama, no, no creías en supersticiones pero extrañamente no había comenzado para ser tu día favorito del año.

Como pudiste con los ojos aun entrecerrados del sueño caminaste descalzo hacia la puerta del baño y dolorosamente golpeando la punta de tu pulgar con uno de los muebles que adornaban la habitación, las pantuflas azules que tu mejor amigo te regaló en tu cumpleaños pasado solo te miraron pasar pues amas el contacto helado que hacen tus desnudos pies con el suelo de madera.

Ignorando la sensación de dolencia continuaste y en el camino te deshiciste de tus pijamas dejándolas caer sin la menor importancia en el piso quedando solo en ropa interior -es por eso que te agrada vivir solo-, giraste la perilla de la regadera y lentamente el ambiente se torno opaco con el vapor del agua caliente, al parecer no te agradaba mucho empezar con una ducha de agua caliente pero debido al clima lluvioso no te quedaba otra opción si es que no querías enfermar. Recordaste lo que tu jefe te dijo la última vez que faltaste al trabajo una semana completa por un resfriado así que desechaste la idea y te introdujiste debajo de la cascada tibia cubriendo todo tu cuerpo a su paso. Soltaste un suspiro de relajación, no era tan malo, pensaste, sin embargo preferías sentir un chiflón congelado chocando contra tu piel, siempre fuiste así.

Después de unos minutos más que parecieron ser eternos para ti descolgaste la toalla acolchonada de la orilla de la regadera y la amarraste a tu cintura, tomaste otra más para secar tus cabellos y frotaste tus pies en el tapete para evitar caminar húmedo.

Nuevamente en tu habitación te dirigiste a escoger algún atuendo casual para sobrevivir el día, no buscaste mucho cuando elegías pues simplemente estarías en la comodidad de tu propio hogar y agradeciste al cielo por el domingo alejado de responsabilidades y jornadas de trabajo. No es que odiaras lo que hacías, simplemente que como cualquier ser humano necesitabas un descanso de vez en cuando.

Deslizaste los pantalones de mezclilla por tus piernas hasta abotonarlos a la altura de tu cadera, en ese momento la cama comenzó a vibrar y tu vista se enfocó hasta el artefacto del que provenía el tumulto. Antes de contestar echaste un vistazo a la pantalla y soltaste una risita de complicidad, con tu pecho aún descubierto tomaste la llamada.

“Yoochun ah~” Te sentiste cómodo escuchando su voz, después de todo era tu mejor amigo.

“Déjame adivinar, Yunho salió nuevamente por negocios” Fingiste un poco la voz para sonar indignado aunque tu ambos sabían que solo era una broma.

“¿Acaso no puedo solo querer ver a mi mejor amigo?” Te respondió el mismo tono indignado que usaste antes.

“Jaejoong Hyung” Lo presionaste un poco más.

“Esta bien, esta bien, me atrapaste” Y tú lo sabías desde un principio como el buen amigo que eras.

“Entonces yo soy solo tu plan de respaldo ¿cierto?” Seguiste con tu broma soltando una risa.

“Chun ahhhh”

“Bien bien, me termino de vestir y nos vemos ¿Qué te parece eso?” Terminaste cediendo a su capricho, pero para eso son los amigos, especialmente si era Jaejoong con quien prácticamente habías crecido desde el jardín de infancia. Todos se sorprendieron cuando Jaejoong anunció su noviazgo con Yunho, pues la mayoría podría jurar que ambos terminarían juntos como desde el inicio, pero no fue así, simplemente no compartían ese tipo de amor, si no uno más fraternal.

“Bien, te veo en el café de siempre, byebye” No espero tu despedida de regreso y colgó, no esperabas más.

Metiste tu celular a uno de los bolsillos del pantalón y terminaste de colocarte tu camiseta, nada ostentoso, solo una polo amarilla plana. Cuando ya te habías puesto tus zapatos y peinado tus cabellos estabas listo para partir así que con las llaves en tus manos partiste a ver a Jaejoong.

“Yoochun, por aquí” escuchaste y viste como Jaejoong te guiaba hasta su mesa con una mano en el aire. Le sonreíste y dándole un abrazo en señal de su amistad tomaste asiento frente a el.

“Entonces, ¿Al fin Yunho se dio por vencido contigo y te dejó?” Le preguntaste para molestarlo, así es como ambos jugaban el uno con el otro.

“Ja, al menos yo tengo alguien que me soporta” Se defendió de tu ataque al mismo tiempo que hacía un puchero manteniendo sus brazos cruzados sobre su pecho. Pensaste en un nuevo ataque, pero alguien los interrumpió.

“Buenos días, ¿Qué van a ordenar?” La melodiosa voz retumbó fuertemente en tus oídos.

Me rio libremente, cuando te veo pensar,
siento como si el mundo fuera mio
incluso cuando camino solo, ya no estoy solo
solo con la imaginación, mi corazón se conmueve profundamente

Giraste tu rostro para observar al dueño de la voz y detrás de ti estaba parado el ser humano más bello existente en la faz de la tierra, al menos para ti, y si es que en verdad era humano, ¿o podría ser que seguías soñando en tu cama y nadie te había despertado?

El codazo de Jaejoong te trajo de vuelta a la realidad y te diste cuenta de que no estabas soñando. Pero tú simplemente seguías observando al joven que seguramente estaba pensando en lo raro que te veías con tu rostro anonadado y vagando en algún otro mundo que nadie de seguro conocía.

“Un mocacchino doble y una rebanada de tu mejor pie de queso, por favor” Jaejoong se adelantó a ordenar cansado de esperar que despertaras de tu trance.

“Uhh… lo mismo, por favor” Vamos, ni siquiera sabías lo que era un mocacchino, pero fue lo primero que se te ocurrió para salir del incómodo momento.

“Enseguida” Les dedicó su mejor sonrisa y corrió detrás del mostrador para preparar sus encargos. Lo seguiste con la mirada pero sentiste una mirada más fuerte y al encontrarte con los ojos de Jaejoong encontraste tu respuesta.

“¿Qué?” Le preguntaste sorprendido y éste solo soltó una risita en tu rostro.

“Es nuevo supongo” Te respondió con naturalidad y sentiste ganas de golpearlo.

“Gracias, eso explica porque nunca lo habíamos visto antes” Usaste un tono de sarcasmo. Claro que era nuevo, llevaban más de tres años visitando ese mismo café y por demás reconocían los rostros de los empleados.

Volviste tu mirada hacia el mostrador pero el mesero ya no se encontraba allí, inclinaste un poco la cabeza para ver si podías tener una mejor visión, tal vez hacia la cocina.

“¿Buscaba algo?” Su voz te sorprendió hasta saltar un poco en tu asiento y juraste que luego en verdad golpearías a Jaejoong por reírse de ti. “Aquí tienen” el joven colocó ambas tazas y platos frente a ustedes. Te preguntaste como es que no te percataste que estaba tras de ti nuevamente.

“Junsu” Escuchaste como llamaron al mesero desde el mostrador y te diste cuenta que era su nombre porque volteó al instante. Les dedicó nuevamente una sonrisa y de dispuso a retirarse silenciosamente de la misma forma en qué había llegado.

“Espera” se detuvo.

“¿Si?” esperó por tus palabras, pero no sabías en un principio el porque lo habías detenido.

“Gracias” Asintió sonriente y continuó su camino. En ese momento maldijiste tus impulsos.

El resto de su conversación giró en torno al tipo de flores que habrían de escoger Yunho y Jaejoong para su boda. No pudiste evitar sentir celos, pero felicidad al mismo tiempo. Sin embargo, tu concentración y tu vista estaban en otro lugar del lugar.

Y por primera vez en los tres años que llevaban frecuentando el café, te rehusabas a dejarlo.

&&&&&

¿Hoy en qué ropa, con qué expesión
te veré?
solo por un momento el tiempo de detiene
esta persona parece no verme ahora

El lunes despertaste abriendo los ojos completamente, y no poco a poco como siempre lo hacías, cuando no esperabas más de la vida que te pagaran tu sueldo y ver un buen partido de basketball en televisión. Esa mañana no, no, porque habías soñado con un ángel que había bajado a la tierra para convertir tus días en ilusiones vestidas de felicidad.

Repetiste tu rutina matutina de higiene y desayunaste algo ligero solo para alimentar tu estómago, no necesariamente porque tuvieras hambre.

Saliste hasta tu auto y encendiste el motor, nuevamente se reanudaba el trabajo y tratabas de pensar en que tipo de artículo deberías escribir esta vez, aunque fuera el tema que fuera, todos sabían que estaría bien redactado, bien estructurado y cimentado, no por nada eras el editor en jefe de la revista Mirotic.

Aún faltaba media hora para tu hora de entrada, siempre te había gustado ser puntual y por demás exigente con los tiempos, excepto que esa vez giraste el volante y te saliste del camino habitual hacía la revista.

Al pasar frente al local bajaste un poco el cristal para tener mejor visibilidad de él. Allí estaba, limpiando al parecer unas cuentas mesas y su rostro seguía como el día anterior, angelical. Solo quisiste cerciorarte de que no había ido a ningún lugar. Con eso diste vuelta al vehículo y retomaste tu vía.

Nunca te había pasado, amabas escribir casi tanto como el frío, e increíblemente al poner un pie dentro de la empresa tus pies se hicieron de plomo y pensaste en la monotonía en que habías convertido tu vida. Seguiste adelante como el hombre responsable que eras y al instante varios de tus colegas te rodearon, no era extraño, pues todos querían que sus artículos fueran publicados en el número del mes y quién mejor que tu para revisarlos y darles la aprobación necesaria.

Leíste al menos 5 artículos cuando tu vista comenzó a pesar, retiraste los lentes de tu nariz y los dejaste descansar en el escritorio al mismo tiempo que masajeaste el puente de tu nariz. Ser editor no era fácil, y un hecho curioso era que no conocías ni a un cuarto de las personas que trabajaban contigo, pero ellas a ti si. No es que fueras un antisocial, te decías a ti mismo, pero en realidad parte de eso había de verdad. Quizás era por miedo, miedo a que te rechazaran por ser diferente, porque sabías que la fachada de amabilidad que sostenían frente a ti, era eso, una mera fachada.

como puede ser que te ame, no lo sé
como es que te amo, no lo sé
por qué mi corazón late rápidamente, no lo sé
qué me hiciste
cómo es que te ame, no lo sé
para amarnos el uno al otro
sería lindo tener exactamente el mismo corazón

Finalmente fuiste libre para marcharte al rededor de las nueve de la noche, tu horario terminaba a las ocho, pero siempre te requieren en el último momento, gajes del oficio.

En el auto pensaste en llamar a Jaejoong, pero reflexionaste casi al instante, si él no te había llamado, Yunho estaba en la ciudad. No tenía caso interrumpir a los tortolos.

De repente tu expresión cambió, sonreíste de medio lado, casi siniestramente y pisaste el acelerador y condujiste hacia el santuario del ángel, solo que tu semblante desapareció cuando recordaste la hora que era y lo imposible que debía ser que el café continuara abierto a tal hora.

Y justo como lo predijiste, no había nadie, el lugar ya estaba vacío. Te decepcionaste mientras te dirigías a tu departamento ¿Qué esperabas? Te preguntaste, obviamente el lugar ya estaba cerrado. Al llegar al estacionamiento del edifico departamental bajaste del auto y caminaste hacia la acera, allí encendiste un cigarrillo deleitándote del tabaco llenando tus pulmones de ese humo mortal. Que mas daba, igual si morías, pensabas que a nadie le importaría, no te quedaban familiares que se preocuparan por tu salud.

Te encontrabas recargado en la pared de la entrada inhalando tu hábito cuando escuchaste una voz muy familiar. Giraste tu cabeza para saber de dónde provenía y al dar la vuelta a la esquina divisaste el parque que lucía tenebroso de noche. Tiraste lo que quedaba del cigarrillo y te acercaste hasta unos arbustos que te separaban de dos personas en la oscuridad. Tu vista no era muy buena, es por eso que siempre usabas lentes para leer. Pero si tu visión no era sana, tu mente tampoco lo era porque juraste que una de las figures era el ángel, tú ángel.

Junto a el estaba otro hombre, su piel era más oscura y mucho más alto que el mesero. Y Junsu ya no estaba sonriendo –por supuesto que ya te habías prendido su nombre-, te diste cuenta que el otro joven era el culpable por su expresión.

“Junsu” Habló el moreno, te hirvió la sangre de escucharlo pronunciar su nombre.

“Déjame, por favor” Observaste como una lágrima rodó por su mejilla y estabas dispuesto a salir de tu escondite cuando el otro lo ignoro y lo tomó por el brazo.

“¿No lo escuchaste? ¡Que lo dejes tranquilo!” Ambos lucían sorprendidos de verte allí, primero porque uno no te conocía en lo absoluto y el otro porque solo te había visto una vez pero no te importó

“Es un asunto privado” Te respondió el alto mientras volvía a sujetar a Junsu del brazo.

No pudiste contener tu furia, te sentiste asqueado de ver como apartaba al pequeño por la fuerza. Finalmente lo golpeaste, duro y seco en el rostro, ese solo puñetazo lo mandó directo al suelo, y éste tocó su labio para limpiarse la sangre que escurría por la comisura de sus labios.

“Detente por favor” el mesero abrió sus brazos colocándose entre tú y el caído en una acción de protegerlo, o eso era lo que tú creías.

Lentamente te calmaste y tu respiración volvió a la normalidad. Sentiste como Junsu te tomó por la muñeca y te encaminó lejos de aquél lugar. Pero antes de marcharse el alto intentó llamarlo nuevamente.

“Junsu” fue casi como una súplica.

“Lo siento Changmin” Le escuchaste decir y aunque no conocías la situación, también lo sentiste por el joven.

Fuiste guiado lejos del lugar aún con su mano sujetando la tuya y por un momento sentiste estar flotando entre nubes. Ninguno dijo nada hasta que el más bajo se detuvo y sus ojos encontraron los tuyos intentando buscar alguna palabra, alguna frase que no se perdiera en el viento.

Esas palabras que quiero escuchar
sin siquiera una, mientras nos vemos el uno al otro,
Esas palabras sosteniendome
aún, nuestros corazones parecen esconderse
guardando nuestros corazones, las palabras no pueden hablar

“Gracias” Soltó tu mano dejándola libre y sin más se dio la vuelta y movió sus pies.

“Espera” Lo detuviste, y esta vez no fue un mero impulso. Querías conocerlo. Querías saber todo de el, quererlo y amarlo. “¿Puedo llevarte a casa?” Preguntaste casi como una invitación a pasar la noche juntos compartiendo sus almas.

“Vivo cerca” aún en el estado en que sabías se encontraba sacó una sonrisa, pequeña, pero en fin sonrisa.

“Ya veo” Tus ojos chocaron con el pavimento y no supiste como amenizar el momento.

“¿Quieres venir conmigo….” Casi se te salió el corazón y asentiste rápidamente con la cabeza.

“Yoochun” Le mencionaste tu nombre.

“Junsu” Se presentó de igual manera y tú solo fingiste que no lo habías escuchado antes.

“Yoochun…” Probó decir y te gusto escuchar tu nombre en su voz. “¿No vienes?”

Te habías perdido en el sonido de su voz que no te diste cuenta que casi lo perdías de vista. Te pareció un poco raro que invitara a un complete desconocido como tú, pero tampoco estabas loco para declinar su invitación, te sentiste contento de que sintiera confianza y al mismo tiempo agradecías que fueras tú y no un pervertido que pudiera aprovecharse de su hospitalidad y de su pureza.

Pasaron unas cuantas horas charlando y bebiendo té en su departamento, en realidad era lindo y justo como querías conociste un poco más sobre él. Se impresionó mucho cuando supo que eras el editor de una revista tan prestigiada como Mirotic y cuando soltó una risita pensaste que no había nada más encantador

Lo notaste cansado al fin y decidiste que era tiempo de marcharte, punto a favor ya conocías su hogar y no pretendías que pasara mucho tiempo antes de volver allí.

Te acompañó hasta la puerta con un poco de tristeza alegando que se estaban divirtiendo mucho. Sentiste ganas de quedarte toda la vida, pero si pasabas allí otro minuto más no serías capaz de salir.

“Junsu”

“¿Hm?”

“¿Quieres salir conmigo?” Al fin le preguntaste y sentiste un gran alivio en tu pecho pero tu corazón se oprimió al esperar una respuesta.

Sus labios se posaron sobre los tuyos y respondiste a tiempo para compartir un beso. Era todo lo que necesitabas.

Nunca creíste en el amor a primera vista, ni siquiera creías en el amor, pero todos comenten errores.

Sabiendo que también te amo (no lo sé)
Sabiendo que (no lo sé)
también me amas, conozco tu corazón

Como es que te amo, no lo sé


No lo sé.

Solo lo sé.

1 ♥Comentarios♥ :

YooBin dijo...

Ay que lindo el fic....
lo mas lindo es que el YunJae se casa xD
me encanto la historia
y la canción tambien
muy lindo n_______________n



Mirai te quiero.....

:a   :b   :c   :d   :e   :f   :g   :h   :i   :j